Con todo y que en los hechos hay una inflexión en las políticas de seguridad del estado, recriminatoria de los “abrazos y no balazos”, la anhelada paz no llega, lo que permite afirmar que la violencia, producto de la acción del crimen organizado, no se ha ido, y al parecer desterrarla llevará mucho tiempo, superando periodos gubernamentales.
Hoy suena hueco cuestionar las cifras que arrojó el Gobierno de Calderón, cuando Morena ha ocupado siete años la Presidencia de la República y ha rebasado aquellas cifras. Hay una doble política de imagen que se centra en la figura y el peso específico que se le ha asignado al Secretario de Seguridad Pública, Omar García Harfuch, de una parte. De otra, la que se ofreció como la joya de la corona y que es la Sinaloa, sede y germen de uno de los principales cárteles del país con proyección internacional.
En ese estado, a contracorriente de toda racionalidad, se mantiene como Gobernador a Rubén Rocha Moya, lo que se ha convertido en la demostración más palmaria de que no se quiere cambiar la grave situación que hay en esa entidad, empezando por barrer la propia casa.
García Harfuch fue enviado a esa entidad con facultades extraordinarias, casi como un cónsul romano, para hacer frente a lo que vino luego del escándalo “Mayo” Zambada, quien fue sacado del país, y a una continua ola de violencia y homicidios que hasta hoy no ha cesado.
Mientras Sinaloa no recupera su paz, será el emblema de que la circunstancia mexicana actual se prolongará, agravada por la exigencia del Presidente Trump, de combatir a los cárteles como organizaciones terroristas, siendo el que opera en Sinaloa uno a los que se le asigna mayor poderío financiero y de fuego.
Hasta ahora García Harfuch no puede rendir resultados que puedan presumirse en la dirección de liquidar el estado de cosas que hay en esa entidad, que continúa en crisis y se puede extender como muestra del fracaso del Gobierno de Sheinbaum, en particular de su Secretario de Seguridad Pública.
Muchos aspectos, si se quiere conjeturales porque no se abre la información, rodean a la figura del funcionario. Lo formularé en preguntas: ¿Es la figura clave que conecta a México en esta materia con los Estados Unidos?, ¿está envuelto en una relación dual de compromisos con el Gobierno mexicano y el norteamericano?, ¿es mala su relación con el Ejército y la Marina por tener un poder a costa del cual se quiere engordar la militarización, sin la mediación de un civil? Son preguntas que rondan entre la gente que está pendiente y preocupada de los problemas nacionales.
De diversos medios que se publican en Sinaloa, se pueden extraer infinidad de datos que hablan de una crisis muy profunda y que se ha atendido de manera ineficaz a lo largo del tiempo, particularmente de esta etapa de Gobierno de la Presidenta Sheinbaum.
Si Culiacán tenía un millón de habitantes y ahora son 800 mil, quiere decir que hay un desplazamiento motivado por la violencia que todo lo afecta, como el cierre de negocios, el crecimiento del comercio y actividades informales, la pérdida de empleos, temor y deserción en el sistema escolar, balaceras constantes día y noche, bloqueos carreteros que no han terminado, a pesar de los muchos efectivos policiacos, militares y de la Guardia Nacional que se han destacamentado en varias partes de la entidad.
Si García Harfuch es superado por la circunstancia sinaloense, quiere decir que habrá fracasado y que eso no se sustituye con la artificialidad con la que se rodea a su personalidad.
Sinaloa es una tierra húmeda, con muchos ríos caudalosos como El Fuerte y El Culiacán, pero caminar ahí sin ensuciarse los zapatos es muy difícil, y García Harfuch, por expresarlo con una frase que encontré en una lectura reciente y que me gustó, “no puede ser un gato que camine delicadamente por una calle fangosa sin mancharse de lodo”.
Puede ser su Waterloo.
*Autor.-Jaime Garcia Chavez/SinEmbargo
Por qué la referencia a Waterloo
En nuestro título enfatiza y respalda al autor de este articulo, pues tras casi un año de estrategia contra la violencia en Sinaloa, los resultados siguen siendo insatisfactorios y, por tanto, el reto podría representar el “Waterloo” de García Harfuch; es decir, su derrota definitiva como responsable de seguridad federal.
La mención de “Waterloo” es contundente: así como la famosa batalla selló el fin de Napoleón, este episodio puede marcar el límite para Harfuch en su carrera política, evidenciando que tras acciones, despliegues y golpes mediáticos, la crisis en Sinaloa persiste, sin paz ni resultados que avalen el éxito. Ante el tamaño y complejidad del problema—grupos delictivos muy fortalecidos, violencia estructural y desconfianza social—lo conseguido ha sido puntual, pero claramente insuficiente.
La frase clave en el periodismo
Al afirmar “quien no puede lo menos, difícilmente podrá con lo más”, se subraya que el funcionario no ha logrado resolver un caso emblemático. Por analogía, resulta poco probable que pueda enfrentar llegado el momento,problemas nacionales más graves, cuando en vez de apagarse, se enciendan mas hogueras ,consolidando la idea de un factor de fracaso decisivo, equiparable al Waterloo político.
Nuestro encabezado busca refleja la importancia, criticidad y simbolismo de Sinaloa en el contexto nacional de seguridad, así como una posible “caída” y aunque se ve remota dada la estrecha relación con Sheinbum,el autor no se equivoca en su analogía a Waterloo donde claramente no ha podido y aun esta muy lejos de poder.
Con informacion: Jaime García Chavez/SINEMBARGO/medios

No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Tu Comentario es VALIOSO: