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viernes, 31 de julio de 2026

LE "VAN a PONER el DEDO,ATOREN al ALMIRANTE: FGR CITÓ 7 MARINOS en la UNIDAD de DELINCUENCIA ORGANIZADA"... ligados al escándalo naval de huachicol fiscal.


La Fiscalía General de la República decidió que ayer este jueves era buen día para recordar que el escándalo del huachicol naval no es precisamente un invento conspiranoico: siete marinos fueron citados a declarar ante la unidad especializada en delincuencia organizada. Sí, esa misma historia donde, según las acusaciones, uniformes, escritorios y billeteras privadas se alinearon para meter al país cientos de millones de litros de gasolina ilegal como si fueran mercancía de Costco.

La noticia no la presumio la autoridad, sino la defensa del vicealmirante Manuel Roberto Farías Laguna, señalado —junto a su hermano— como uno de los cerebros de esta coreografía criminal donde militares, funcionarios y empresarios bailaban al mismo ritmo. 

Entre los citados aparece un viejo conocido: el testigo que en febrero soltó la bomba de que dentro de la red alguien pidió ayuda directa a Rafael Ojeda Durán, entonces secretario de Marina con López Obrador, para dejar pasar un barco cargado de combustible de contrabando. Nada menor: pedirle al jefe que “eche la mano” para que el negocio fluya.

Y por si faltaban personajes, reaparece el enigmático “Capitán Sol”, prófugo y pieza clave de esta trama. Según otro testimonio, cuando el buque Torn Agnes fue detenido en Guaymas en 2025, Solano —su nombre real— no se inmutó: avisó que hablaría con Ojeda Durán para “controlar la situación”. Traducido: cuando el sistema falla, se escala al nivel donde ya no falla.

Las siglas abundan, como en cualquier expediente que huele a encubrimiento: J.C.S.P., L.A.G.A., B.A.G.A. Todos conectados con la aduana de Guaymas, todos con historial en el manejo —o desmanejo— de cargamentos sospechosamente bien tolerados. El relato pinta una estructura donde entrar al negocio implicaba lealtad, renuncias estratégicas y acceso a información privilegiada desde la propia inteligencia naval. Porque claro, ¿quién mejor para proteger el contrabando que quienes deberían combatirlo?

El método era casi elegante en su cinismo: barcos con millones de litros de diésel que en papel se convertían mágicamente en “aditivos de aceites lubricantes”. Diez millones de litros declarados con otro nombre y asunto resuelto. El Seaways Citron pasó sin problemas, como pasan las cosas cuando todos los sellos están previamente convencidos. Después venía la parte democrática del negocio: repartir sobornos entre civiles y militares para que nadie se quedara fuera del festín.

Pero no todo era terso. A inicios de 2025, el decomiso de otro buque en Tampico encendió las alarmas. El mensaje interno lo dice todo: “esto ya se salió de control”. La respuesta fue aún más reveladora: escalar el asunto otra vez, ahora incluso mencionando a “Andy”, el hijo del expresidente, como posible carta de presión. Porque cuando el negocio tambalea, siempre hay un contacto más arriba… o al menos eso creían.

Y en medio de todo, una constante inquietante: el nombre de Ojeda Durán reaparece una y otra vez en testimonios, audios y cartas. La más grave, la escrita por el militar Fernando Guerrero Alcántar tras reunirse con él en 2024, donde describe el engranaje completo de corrupción. Según una grabación, en lugar de escuchar la denuncia, la respuesta fue ofrecer silencio. Omertà versión institucional.

Cinco meses después, Guerrero Alcántar estaba muerto.

Pero la maquinaria siguió. Porque en esta historia, lo verdaderamente escandaloso no es que exista una red de contrabando, sino lo profundamente normalizado que parece que exista… y funcione.

Con información: DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS/DANIEL CARABAÑA/

«5 MESES por MILLON: JUSTICIA TARIFARIA en MEXICO SENTENCIA al CHINO ZHENLI YE GON con 15 AÑOS de CARCEL por LAVAR 33 MILLONES de DOLARES»…y multa de 140 mil pesos.


