Cuando Donald Trump, Presidente de los EE.UU, dice que “México es uno de los países más corrompidos del mundo y es una pena”, no está descubriendo el hilo negro ni insultando por deporte: está verbalizando, a su manera , algo que los datos y los muertos llevan años gritando.
El punto ya no es si nos gusta el mensajero, sino que el mensaje describe un país donde la corrupción dejó de ser “malas manzanas” y se volvió el sistema operativo.
Periodistas, candidatos y funcionarios asesinados
La parte de que “han matado periodistas que estaban cubriéndolo” y “han matado a sus propios oficiales que estaban tratando de luchar contra el cartel” no es exageración: es la normalidad electoral mexicana.
Cada ciclo de urnas viene acompañado de ejecuciones de candidatos, desapariciones de operadores locales y ataques a reporteros que cubren lo que al poder —legal o criminal— no le conviene que salga.
Que un presidente de Estados Unidos especulé la Presidenta Sheinbaum que lo usa como munición política no invalida el hecho: en amplias zonas del país, informar, investigar o intentar aplicar la ley tiene costo de vida.

El narco no sólo “influye” en la política; la administra, la financia, la castiga y la premia.
Un presidente “instalado” en un sistema capturado
Cuando dice que “no le importa lo que diga que la presidenta de México” sólo está en esa posición porque «ha sido instalada».
México siendo dirigido por carteles toca un nervio real: la duda sobre cuánto del poder formal mexicano es genuina representación y cuánto es el resultado de pactos, dinero turbio y estructuras clientelares.
La palabra “instalada” funciona como metáfora brutal de algo que sí es verificable: el Estado mexicano opera, desde hace años, con niveles de captura por grupos de interés —legales e ilegales— que vacían de contenido la idea clásica de soberanía democrática.
No hace falta compartir el complot trumpista para admitir que una parte importante del poder en México no emana del voto libre, sino del control territorial, de la violencia y del financiamiento opaco.
“Si tuvieran un buen presidente, México no estaría dirigido por cárteles”
Aquí Trump simplifica, pero no del todo se equivoca en el diagnóstico de fondo: la sensación de que México “está dirigido por cárteles” no es solo percepción, sino experiencia cotidiana en regiones donde mandan más la plaza, el comandante local o el jefe de sicarios que cualquier autoridad constitucional.
Pensar que basta “un buen presidente” es ingenuo, pero negar que la presidencia y el aparato federal forman parte de esa ecuación de poder que nos lleva a otra de carácter politico y que explica lo que actualmente sucede.
Lo que su frase deja al descubierto es esto: si el centro político estuviera decidido a romper con la lógica de pacto con el crimen, el país no estaría como está.
No todo depende de un individuo, pero sí es cierto que ha habido presidentes que administran la convivencia con los cárteles en lugar de enfrentar la estructura que los hace posibles.
Con información: @redes/

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