Ayer le levantaron el cofre al garaje patrimonial y lo que salió no fue un Tsuru parchado, sino un Rolls-Royce con motor V12 y cero kilómetros de austeridad. Resulta que en 2020, mientras despachaba como Fiscal General, se dio el lujo de pisar el acelerador y pagar al contado un Rolls de 2.7 millones de pesos. Nada de financiamiento, nada de mensualidades: puro torque financiero, como quien ni siente el golpe en la cartera.
Pero el Rolls no viene solo, porque esto no es un coche, es toda una flotilla de lujo. En su declaración ante la Secretaría Anticorrupción y Buen Gobierno, el garage inmobiliario suma 13 propiedades. De esas, tres están en la gama premium, arriba de los 40 millones, como si fueran ediciones limitadas con interiores en piel y acabados a mano. Y para completar el combo, un departamento en Manhattan, porque claramente el estacionamiento no podía quedarse solo en territorio nacional.
En accesorios tampoco viene austero el modelo: relojes y joyas por más de 18 millones y arte por otros 8. Puro equipamiento de alta gama, como si cada pieza fuera un sistema de sonido bespoke o un tablero incrustado con madera de nogal.
Ahora, si hablamos del sistema financiero, ahí sí estamos frente a un tablero lleno de indicadores: 15 cuentas bancarias repartidas como concesionarias internacionales. Dos en España —en euros, por supuesto—, una en Estados Unidos, otra en Suiza (porque todo Rolls necesita su versión blindada), y 11 más en México. Algunas a nombre propio, otras bajo el cofre de razones sociales como Desarrolladora del Centro o Algerman Inmobiliaria. Nada fuera del manual… o al menos eso diría el brochure.
Y como buen vehículo de lujo, también trae sus pequeños “detalles de agencia”: dos adeudos en American Express, uno casi simbólico de 413 pesos —como dejar el tanque a medio llenar— y otro de más de 75 mil. Además, un crédito hipotecario de 576 mil dólares que viene rodando desde 2008, como esos modelos que siguen circulando porque el motor aguanta.
En cuanto al origen del parque vehicular… perdón, inmobiliario, la mayoría llegó por herencia: 8 propiedades, varias desde que era prácticamente un copiloto de tres años. Otras dos por cesión y solo tres compradas directamente. Es decir, más que arrancar desde cero, heredó la llave del garage.
Hoy, ese mismo personaje ya no está en la pista nacional, sino estacionado en el circuito diplomático británico. El pasado 6 de mayo entregó credenciales en Buckingham, cambiando el asfalto mexicano por las avenidas de Londres, pero sin bajarse del vehículo de lujo.
Porque al final, esto no es solo una declaración patrimonial: es un Rolls-Royce en plena exhibición, donde el verdadero lujo no es el coche… sino la historia de cómo llegó a la cochera.
Con información: ELNORTE/

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