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domingo, 21 de septiembre de 2025

«ESTAN ATACANDO CIVILES»: «MIENTRAS GOBIERNO CELEBRA,DESPOJAN FAMILIAS de sus VEHICULOS,MAESTROS CAEN ASESINADOS y hasta ESCUELA SECUNDARIA es VANDALIZADA y QUEMADA»…la realidad es indecorosa: en Sinaloa no es que falte Estado, es que sobra sangre.


El gobierno presume decomisos como trofeos mientras el país se desangra. Lo que debería ser lo mínimo –proteger la vida, la libertad y los bienes de la ciudadanía– se ha convertido en un lujo que el Estado no puede garantizar. Y en medio de la guerra intestina entre las facciones del Cártel de Sinaloa, la cotidianeidad en ese estado gobernado por Morena y el narcogoebrnador Rubén Rocha suena a ráfagas y se pinta de luto un dia si y otro también, no importa cuantos millares de militares patrullen el desorden.

El contraste absurdo

Mientras la narrativa oficial «cuentachiles y engañabobos» celebra «golpes al narco» —toneladas de metanfetaminas mostradas a las cámaras, armas largas exhibidas como trofeos—, la realidad es que hombres armados despojan a familias de sus vehículos en plena carretera federal, maestros caen asesinados frente a sus hijos y hasta una escuela secundaria es vandalizada y quemada con impunidad. El mensaje parece claro: lo único que se decomisa sin resistencias es la ilusión de seguridad.

Culiacán en llamas, gobierno en silencio

En menos de un mes, 71 asesinados, con promedios diarios que hablan más de guerra que de paz. La violencia no se limita a emboscadas entre sicarios: alcanza al estudiante que va a clase, al comerciante en su jornada, al viajero indefenso atrapado en una caseta. Ni la Guardia Nacional se salva: hasta sus camionetas pasan a mano de los criminales. ¿El Estado? Administrando el desastre y llamándolo «operativo exitoso».

Víctimas invisibles

Una madre asesinada frente a sus hijas de meses y cuatro años en Altata. Una familia atrapada en el fuego cruzado en Navolato. Cuerpos en la carretera, escuelas incendiadas, hoteles quemados. Son historias que deberían cimbrar cualquier política de seguridad pero que terminan reducidas a cifras en comunicados.

El poder paralelo

Que los muros de una secundaria sean pintados con las siglas de un capo es símbolo brutal: el narco ya no sólo controla corredores de trasiego, sino la narrativa en los espacios donde debería enseñarse otra cosa. Cuando un criminal firma la violencia en los muros escolares, no se trata de un simple «enfrentamiento», sino de un mensaje: el Estado perdió la pizarra y el pupitre.

La paradoja sangrienta

Mientras las facciones de «Los Chapitos» y «Los Mayitos» disputan el corredor desde septiembre de 2024, la sociedad sinaloense paga el costo. El Estado celebra cajas de metanfetamina incautadas y cartuchos asegurados, pero no puede responder por la integridad de una familia en la carretera, ni por la seguridad de una maestra en el auto con sus hijas.

La realidad es indecorosa: en Sinaloa no es que falte Estado, es que sobra sangre,bajo un patrullaje militar que privilegia capturas por encima de la principal obligación, dar seguridad.

Con informacion: ELNORTE/

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