En solo año y medio, Sinaloa parece un cementerio con estética de parte de guerra: 10,498 coches robados, 3,550 personas levantadas, la mitad historica del total de la cifra, 3,050 asesinadas, 3,414 detenidos y 183 abatidos, todo bajo una “estrategia exitosa” con más de 14 mil militares patrullando como escenografía del fracaso de la estrategia que se mide en incautaciones en vez de vidas protegidas y bienes no despojados.
La contabilidad del horror
En cualquier país mínimamente funcional, donde el estado de derecho no sea cotorreo, ni el imperio de la ley un chiste, 10,498 vehículos robados en 19 meses aguerridos sería señal de catástrofe; aquí lo venden como “variación marginal”.
Cada coche robado es una amputación lenta del patrimonio de alguien, pero en las mañaneras tóxicas solo cuenta si el motor termina en una bodega cateada para la foto.
Las 3,550 personas privadas de la libertad son un ejército de fantasmas administrativos: para el Estado son carpetas, para las familias son sillas vacías, para la narrativa oficial apenas un “delito en investigación” donde no tenemos un plan.
Es como si cada día alguien apagara seis vidas del padrón electoral y el gobierno respondiera presumiendo cuántos candados nuevos compró para las celdas vacías.
Homicidios: la guerra que “va bajando”
Más de 3,050 asesinatos en este periodo y la línea oficial habla de “reducción de 44 por ciento” y de un febrero bajito en sangre, como si el éxito se midiera en que hoy matan menos que en el pico de la masacre que ellos mismos administran.
Si el país fuera un hospital, sería el director celebrando que solo se mueren tres pacientes diarios en vez de seis, mientras la morgue se desborda y la sala de espera huele a miedo.
La guerra entre facciones del mismo cártel de Sinaloa,que dicho sea de paso fue provocada por los malos oficios de mañoso de su gobernador Ruben Rocha Moya, ya superó los 3 mil asesinatos, pero el discurso oficial insiste en que la “estrategia de seguridad avanza”, como si los muertos fueran un indicador de desempeño y no el recibo de la ineptitud.

En esa lógica, cada cuerpo tirado en la carretera es apenas un dato más que ayuda a cuadrar la curva descendente para la próxima presentación en PowerPoint,aunque las proyecciones vayan a la alza,no a la baja.
Mas de 14 mil soldados para administrar el miedo
Con más de 14 mil militares desplegados, helicópteros, aviones,drones y armas antidrones,todo el catálogo de la industria de la guerra, el saldo real es que el crimen sigue cobrando piso, levantando gente y robando coches como si la “Estrategia Nacional de Seguridad” fuera un programa de lealtad para el cartel que sobreviva.
Es el equivalente a lanzar un portaaviones nuclear para espantar ratas, pero terminar protegiendo el basurero donde comen.
El gobierno presume detenciones e incautaciones como si fueran trofeos de cacería, pero no puede responder una pregunta básica: ¿cuántas vidas salvaron?, ¿cuánta tranquilidad regresó a las calles?
La metralla estadística sirve para tapar que, con semejante despliegue, la gente sigue encerrándose temprano y rezando para no cruzarse con un retén equivocado, legal o ilegal.
La trampa de los números victoriosos
Las 3,414 personas detenidas y los 183 abatidos son la moneda con la que el gobierno compra titulares de “golpes certeros”, pero no explican por qué siguen subiendo las denuncias de robo y desaparición.
Es como presumir el número de cucarachas aplastadas mientras la infestación se come la casa; la foto del insecto muerto luce bien, pero la cocina sigue llena.
La narrativa oficial funciona así: si detienen a alguien, cuenta; si decomisan armas, cuenta; si bajan un par de porcentajes en un mes, cuenta; si la gente puede caminar sin miedo, eso no está en la gráfica y por tanto no existe.
La estrategia de seguridad del estratega cuentachiles, Omar Garcia Harfuch se volvió un truco contable: mover cifras hasta que parezcan victoria, aunque la realidad huela a pólvora y a carro quemado.
Traducción al idioma real: fracaso
Traducido sin eufemismos, lo que está pasando en Sinaloa no es una “pacificación gradual”, es un laboratorio donde se prueba cuánta violencia puede soportar una sociedad mientras le repiten todos los días que va ganando.
Se instaló una normalización brutal: el horror ya no indigna, solo compite con el siguiente dato bonito que el gabinete de seguridad llevará a la conferencia para que el país crea que siente menos miedo porque la gráfica lo dice.
Si una estrategia de seguridad necesita más de 14 mil militares, miles de muertos y levantados, y aún así no puede garantizar que la gente regrese a casa en su propio coche y por su propio pie, el nombre técnico de eso no es “éxito con desafíos”: es fracaso con boletín de prensa.

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