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miércoles, 10 de junio de 2026

«ASI ESTUVO la JUGADA: el TITÁN CONVEN$IÓ al ÁRBITRO JUEZ del ACORDEÓN de estar GRAVEMENTE ENFERMO y en VEZ de MARCAR PENAL…lo SACÓ del PENAL»… directo al hospital como prisión.


En la cancha grande del poder judicial mexicano, donde el silbatazo lo marcan los de toga y los patrocinadores juegan desde la sombra, se acaba de firmar otra jugada de manual: de esas que no salen en la repetición oficial, pero que todo mundo vio.

El protagonista en este partido no es delantero ni defensa, sino un juez federal que, con un toque fino —de esos que huelen más a arreglo que a talento—, mandó a la banca la prisión preventiva de José Antonio Cortés Huerta, alias “Titán”. Sí, el mismo que levantaba 280 kilos como si fueran plumas… y que ahora, curiosamente, no pudo cargar ni con su propia salud tras caer al penal.

“Titán”, fisicoculturista de vitrina, influencer del músculo y —según el scouting federal— operador de una célula ligada al huachicoleo bajo la sombra del Cártel del Noreste, pasó de presumir bíceps en redes a recetar diagnósticos de alto riesgo. Que si problemas cardiacos, que si rabdomiólisis, que si insuficiencia renal tocando la puerta. Un cuadro clínico digno de tiempo extra… o de cambio urgente.

Y ahí es donde entra el árbitro vendido del encuentro: el juez Mario Melo Cardoso, quien no dudó en marcar penal a favor del acusado, como lo ha hecho con muchos mas. Suspendió la prisión preventiva en cancha dura (el penal) y la trasladó a terreno más cómodo: un hospital. Camilla en lugar de celda. Bata en vez de uniforme naranja. Juego suave.

Porque aquí el VAR no revisa, y si lo hace, ya viene editado.

Mientras tanto, el expediente de “Titán” no es cualquier cosa:armas de uso exclusivo del Ejército, dinero en efectivo, vehículos, droga, computadoras… y hasta siete tigres, como si estuviéramos narrando un zoológico criminal con patrocinio de alto calibre. Todo esto lo colocaba, según autoridades, en la media cancha operativa del huachicoleo, conectado con figuras como Roberto Blanco Cantú, “El Señor de los Buques”, pieza clave en la liga del combustible ilegal que también jugaba en la cancha del gobierno y los militares.

Pero en este torneo, el físico importa menos que las conexiones. Y el músculo real no está en el gimnasio, sino en la cartera y en los contactos.

El traslado al hospital no es solo una medida médica: es una jugada estratégica que baja la intensidad del partido, enfría la presión y, de paso, abre la puerta a futuros movimientos. Porque en esta liga, cuando un jugador sale lesionado, rara vez regresa a la misma cancha.

Y mientras la afición —léase, la ciudadanía— sigue esperando un juego limpio, el marcador no cambia: impunidad 1, justicia 0.

Nos dijeron que esto ya no pasaba. Pero el torneo sigue, y los mismos de siempre siguen controlando el balón… y al árbitro.

Con información: ELNORTE/

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