En Tamaulipas no se gobierna: Americo Villarreal y Morena administran el equilibrio entre complicidades incómodas para no caer antes de tiempo
La detención de Octavio Leal Moncada —“El Profe”, “El Tarzán”, líder de la columna armada Pedro J. Méndez— no solo sacudió a Santiago en N.L; volvió a poner sobre la mesa una pregunta que en el obradorismo se esquivaba y el Sheinbaumismo tampoco se responde: ¿quién opera realmente el poder territorial?
Porque aquí no estamos hablando de un actor marginal. Leal Moncada no era un simple jefe de autodefensas: era operador político con control en varios municipios clave y, según los propios hechos, pieza útil en la maquinaria electoral de 2022 que llevó a Américo Villarreal al poder. Traducido al español llano: votos a cambio de margen de maniobra.
Y entonces viene lo incómodo. Lo detienen autoridades federales, aparece en el Registro Nacional… pero el silencio institucional es ensordecedor. Omar García Harfuch, tan activo en redes cuando hay golpes mediáticos, esta vez guarda distancia. Ni foto, ni narrativa, ni victoria. Nada.
¿Estrategia o cálculo político?
Porque cuando el Estado actúa pero no presume, suele ser porque el detenido sabe demasiado o porque su captura desacomoda más de lo que conviene exhibir.
La reacción tampoco ayuda a disipar dudas. Unas 200 personas protestando en Hidalgo, sí, pero lo verdaderamente revelador no es la movilización, sino quiénes la encabezan: alcaldes de Morena, del Verde, del PRI y de Movimiento Ciudadano, todos coincidiendo en algo poco común en la política mexicana actual: defender al mismo personaje.
Eso no es pluralidad democrática. Eso es red de intereses.
Y mientras tanto, la narrativa oficial sigue vendiendo “humanismo mexicano” como doctrina de gobierno. Pero en el terreno —donde se ganan elecciones y se construyen lealtades— lo que parece operar es otra cosa: pragmatismo crudo, alianzas grises y estructuras que sobreviven sexenios cambiando de camiseta.
La pregunta ya no es si existe un “modelo Sinaloa” replicado en otras entidades. La pregunta es cuánto de ese modelo está normalizado dentro del sistema político actual.
Porque cuando alcaldes de todos los colores salen a defender a un líder armado con historial judicial, y el gobierno federal actúa sin explicar, el mensaje no es de autoridad: es de negociación en curso.
Y en política mexicana, cuando todos se callan, no es porque no sepan… es porque están midiendo cuánto les conviene hablar.
Con información: ELNORTE/

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