México llega a 2026 con el freno de mano puesto: 1.3% de crecimiento es básicamente caminar mientras el resto de América Latina, con 2.3% en promedio, al menos trota. Esta cifra coloca al país entre los de menor dinamismo del continente, muy lejos de Paraguay, Costa Rica o Argentina, que rondan entre 3.7% y 4.5%.
Qué significa ese 1.3% en la vida diaria
- 1.3% de PIB no es recesión, pero es un estancamiento elegante: la economía se mueve tan despacio que el ciudadano común casi no lo percibe en su bolsillo.
- Con ese ritmo, el ingreso por habitante apenas avanza; después de varios años por debajo de 2% anual, el país encadena una década perdida en términos de bienestar promedio.
Por qué México va tan lento
- El propio diagnóstico de Cepal habla de una demanda interna desinflada: menos remesas, consumo privado contenido y caída de la inversión, justo los motores que deberían empujar al país.
- A eso súmenle aranceles y broncas comerciales con Estados Unidos, que enfrían exportaciones, frenan anuncios de inversión y vuelven al modelo exportador mexicano un negocio mucho menos brillante.
Comparación callejera con el vecindario
- Mientras Centroamérica crecería alrededor de 3.2% en 2026 y Sudamérica 2.4%, México se queda en la cola con su 1.3%, solo por encima de economías prácticamente paralizadas.
- Traducido: si la región fuera una avenida, Paraguay y Costa Rica van en el carril rápido, el resto en tráfico pesado… y México en la lateral contando topes.
Lo que se viene para empleo, salarios y negocios
- Con un crecimiento tan tibio, el mercado laboral genera plazas, pero muchas son informales, mal pagadas y sin prestaciones; el pastel no crece lo suficiente para repartir mejores porciones.
- Para pequeños negocios, el mensaje es claro: no habrá boom de clientes, crédito barato ni gasto público expansivo; tocará sobrevivir con márgenes apretados y competir ferozmente por cada peso.
El subtexto político y estructural
- Este 1.3% es la factura de años de baja productividad, inversión pública raquítica, infraestructura rezagada y un modelo que depende obsesivamente de lo que pase en Washington.
- Mientras el discurso oficial presume estabilidad y proyectos emblemáticos, los organismos internacionales describen a México atrapado en una “trampa de bajo crecimiento”, donde la normalidad es la mediocridad.
Con informacion: EL ECONOMISTA/

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