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sábado, 20 de septiembre de 2025

«QUIEN es el JEFE de esa INSEGURIDAD ?»: En MEDIO de la CETEG ENARDECIDA SHEINBAUM MEGAFONO en MANO puso en PELIGRO su VIDA y la SALUD INSTITUCIONAL del PAIS»…¡Claudia decía que todo cambiaría, mentira, mentira, la misma porquería!,le gritaban.


En medio de protestas y tumultos, la Presidenta Claudia Sheinbaum recibió un escrito de la Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación del Estado de Guerrero (Ceteg) que demanda el reinicio de las mesas de diálogo.

«Voy a recibir el escrito de la Ceteg«, aseguró Sheinbaum, quien con megáfono en mano y sin mesura, se paró en el estribo de la camioneta en la que viajaba.

«¡Mesa, mesa!», gritaron los maestros quienes desde las 12:00 se instalaron en plantón frente a las instalaciones del Polideportivo donde se desarrolló el acto oficial ante miles de personas que llenaron las graderías de la tribuna y la cancha de pasto sintético.

El rápido encuentro entre la Presidenta Claudia Sheinbaum ocurrió poco antes de las 15:00 horas de ayer en la avenida José Francisco Ruiz Massieu, al sur de Acapulco, capital guerrerense.

A medida que avanzaba la camioneta donde iba la Mandataria, los profesores arreciaron sus gritos.

«¡Claudia decía que todo cambiaría, mentira, mentira, la misma porquería!», corearon los profesores.

Falta de mesura presidencial

La presidenta Claudia Sheinbaum se lanzó de lleno al tumulto en Guerrero, rodeada de protestas y sin ningún filtro de mesura: megáfono en mano, arriba del estribo de la camioneta, saludando y recibiendo papeles como si alguna vez estuviera en un mitin vecinal y no en medio de una contingencia magisterial con maestros enardecidos. 

Francamente, la escena raya en lo surrealista y cuestiona gravemente los protocolos de seguridad y el respeto institucional que deberían regir, no sólo por su cargo sino por el mensaje que lanza sobre el manejo presidencial de la tensión social.

Así como se ve en las imágenes, lo que debió ser un ejercicio de diálogo institucional terminó siendo un performance de contacto directo, arriesgando integridad y rompiendo cualquier estándar profesional de seguridad presidencial. 

La imagen de la presidenta literalmente arriba de la camioneta entre gritos y empujones no es símbolo de valentía sino de imprudencia, pues ignoró los protocolos elementales de seguridad. Que busque el diálogo está bien, pero lo hace al filo del peligro, con los brazos extendidos entre pancartas y teléfonos, cuando el mínimo error puede costar no sólo la reputación, sino la vida misma y la salud del pais.

¿Quién la cuida? Jefe de seguridad

A ver, ¿y el jefe de seguridad dónde estaba? ,acaso la escolta corre a cargo de Omar García Harfuch titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC) o son militares quienes se encargan de la protección presidencial y de coordinar los protocolos en eventos masivos, especialmente en contextos de protesta y manifestaciones. 

La presidenta se conviertio en blanco fácil por sus desplantes de proximidad pública y contacto físico innecesario con la multitud.Este fue el pecado que cometió Luis Donaldo Colosio en 1994,aun y bajo resguardo del Estado Mayor Presidencial del Ejercito,que se creían cosidos a mano y aqui demostraron que tan útiles eran. 

Un jefe de seguridad debe balancear el acceso a la gente y la protección total del cargo, pero en este caso, la laxitud fue evidente y el riesgo extremo.

Riesgos para la mandataria y el país

Las protestas magisteriales no son un juego ni un flashmob espontáneo: ahí hay demandas reprimidas, frustraciones sociales y potencial de violencia que cualquier responsable serio de seguridad debe neutralizar. La presidenta corría riesgos graves: agresión verbal, física, exposición a objetos lanzados, colapso de seguridad perimetral, fuga de información sensible, secuestro o incluso atentado. El caos puede escalar en segundos. Este tipo de imprudencia compromete la estabilidad institucional; si algo llegara a pasarle, el país entraría en crisis no sólo de seguridad sino de gobernabilidad, y el mensaje al mundo sería que en México ni siquiera la presidenta respeta las reglas fundamentales de seguridad presidencial.

Los protocolos recomendados, como mantener la distancia, evitar el contacto directo con multitudes potencialmente hostiles y priorizar rutas de escape y protección, fueron ignorados; el espectáculo fue irresponsable y puso en entredicho el aparato de seguridad nacional. A los ojos del país y de quienes deberían resguardar su seguridad, fue una advertencia: ni en la presidencia hay límites cuando se busca un aplauso fácil o una foto viral y en este tipo de pecados suele haber penitencia.

Con informacion: ELNORTE/

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