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lunes, 22 de junio de 2026

«ESPEJITO,ESPEJITO, ¿QUIÉN es la MAS BELLA del REINO ?: la «SEP del GOBIERNO DERROCHADOR se GASTÓ 15.3 MILLONES de PESOS en PULIR el EGO de FUNCIONARIOS»…y se llama desvío de recursos, aunque venga envuelto en facturas legales.

En la SEP a cargo del Secretario de Educación , Mario Delgado, no están educando, están puliendo egos. Mientras las escuelas públicas siguen parchándose con buena voluntad y presupuestos raquíticos, la burocracia decidió que lo urgente no es enseñar mejor, sino verse mejor. Sí, verse: 15.3 millones de pesos en cursos de coaching, negociación e “imagen personal”. Porque al parecer el problema de la educación en México no es estructural, es estético.

El dispendio es difícil de maquillar, incluso con todo el “coaching” contratado. Se trata de dinero público destinado a inflar habilidades blandas de funcionarios que ya cobran por tomar decisiones, no por practicar discursos frente al espejo. En cualquier lógica administrativa básica, el gasto debería responder a necesidades apremiantes: infraestructura, capacitación docente sustantiva, materiales educativos, conectividad. Aquí no. Aquí la prioridad es enseñarle a la burocracia a caminar como si supiera a dónde va.

La narrativa oficial intenta vender esto como “profesionalización”, pero la profesionalización no se mide en talleres de imagen ni en seminarios de negociación de PowerPoint. Se mide en resultados. Y ahí es donde el argumento se desmorona: no hay evidencia de que estos cursos incidan en el aprendizaje de los estudiantes, ni en la eficiencia institucional. Es gasto sin retorno público tangible, lo que en términos llanos se llama desvío de recursos, aunque venga envuelto en facturas legales.

Peor aún, el simbolismo es devastador. En un sistema educativo donde hay escuelas sin agua, sin electricidad o con techos a punto de colapsar, destinar millones a “imagen personal” no solo es frívolo: es una señal de desconexión absoluta entre la élite administrativa y la realidad educativa. Es la burocracia ensayando cómo parecer competente mientras el sistema que administra sigue fallando.

La metáfora es inevitable: están intentando convertir guajolotes en águilas a punta de coaching. Pero ni el mejor curso de liderazgo convierte la mediocridad estructural en excelencia institucional. Lo que se obtiene, en el mejor de los casos, es un guajolote con mejor postura y vocabulario más pulido. En el peor, un aparato que gasta en apariencia lo que debería invertir en sustancia.

Esto no es un exceso menor ni un gasto discutible: es una distorsión de prioridades. Y cuando el dinero público se usa para inflar la percepción en lugar de resolver problemas, deja de ser administración y empieza a parecer simulación.

Con información: ELUNIVERSAL/

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