La mañana explotó con una lógica tan básica como brutal: si en Sinaloa a toda acción política le corresponde una reacción, acá la respuesta vino en ráfagas de arma larga.
De la tribuna al quirófano en 15 minutos
El Diputado Sergio Torres Félix cuestionó en pleno Congreso la crisis de inseguridad y el cochinero financiero del gobierno de Sinaloa del morenista Rubén Rocha Moya, pidiendo números claros sobre deuda, pasivos y la incapacidad del estado para sostener salud, UAS y otros frentes.
Minutos después salió del recinto con Elizabeth Montoya rumbo a un vuelo a CDMX; a las 11:55, ya no estaba en la agenda parlamentaria sino en el parte de guerra: atacados a balazos en pleno Culiacán. El mensaje es quirúrgico: hablas de violencia y finanzas frente al secretario, y la respuesta no llega en oficio sellado, sino en calibre.
Estado fallido con escolta incluido
Ambos diputados de Movimiento Ciudadano terminaron en hospitales, con diagnósticos “delicados”, según el secretario de Salud estatal, que salió a administrar daños… pero sólo en términos médicos, no políticos. El escolta que los acompañaba también fue alcanzado por las balas, evidencia de que ni el blindaje institucional ni el físico sirven cuando quien manda en la calle no despacha en el Congreso. Mientras el gobierno presume operativos de búsqueda y captura, el dato duro es otro: un convoy pudo interceptar a dos legisladores en el centro de la capital sin que nadie lo impidiera.
Política bajo fuego cruzado
Torres Félix no es un desconocido del sistema: exalcalde de Culiacán, exfuncionario priista, hoy dirigente de MC en Sinaloa y ya visto como precandidato a la gubernatura para 2027. Montoya Ojeda es diputada emecista con trayectoria local y presencia en comisiones sensibles, justo el tipo de perfil que debería estar protegido por el aparato de seguridad, no en la lista de “daños colaterales” de la narcopolítica. Cuando actores con aspiraciones al 2027 empiezan a caer a tiros, esto deja de ser un “hecho aislado” y se parece más a un filtro sangriento para depurar la boleta.
Sinaloa: laboratorio de reacciones violentas
El atentado no ocurre en el vacío: es el segundo golpe directo contra figuras políticas estatales, tras el asesinato de Héctor Melesio Cuén en 2024, en medio del secuestro de “El Mayo” Zambada.
A eso se suman recientes ataques armados, balaceras en municipios del centro y sur, y un reacomodo interno en el Cártel de Sinaloa que ha convertido al estado en tablero de guerra mientras el gobierno insiste en que “no pasa nada”.
Cuando también el jefe de Seguridad Pública de Culiacán es atacado, la narrativa oficial se desmorona: si el fuego alcanza al que se supone coordina la defensa, lo que está desfondado es el Estado, no sólo la estadística.
Acción, reacción… e impunidad
El líder nacional de MC, Jorge Álvarez Máynez, habló de una crisis de violencia e impunidad que “rebasó todos los límites”, pero Sinaloa lleva años funcionando precisamente bajo esa fórmula: el límite siempre es el siguiente atentado.
La reacción oficial vuelve al mismo libreto: operativo, condena, fotos con la presidenta y el gabinete de seguridad, y promesas de que ahora sí habrá resultados. Mientras no haya responsables presos ni cadenas de mando políticas y criminales expuestas, el mensaje real es otro: cada vez que alguien se atreva a interpelar al poder desde la tribuna, la respuesta puede venir, como ayer, a 15 minutos y unos cuantos disparos de distancia.
Fuente: EL Norte/

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