La Navidad de 2023 en Tabasco no tuvo ni pavo ni villancicos: tuvo cárceles en llamas, balaceras a cielo abierto y hasta coches incendiándose como si fueran piñatas del mismísimo infierno. Ese día, mientras la capital ardía, los rumores apuntaban a que alguien se había querido despachar al secretario de Seguridad Pública, Hernán Bermúdez Requena, alias Comandante H. Nada raro, si tomamos en cuenta que el tipo resultó ser más capo que policía.
El gobernador Carlos Manuel Merino se enteró del incidente estando con López «hablador» en la inauguración del Tren del Istmo. Mala suerte: la violencia explotando en la tierra natal del presidente, y él con cara de “no es lo que parece”. Lo gracioso —o trágico— es que mientras el gobernador juraba que todo estaba bajo control, Bermúdez era el mismísimo caos con charola oficial. Porque detrás de su uniforme, el hombre tenía nexos (presuntos, dicen los leguleyos) con La Barredora, célula del Cártel Jalisco Nueva Generación que eran el mismísimo gobierno de Morena.
El jefe policiaco con alma de narco
Pero Bermúdez no cayó del cielo ni apareció de milagro en la Secretaría de Seguridad. Su lugar se lo labró con machete en mano gracias a la bendición del clan de Adán Augusto López, el eterno operador político de Morena que empezó a repartir puestos como si fueran roscas de Reyes. Y claro, en esa tanda le tocó su corona de espinas a Comandante H. que acababa de hacer méritos pactando con sus símiles,los narcos.
Cuando el cagadero de 2023 fue insostenible, Merino quiso cortarle la cabeza, pero antes pidió permiso: levantó el teléfono para preguntarle a Adán Augusto si lo podía hacer. Sí, el mismísimo gobernador pidiéndole “luz verde” a un exgobernador devenido secretario de Gobernación y hoy senador. Todo muy soberano, muy de Estado libre y soberano de Tabasco.
Y ahí está el detalle: Bermúdez no era simplemente un funcionario, sino pieza de un grupo que Adán arrastraba desde los noventa, cuando se colaba de priista a perredista, de opositor a operador presidencial. Bermúdez entró por recomendación de Jaime Humberto Lastra, otro veterano de la grilla local, y poco a poco se acomodó hasta que en 2019 lo pusieron como el flamante mandamás de la Policía.
El capo que regalaba puestos
Lo de Bermúdez no era dirigir policías: era armar clan propio. Desde que se sentó en la silla de Seguridad, empezó a colocar a sus compadres en puestos clave. Uno de ellos fue Ulises Pinto, conocido como El Mamado (sí, así, sin miedo al ridículo), que terminó siendo segundo al mando de La Barredora que descubrió el ejercito y nunca hizo nada,pa’que. Con esos fichajes militares y civiles, ¿quién necesitaba enemigos?
Mientras tanto, Merino no movía un dedo. Y Adán Augusto, aunque ya despachaba en CDMX soñando con ser presidente, seguía jalando los hilos de Tabasco como si fuera titiritero de feria.
El clan vs. los “obradoristas puros”
Por el otro lado estaba Javier May, fiel a López Obrador, peleándose la hegemonía estatal. Su fiscal cazó a Bermúdez y ahora le pidió 158 años de prisión. Política pura: una disputa de clanes disfrazada de justicia, en donde a Bermúdez le tocó ser el chivo expiatorio.
El derrumbe del Comandante H
El final de Bermúdez fue casi tropical: creció rápido, como las palmas, pero se desplomó como los cocos. De jefe de Seguridad a prófugo en Paraguay, y de ahí extraditado a México para acabar tras barrotes. Mientras tanto, Adán Augusto lo despide con declaraciones tibias, diciendo que eran “amigos de muchos años”. Amistad rara, de esas que acaban con uno en el Senado y al otro en un penal de máxima seguridad.
Así, Tabasco estrenó la Navidad más sangrienta de su historia reciente para recordarnos que Santa Claus nunca trae justicia, pero los clanes políticos sí saben envolverle un moño al crimen organizado.
Con informacion: DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS/ZEDRIK RAZIEL/

No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Tu Comentario es VALIOSO: