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viernes, 19 de septiembre de 2025

«YO lo CONOZCO es DECENTE y…VAMONOS a DESAYUNAR ? «: «ASI RESPONDIO la LENGUA que HABLABA en ABONOS el DIA que le PREGUNTARON por BERMUDEZ REQUENA el NARCOPOLICIA EVIDENCIADO por el EJERCITO»…usó y abusó de su palabra personal y presidencial como aval ético.


El 17 de octubre de 2022,Andrés Manuel López «hablador»,alias AMLO, fue cuestionado por la periodista Dalila Escobar sobre los nexos de Hernán Bermúdez con “La Barredora” y el video de esta entrevista termina siendo un monumento de evasión, autoexculpación y desdén a la rendición de cuentas. 

El presidente atacó al mensajero –Proceso y la “prensa conservadora”– evitando deliberadamente responder sobre el fondo: los informes de inteligencia del ejercito que nunca hicieron nada tampoco, pues actuaban como brazo armado de Morena, vinculaban a altos mandos de seguridad de Tabasco, designados por Adán Augusto López, con un grupo criminal que operaba impunemente bajo protección oficial.

Anatomía de una evasión

En vez de ofrecer explicaciones o mostrar intención de investigar, López Obrador se limitó a:

  • Defender la “honestidad” de Adán Augusto López usando su palabra personal como aval ético.
  • Descartar los informes y denuncias como “ataques de la prensa conservadora”, personalizando el problema y victimizándose con la narrativa de “la mafia mediática”.
  • Apelar al viejo catecismo del lopezobradorismo: “no mentir, no robar y no traicionar al pueblo”, como si la repetición de un mantra exculpara de las exigencias mínimas de rendición de cuentas.

La huida del fondo

Cuando Escobar pregunta qué sabe de los informes enviados por inteligencia militar a la Sedena –y por qué permanecen en el cargo personajes señalados como posibles integrantes de un cartel–, AMLO simplemente responde: “muy poco, muy poco la verdad”. Este “no sé, no vi, no estaba” resulta grotesco: los archivos filtrados años después confirman que desde 2021 la oficina presidencial fue alertada reiteradas veces sobre los vínculos de Bermúdez con el crimen organizado, que operaba bajo la protección de los gobiernos de Tabasco.

La negación y el “vámonos a desayunar”

Lejos de abrir o instruir una investigación pública —como corresponde en una democracia— el presidente se escuda tras frases de Benito Juárez y remata con un despectivo: “Es un informe… Y vámonos a desayunar. No, es que con ustedes no voy a poder, porque es una prensa… dedicada por completo a atacar al gobierno”. Así rehuye a la función fundamental de un jefe de Estado: responder ante la evidencia y rendir cuentas.

El juicio de la evidencia

Con la evidencia hoy disponible, la respuesta de AMLO se exhibe como una fórmula cínica y complice, propia de un mal gobierno

  • Los documentos filtrados por Guacamaya Leaks y reportes de la prensa nacional confirman que el presidente no sólo fue enterado por sus aparatos de inteligencia, sino que omitió actuar, encubriendo de facto a su círculo cercano y permitiendo el ascenso criminal de Bermúdez y compañía.
  • Mientras tanto, la estrategia de “culpar al adversario” y victimizarse ante el periodismo crítico, consolidó una cultura de impunidad, negación y simulación institucional que hoy cobra factura en sangre.

Epílogo para el irrespeto

La “verborrea” de AMLO aquel 17 de octubre de 2022 no fue sólo una falta de respeto a la inteligencia pública y a la prensa, fue una burla cínica a la sociedad mexicana: trivializó los señalamientos serios de criminalidad en el aparato estatal y evadió olímpicamente la responsabilidad, comportándose más como un jefe de camarilla que como jefe de Estado narco.

La historia no lo absolverá.

Con informacion: @Redes/

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