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jueves, 25 de junio de 2026

«TOCAN a la PUERTA,ABRE y la MATAN: EJECUCION con MEDIA DOCENA de PLOMAZOS deja VER la FACILIDAD PASMOSA con que ASESINAN y ESCAPAN»…ya son 42,140 muertos a ritmo de 67 diarios.


En México ya no son casos aislados: una mujer abre la puerta de su casa en Pesquería N.L y cae acribillada, mientras el país acumula 42,140 homicidios en apenas 631 días de sexenio de un segundo piso del mismo gobierno de «cuarta».

La escena mínima del horror

En la colonia Las Haciendas, de Pesquería, dos hombres llegan de noche, tocan la puerta y esperan.

Cuando la mujer se asoma, le descargan al menos seis balazos y huyen como si solo cerraran un pendiente más en la agenda del crimen.

La víctima, de unos 40 años, queda tirada en la entrada de su propia casa, con blusa blanca, short gris y sandalias rosas: el atuendo cotidiano convertido en evidencia forense.

Los vecinos la conocían como “La Güera”; esa es toda la identidad que el Estado le concede de momento, porque ni siquiera ha oficializado su nombre mientras presume protocolos y “líneas de investigación”.

El ritual burocrático después de la ejecución

Tras los disparos, la colonia se encierra: nadie sale, todos escuchan y solo se atreven a marcar al 911 cuando el estruendo se apaga.

Llegan Fuerza Civil, Protección Civil, Ejército, ministeriales y peritos; un desfile de uniformes que solo sirve para acordonar la derrota.

Los paramédicos no tienen mucho que hacer: constatan la muerte, anotan la edad aproximada, describen la ropa, levantan casquillos, llenan formatos.

La Fiscalía habla de “protocolo de feminicidio”, “carpeta en integración” y “presunto sospechoso”; el vocabulario tecnocrático para maquillar que el crimen organizado atraviesa los municipios como si fueran su feudo.

La puerta de Pesquería, el país entero

Lo que ocurre en esa puerta de Pesquería no es una excepción; es el manual operativo de la violencia cotidiana.

En México, tocar la puerta de una casa ya puede ser una sentencia de muerte, y la estadística lo respalda con una frialdad obscena.

Según “La guerra en números”, en el sexenio de Claudia Sheinbaum ya van 42,140 homicidios dolosos, con un promedio de 67 asesinatos al día.

Son 67 personas diarias que no llegan a dormir a su casa, 67 expedientes más para un sistema que solo sirve para contar cadáveres y justificar conferencias de prensa sobre “reducción porcentual”.

El Estado que presume bajas mientras suben las balas

Mientras la Fiscalía de Nuevo León asegura que ya tiene “presunto sospechoso” en el feminicidio de Pesquería, otro funcionario saldrá a decir que los homicidios “bajan” en comparación con tal año, tal sexenio, tal corte.

Es la esquizofrenia oficial: un país que rebasa las 42 mil víctimas en menos de dos años, pero celebra que la curva “retrocede” en 25 estados como si la vida fuera un gráfico de PowerPoint.

La guerra en números convierte a la violencia en un scoreboard político: hoy 31 muertos, ayer 48, promedio 67; se lee como marcador deportivo, se digiere como nota breve y se olvida como si no estuviera construida sobre cuerpos.

En esa lógica, “La Güera” es solo una unidad más dentro del acumulado: una mujer ejecutada al abrir la puerta, útil para rellenar, por unas horas, la casilla de “feminicidio en investigación”.

Un país donde el crimen toca y el gobierno aplaude gráficas

La escena es brutal justamente por su sencillez: dos hombres tocan, disparan, huyen; nadie los detiene en el trayecto, nadie los intercepta después, nadie explica cómo pueden operar así bajo un supuesto Estado de derecho.

Pesquería, Juárez, todo Nuevo León, todo México: territorios donde la delincuencia organizada decide quién vive y quién muere, mientras el gobierno administra el conteo y presume “promedios a la baja”.

La cifra de 42,140 homicidios no es un dato técnico: es la confesión de que el crimen tiene más gobernabilidad que la presidencia, más presencia territorial que cualquier corporación, más eficacia que cualquier programa de seguridad.

Cuando matar se vuelve tan fácil como tocar una puerta a las 11 de la noche, lo irreverente ya no es la crítica: lo irreverente es seguir fingiendo que esto es un país en paz y con “estrategia”.

Con información: ELNORTETREASEARCH/

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