Quince años de cárcel por más de 33 millones de dólares lavados. Traducido al lenguaje que sí entiende el ciudadano promedio: aproximadamente 0.45 años de prisión por cada millón de dólares. O, si se prefiere la métrica nacional, unos cinco meses de encierro por cada millón que cruzó alegremente hacia paraísos fiscales. El mercado penal también tiene sus tarifas.

El caso Zhenli Ye Gon es una pieza de museo del sistema judicial mexicano: toneladas de precursores químicos, un laboratorio digno de franquicia industrial de metanfetaminas y, como cereza del pastel, el decomiso más grande de efectivo en la historia del crimen organizado en el país —más de 200 millones de dólares apilados con una pulcritud casi bancaria. Pero al final, la sentencia que logra cristalizar después de casi dos décadas de proceso es por 33 millones. No por los 200 encontrados. No por los 90 inicialmente señalados. Treinta y tres. Como si el resto hubiera sido una ilusión óptica o un error contable del tamaño de una bóveda.

La justicia mexicana, siempre tan cuidadosa con las proporciones, parece haber encontrado un equilibrio curioso:mientras más grande el escándalo, más quirúrgica la reducción del castigo efectivo. Diecinueve años detenido —entre Estados Unidos y México— para obtener, finalmente, una condena que no incluye beneficios, pero sí una multa que roza lo simbólico: 140 mil pesos. Una cifra que, frente a los millones lavados, funciona más como propina institucional que como sanción.

Y aquí entra el análisis incómodo: si el precio de lavar dinero en México termina siendo medio año de prisión por cada millón de dólares, el mensaje no es disuasivo, es tarifario. No castiga, calcula. No inhibe, administra riesgos. Porque en la ecuación real, el tiempo procesal —ese limbo de años sin sentencia— ya se volvió parte del castigo… y también del desgaste que diluye los casos.

El expediente Ye Gon, que alguna vez prometía ser el emblema de una ofensiva contra las finanzas del narcotráfico, termina convertido en una lección de aritmética judicial: cifras monumentales al inicio, recortes progresivos en el camino y, al final, una condena que parece más diseñada para cerrar el caso que para dimensionarlo.

Quince años por 33 millones. Cinco meses por millón. La justicia, al parecer, también sabe hacer conversiones.

Con información: ELNORTE/

«GRECIA TENÍA RAZÓN: VINCULAN AL «R1» LIGADO a MORENA con ASESINATO de CARLOS MANZO… casi todos los caminos del crimen son guindas.


Ayer jueves 30 de julio, el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, informó de la detención de Ramón Ángel Álvarez Ayala «R1», quien fue señalado como el autor intelectual del homicidio del expresidente de Uruapan, Carlos Manzo, asesinado en noviembre 2025 y había sido liberado aun y con 5 procesos penales en 2022,como cita El Universal.

Pero aqui la historia que no dijo Harfuch ,se cuenta sola:mientras “El R1” salía en un sabadazo de 2022,el crimen organizado afinaba agenda con la clase política que jura combatirlo, pero termina posando en la misma foto y en la misma nómina.

El sabadazo y el cadáver político

“El R1” no solo fue liberado, fue graduado con honores del sistema de justicia mexicana: tres años después, lo señalan como cerebro del asesinato de Carlos Manzo, alcalde de Uruapan.

No es casualidad, es método: se abre la reja, se firma el oficio y, en automático, se cruzan los caminos del narco y del partido en el poder como si fuera programa oficial de empleo.

La élite que dejó crecer al narco

En Michoacán, las fotos se reciclan, pero los muertos son nuevos: los mismos políticos de siempre, del PRD a Morena, administraron el cáncer del crimen organizado hasta convertirlo en socio mayoritario de la vida pública.

No es que no vieran venir al monstruo, es que lo dejaron crecer, le dieron silla en el cabildo, foro en las asambleas y trato de “liderazgo social”.

Roldán Álvarez, de luchador social a ficha del Cártel

El cuento oficial dice que Roldán Álvarez Ayala es militante de Morena desde 2023, consejero estatal, exalcalde de Apatzingán, dos veces candidato plurinominal, veterano de los gobiernos de Lázaro Cárdenas Batel y Leonel Godoy.

