Diálogos con Américo nació ayer con bombo oficial, pero su contenido y eco real en redes fue el susurro de un programa que, al menos en el arranque, nadie pidió,casi nadie escuchó y se convirtió en autoelogio de gestión con un conductor que actuó como maestro de ceremonias del boletín y donde un gobernador acusado de mañoso por la sospecha pero mas por la evidencia y fichado por narcopolitico,nos vende el presente como si fuera ya un informe de gobierno permanente sin oposición, sin contrapesos y sin contexto de violencia o crisis.
El formato y la intención
- El gobierno lo vende como “ejercicio de escucha” y “diálogo directo” para explicar decisiones y mostrar el “humanismo” del sexenio de Américo Villarreal.
- Se transmite desde ayer por el Sistema Estatal de Radio y Televisión, en horario de las 18:00 horas de domingo, con la promesa de cercanía, transparencia y rendición de cuentas.
El ruido mediático… en medios amigos
- Portales locales y páginas de Facebook replicaron casi calcado el boletín: “rol cercano”, “liderazgo que transforma”, “decisiones que se entienden”, como si fuera campaña de relanzamiento, no un programa de servicio público.
- La narrativa oficial intenta instalarlo como algo “sin precedente”, pero todo huele a refrito del viejo “gobernador en casa” que habla y nadie le replica.
El eco en redes: cifras de funeral
- En X, el propio gobernador anunció el arranque de #DiálogosConAmérico con un post que, para una entidad de casi 3.6 millones de habitantes, produce métricas de liga municipal: decenas de interacciones cuando menos se esperan miles.
- Con 10 retuits, 17 “me gusta” y 445 visualizaciones y un comentario, la convocatoria luce más cercana a un grupo de WhatsApp familiar que a un programa “multicast” de un gobierno estatal completo.
Diálogos con Américo arranca como se gobierna Tamaulipas: bautizan “diálogo” a un monólogo lacrimógeno sobre el padre, el humanismo y los datos, con ciudadanía de extra de reparto.
Formato: diálogo sin contradicción
- El conductor se presenta como maestro de ceremonias del boletín, no como periodista: no pregunta, acomoda la alfombra y agradece el honor de conducir “el espacio donde las decisiones se hablan con claridad”, sin atreverse a aclarar nada.
- Las únicas voces ciudadanas entran enlatadas, sin repreguntas, sin seguimiento y sin posibilidad de incomodar; son el equivalente radiofónico del aplauso grabado.
Contenido: culto familiar y sermón humanista
- El programa abre con un viaje nostálgico a 1991 para escuchar al padre inaugurando Radio Tamaulipas y termina con el hijo diciendo “papá, espero que estés orgulloso”, como si el rating lo fuera a dar el árbol genealógico.
- El “humanismo mexicano” se repite como mantra moral, pero aterriza en una homilía de buenos deseos y frases de calendario (“nada de lo humano me es ajeno”) mientras fuera del guion no se admite ningún dato incómodo ni contraste.
Intención política: propaganda envuelta en ética
- El gobernador convierte el programa en un autoelogio de gestión: presume más de 23 mil millones de pesos en programas de bienestar, electrificación total, clústeres, trenes, acueductos, puentes y carreteras, todo sin una sola cifra de fracaso, retraso o costo social.
- Todo está diseñado para fijar el relato de “verdadera transformación” y “frutos por venir” de sus primeros tres años, vendiendo el presente como si fuera ya un informe de gobierno permanente sin oposición, sin contrapesos y sin contexto de violencia o crisis.
La infodemia según Américo: sólo miente el anonimato
- El gobernador se lanza contra la “infodemia” y las redes anónimas, pero no dedica una sola línea a los errores, omisiones o mentiras oficiales; la mentira, por definición del programa, siempre la cuentan otros.
- La metáfora de la “receta anónima” sirve para desacreditar cualquier crítica sin nombre, pero jamás se plantea un mecanismo para responder cuestionamientos documentados que no entren por la puerta trasera del guion aprobado.
Conclusión: terapia de espejo con horario estatal
- Diálogos con Américo termina siendo una cabina de terapia política pagada con recursos públicos: el gobernador habla de su padre, de su legado, de la esperanza con la que trabaja y de cómo quiere que lo recuerden dentro de treinta años, mientras el ciudadano sólo escucha.
- El programa se vende como espacio para que “las ideas ciudadanas se escuchen”, pero en su primer capítulo sólo se escucha, fuerte y claro, la voz del poder hablándole al espejo y exigiendo que, además, le aplaudan por hacerlo.
Veredicto provisional
En términos mediáticos, el debut de Diálogos con Américo fue una conversación fallida mas que un programa estrella: mucho formato, poco interés y cero conversación orgánica.
Si las cifras no despegan y el contenido sigue siendo monólogo embalado como diálogo, el programa corre el riesgo de convertirse en lo que ya insinúan sus números: otro espacio oficial que sólo convence al propio gobierno de que se está comunicando.
Con informacion: @REDES/MEDIOS

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