El capitán Abraham Jeremías Pérez Ramírez, involucrado en la entrega de dinero a funcionarios de Marina que permitían la operación de una red de huachicol fiscal, se suicidó este lunes en sus oficinas de la Unidad de Protección Portuaria de Altamira, confirmaron fuentes federales.
De acuerdo con una lista que obra en el expediente, el capitán Abraham Jeremías Pérez Ramírez obtuvo 100 mil pesos cuando se desempeñaba como responsable de la Unidad de Protección Portuaria de Tampico y permitió la descarga en ese puerto de un huachi-buque en abril de 2024.
El capitán Abraham Jeremías Pérez Ramírez, uno de los engranes bien aceitados en la maquinaria del huachicol fiscal disfrazado de institución, apareció muerto este lunes en las oficinas de la Unidad de Protección Portuaria de Altamira. La versión oficial habla de suicidio, pero el hedor a pacto roto y a silencio impuesto flota como petróleo escurrido: ¿se pegó un tiro por remordimiento o alguien le apagó la luz para que no contara de más?
No era cualquier marinito. Pérez Ramírez era el que tenía las llaves del puerto, el que decidía qué barco entraba, qué barco salía y cuánto costaba esa venia. Según documentos de la FGR, ya había probado el anticipo: 100 mil pesos en Tampico por permitir la descarga de un huachi-buque en abril de 2024. El soborno llegó con etiqueta: “NK”, alias de Miguel Ángel Solano Ruiz, un corbeta retirado convertido en repartidor de sobres para la red del Vicealmirante Manuel Roberto Farías Laguna y su hermano Fernando.
Ambos altos mandos, con cruceta de honor prestada y cartera llena, sostenían una red que pagaba a marinos de todo rango 1.7 millones de pesos por cada buque huachicolero dejado pasar como turista. Y aunque el escándalo ya derribó a 14 implicados, incluido el propio Vicealmirante, la mordedura del caso sigue viva porque Pérez Ramírez era parte de los que sabían nombres, fechas y cuentas.
Su muerte llega cuando la investigación subía presión. Director de la Unidad en Tampico, después en Altamira, graduado de la Heroica Naval, Pérez Ramírez fue parte de los guardianes que deberían atrapar explosivos, armas o drogas, pero se hacían de la vista gorda con crudo ilegal. Ahora, de golpe, no podrá declarar nada.
En los expedientes está que cobraba, que recibía indicaciones, que operaba bajo las órdenes de esa maquinaria lubricada con dinero y poder. Afuera, lo enterrarán como marino. Adentro, lo tacharán en la lista de testigos incómodos. La versión oficial es “suicidio”, pero en un sistema con tanto dinero embarrado, lo único claro es que alguien decidió que el capitán ya había hablado suficiente.
Con informacion: ELNORTE/

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