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domingo, 14 de septiembre de 2025

“ESTABA TROMPUDO o…QUERIA BESO ?”: “MINISTRO DEMOCRATA de BOLSILLO DESAIRÓ OPOSITORA que REPRESENTABA PRESIDENCIA de CAMARA de DIPUTADOS en CEREMONIA REPUBLICANA”…le negó el aplauso en público para otorgárselo después en redes sociales.


Lo que vimos en Chapultepec no fue una ceremonia republicana ejemplar, sino otra postal del teatro democrático de bolsillo que Morena y su corte de aliados montan cada vez que pueden. Mientras la presidenta de la Cámara de Diputados, Kenia López Rabadán, era reducida a figura decorativa obligada a deambular sola hasta el Altar de la Patria, el ministro presidente de la Suprema Corte, Hugo Aguilar Ortiz, optaba por ejercer un desaire cuidadosamente calculado: negarle el aplauso en público, otorgárselo después en redes sociales.

Esa es la paradoja de esta “pluralidad” que se vende de labios para afuera y se sabotea con gestos y silencios en el terreno real. Morena presume de instituciones, pero las monta como utilería: se invita a algunos, se excluye a otros, se tolera la diferencia únicamente cuando puede controlarse dentro del protocolo. Es una democracia administrada como catálogo de conveniencias, donde la pluralidad se exhibe como foto, no como práctica.

El episodio sintetiza la fórmula: instalar la narrativa oficial de la unidad nacional, mientras desde las formas se envía el mensaje contrario —la oposición cabe en la foto, pero no en el aplauso; puede subir al vehículo, pero no caminar en compañía; se festeja la pluralidad, pero bajo las reglas del que manda.

Este tipo de gestos menudos, aparentemente triviales, son en realidad el lenguaje más claro del poder. Más que discutir si el ministro saludó o no, vale subrayar lo que mostró: un Poder Judicial que se dobla en guiños y silencios frente al Ejecutivo y un Legislativo reducido a papel secundario en un libreto que se llama “pluralidad”, pero se actúa como monólogo.

En resumen: más que ceremonia republicana, fue coreografía de obediencia disfrazada de institucionalidad. Esa es la versión en miniatura de la democracia que Morena y compañía ofrecen: editada, limitada y perfectamente irreverente frente a la idea misma de pluralismo.

Que nos dice la actitud del Ministro venido de menos a mas

El ministro presidente Hugo Aguilar Ortiz se revela, en este episodio, como un magistrado que administra gestos con la frialdad de un notario del poder: convierte lo que debería ser un acto espontáneo de reconocimiento en un cálculo político revestido de solemnidad. Su negativa a aplaudir en el momento debido no fue un descuido casual, sino una economía deliberada de dignidades, un ademán silente que habla más que cualquier discurso.

En su papel de guardián de la justicia, Aguilar Ortiz debería encarnar la ecuanimidad, la mesura y la igualdad de trato en la plaza pública. Sin embargo, con ese sencillo escamoteo de las palmas, terminó revelando una jerarquía oculta: la justicia que representa se arropa en símbolos republicanos, pero oscila en función de conveniencias políticas. El jurista que debería custodiar la independencia del Poder Judicial pareció moverse como un actor en la coreografía del poder, midiendo sus pasos para no desentonar con la partitura oficial.

Este contraste es fulgurante: por un lado, el decoro republicano del cargo que ostenta; por otro, el desdén cifrado en un gesto que reduce a la pluralidad al rango de ornamento. Así, la magistratura de Aguilar Ortiz deja entrever no tanto la firmeza de un espíritu imparcial, sino la ductilidad de un intérprete consciente de que el silencio y la omisión pueden pesar más que la palabra.

En suma, el ministro se mostró menos como el garante altivo de la justicia de todos, y más como el custodio discreto de un guion político que exige cortesías selectivas, aplausos a destiempo y un pulso constante entre la forma y la simulación.

Con informacion: ELNORTE/

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