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jueves, 11 de septiembre de 2025

“QUERIA MAS TIERRAS”: “HALLAN CULPABLE a EX-GOBERNADOR de NAYARIT por FALSIFICAR DOCUMENTOS como SI FUERA ESCRIBANO de RANCHO y NO MANDATARIO”…la silla de gobernador no es un pedestal, sino una silla eléctrica disimulada.


El ex Gobernador de Nayarit, Roberto Sandoval Castañeda (PRI), fue hallado culpable de falsificación de documentos, una sentencia que anunció que apelará.

Esto que debería sonar a excepción, en México ya parece capítulo reciclado de una telenovela judicial: otro exgobernador en el banquillo, otro político que jura ser víctima del sistema y, cómo no, otro expediente plagado de sospechas, tranzas y apelaciones interminables. El caso de Roberto Sandoval Castañeda, exmandatario nayarita, es casi caricaturesco: un gobernador que termina tras las rejas por falsificar documentos para hacerse de tierras… como si fuera escribano de rancho y no jefe del Ejecutivo estatal.

Gobernar como deporte extremo

La política mexicana se ha convertido en un juego de alto riesgo: no por la responsabilidad de administrar un estado, sino porque la línea entre el poder y el penal de máxima seguridad parece cada vez más corta. Gobernar aquí es como participar en un triatlón absurdo:

  • Sorprender a los electores con promesas inmensas.
  • Administrar mal y beneficiar a los cuates.
  • Mantener redes con grupos criminales o de poder.
  • Y, tarde o temprano, enfrentar un proceso judicial donde se alega “persecución política”.

El caso Sandoval

  • Acusación central: falsificación de documentos para apropiarse de 58 hectáreas en San Blas, con fines agrícolas y ganaderos. Una maniobra bastante terrenal para alguien que llegó a ser la máxima autoridad del estado.
  • Estrategia de defensa: victimización. El exgobernador pinta su proceso como un viacrucis de violaciones a derechos humanos, audiencias virtuales y pruebas “falsas”.
  • Contexto: ya sumaba procesos por lavado de dinero, enriquecimiento ilícito y asociación delictuosa. No es exactamente un registro limpio.
  • Sentencia en curso: mínimo seis años de prisión más multa, pero lo que realmente está en juego es la narrativa: ¿caído en desgracia o mártir perseguido?

La tragicomedia recurrente

Lo de Sandoval no es un caso aislado, sino parte de una colección nacional de fotografías en uniforme naranja o de rayas: Javier Duarte en Veracruz, César Duarte en Chihuahua, Tomás Yarrington en Tamaulipas, Rodrigo Medina en Nuevo León, Mario Villanueva en Quintana Roo… la lista parece club exclusivo de exgobernadores esposados que se abulta con los próximos en esposar, Americo Villarreal,Ruben Rocha Moya,Alfonso Durazo y parele de contar.

La ironía es brutal: ser gobernador debería ser la consagración de una carrera política, la cúspide. En México, la estadística sugiere otra cosa: es casi el primer paso para una condena penal. Entre tanto, el ciudadano común se queda con la sensación de que la clase política trata el poder como un botín personal y que las “sanciones” llegan demasiado tarde, cuando ya el daño (económico, social y criminal) está hecho.

La moraleja

El brete legal de Sandoval confirma que la silla de gobernador no es un pedestal, sino una silla eléctrica disimulada. El PRI podrá cambiar de colores o el verbo político podrá reinventarse, pero la constante es que el sistema sigue incubando mandatarios con vocación patrimonialista. Y al final, lo que queda no es justicia sino hartazgo social: otra celda ocupada, otro expediente interminable, y otro gobernador que asegura que todo fue un malentendido.

Con informacion: ELNORTE/

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