En la esquina izquierda del ring, con guantes de “estadista responsable”, pero actitud de cobradora de vecindad, aparece Claudia “la Presidenta Fiscal” Sheinbaum, reclamando lo que en su narrativa parece tan básico: “Toma chocolate y paga lo que debes”. Nada de tecnicismos. Aquí la doctora cambió el lenguaje académico por el tono de cobradora en la ruta de microbús: “¿Se va a cooperar o le digo al chofer que no arranca?”.
En la esquina derecha, con traje caro, sonrisa de influencer millonario y mañas de quien juega a la rayuela fiscal, emerge Ricardo “el Rico No-Paga” Salinas Pliego, maestro de la retórica libertaria y del arte ninja de pagar siempre poquito menos. Se le acusa de deberle a todos: al SAT, a inversionistas yanquis, quién sabe si hasta al del valet parking. La única cartera que parece tener saldo a favor es la suya.
Pero la tragicomedia está en el guion. Ella, que debería estar piloteando la nave nacional, decide bajarse al barrio y gritar desde el megáfono: “¡Pagueeee sus impuestos, vecino moroso, que ya pasó el COVID!”. Él, en respuesta, finge que la gripe pandémica le sigue impidiendo abrir la billetera, como si la enfermedad más grave hubiera sido la alergia al fisco.
El público ríe, porque todo es caricatura:
- La presidenta en plan cobradora de colonia, con casco de “Super SATwoman” y libreta de adeudos.
- El empresario en modo “rebelde fiscal”, víctima autoproclamada del abuso de los gobernicolas, aunque se pasee en helicóptero.
Ambos tienen razón… y a la vez ninguno la tiene. Porque el Estado no debería ser cobrador a gritos, ni el empresario un Houdini tributario.
La «bandita» reaccionó a la noticia de El Norte, como en ring de lucha libre: burlones, ácidos y sin filtro. La mayoría ve el pleito entre la cobradora y el moroso como cortina de humo mientras todos los partidos, Morena y oposición, se reparten las migajas del descontento. Hay quienes acusan al gobierno de ladrones, otros piden que así de puntillosos sean con los amigos y socios de Palacio, y más de uno deja claro que, por cada escándalo, hay otro tapado.
En el muro de los lamentos digitales, nadie se salva: se burlan de la investidura presidencial, llaman “barredor” a Adán López, tunden a Salinas Pliego, pero no pierden la oportunidad de pedir que paguen todos—y de paso se rían del miedo de los políticos y de la frustración colectiva. El tono general es de irreverencia y ánimo de ventanear a todos, sin piedad, con mensajes que van desde el sarcasmo, el resentimiento y la resignación, hasta la burla de que es solo un show más de “quítate tú, para que robe yo”.
Pero en esta versión tropicalizada de la ópera bufa, lo que se juega no es justicia fiscal ni defensa de inversionistas, sino quién se lleva el aplauso fácil del respetable: la mandataria que ahora parece gestora de cobranzas o el magnate que practica maromas legales para que el fisco no le saque ni un centavo más.
Y mientras tanto, México, convertido en gradería con olor a plomo y muerte, observa el pleito con palomitas, sabiendo que la función sigue, que el show del “Arrebatón Fiscal” apenas empieza y que, gane quien gane, alguien seguirá debiendo: o ellos, o nosotros.
Con informacion: ELNORTE/





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