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domingo, 12 de abril de 2026

"ES MADRE y NO se VA RENDIR NUNCA": CON "FOTO en MANO de HIJO DESAPARECIDO y MEGAFONO en OTRA RECLAMA ABANDONO del GOBIERNO que RECLAMA a la ONU por RECLAMAR"...que jodencia tan humanista.


En México, una madre sigue buscando a su hijo en Sinaloa entre el silencio oficial y la indiferencia burocrática. Se llama como podría llamarse cualquiera —la madre de Carlos Emilio, desaparecido en Mazatlán— y su reclamo ya no es una súplica, es una herida abierta que sangra en cada comparecencia vacía del gobierno. 

Pero mientras ella enfrenta la vida con un retrato entre las manos, las autoridades de Sinaloa la abandonan con el mismo descaro con que el país abandona a miles. “Falta de acompañamiento”, dice. Qué eufemismo tan burocrático para nombrar lo que en realidad es abandono institucional y desprecio sistemático por el dolor bajo un gobierno hipócrita sedicentemente humanista.

Y mientras ella busca en la tierra y en los expedientes, la Comisión Nacional de Derechos Humanos pierde tiempo regañando a la ONU —sí, a la ONU— porque le pide a México rendir cuentas por sus desaparecidos. 

La CNDH, que debería ser la voz del agravio, prefiere convertirse en vocera de la ofensa diplomática y defender al Estado Mexicano gobernador por MORENA como si su función fuera justificar la impunidad, no denunciarla. 

Su comunicado, torpe y defensivo, no habla de derechos humanos, sino de soberanía herida: un gesto de censura hacia quien exige respuestas frente a lo que el país prefiere callar.

El contraste es tan brutal como indecente: una madre escarbando la esperanza con las uñas, y una institución nacional tratando de maquillar el horror con tecnicismos. Mientras la ONU pregunta por los cuerpos, por las fosas, por las cifras que México oculta, la CNDH se indigna como si la verdad fuera una invasión extranjera.

La madre de Carlos Emilio no pide discursos ni observaciones internacionales; pide a su país que se comporte como país. Pero aquí, la burocracia nacional se defiende de las preguntas mientras los desaparecidos siguen siendo números en el fondo de la estadística. Y así, México responde al dolor con comunicados, al reclamo con desdén, y al mundo con un tono de soberano orgullo que suena más a culpa que a dignidad.

Con informacion: RIO DOCE/

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