El expediente no oficial lo coloca como uno de los jefes de una célula del Cártel Jalisco, junto con sus hermanos Ramón y Rafael, señalada por ordenar el homicidio del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo.

Del “Michoacanazo” al reciclaje político

Roldán ya había pasado por detención de alto perfil en el “Michoacanazo” de 2009, pero la puerta giratoria lo regresó a la vida pública como si nada: de presunto ligado al crimen a consejero morenista con discurso de luchador social.

En lugar de quedar inhabilitado, reapareció en asambleas internas de Morena en 2022 y 2023 para definir a la candidata presidencial, mientras su hermano “El R1” movía las piezas criminales en paralelo.

Amenazas, balas y candidaturas

A Roldán lo acusan de amenazar e intentar matar al priista Sergio Ochoa por atreverse a disputar la candidatura a Apatzingán, porque en esa zona la democracia parece resolverse con ráfagas, no con votos.

Y en 2025, según el documento, “El R1” habría contratado a “el licenciado” para planear el asesinato del propio Roldán, cerrando el círculo mafioso donde los hermanos se reparten balas, cargos y funerales

Con información: IRVING PINEDA/ ELUNIVERSAL/JJDIAZMACHUCA/

jueves, 30 de julio de 2026

«AGARRÓ PARTIDO el GOBIERNO ?: DESMENUCE MAGISTRAL de PERIODISTA EXHIBE lo DICHO: «HARFUCH y MILITARES ECHÁNDOLE MONTÓN a CHAPITOS»…Mayos avanzan,quieren Mazatlán.


El texto de Ismael Bojórquez y su videocolumna en Rio Doce, es en el fondo una acusación muy seria envuelta en guante de seda: el gobierno está jugando a árbitro neutral en una guerra donde ya eligió a qué equipo le presta el uniforme, las balas y el silencio institucional.

Eje central: el gobierno que “no toma partido”

Bojórquez parte de una pregunta que en México suena casi ingenua: ¿el gobierno ha tomado partido en la narcoguerra ?

Lo interesante es que no responde con consignas, sino con anatomía: acuerdos castrenses fragmentados, arreglos económicos tras detenciones, militares que negocian por zona y por grupo como si fueran franquicias de violencia.

En su explicación, las Fuerzas Armadas no son un bloque monolítico, sino una suerte de mercado persa donde cada general, coronel o mando local se rasca con sus propias uñas… y con su propio narco.

La “neutralidad” del Estado se desmorona cuando recuerda que ya hubo momentos en que la presidencia cargó abiertamente los dados, como en la guerra Beltrán vs Mayos/Chapos bajo Calderón, con García Luna en el ajo y un presidente que, según AMLO, “lo sabe todo”.

Chapitos, Mayos y la aritmética del poder

El corazón de videocolumna está en el reconocimiento de que esta guerra interna del Cártel de Sinaloa no es solo un pleito entre mafiosos, sino un problema de Estado que exige definiciones políticas.

Cuando Bojórquez plantea que terminar la guerra significa abatir la presencia de uno de los grupos —no su desaparición, solo recortarles el poder— está describiendo una solución de ingeniería política, no de justicia.

El grupo más débil son ahora los Chapitos, los que han recibido más golpes del gobierno y de los Mayos, y por tanto la pieza lógica a sacrificar en este tablero.

Ahí la “solución pragmática” del gobierno suena a manual de realpolitik criminal: se selecciona al perdedor, se le administra el castigo, se reduce la intensidad de la guerra y se vende al público como recuperación de la paz.

Pax Narca y narcopolítica: la paz impostora

Bojórquez no compra el relato de la “pacificación” por acuerdos con cárteles: la llama directamente “Pax Narca”, una paz que depende de acuerdos mafiosos tan frágiles como una cuerda reventada.

La sociedad no quiere esa paz simulada; quiere un Estado fuerte, sin narcoalcaldes, narcodiputados, narcopolíticos y sin ese rosario de complicidades que la ONU ya describe como crimen organizado disputando el poder político formal.

Cuando advierte que los narcos ahora buscan capturar ayuntamientos y hasta gobiernos estatales, está alineado con diagnósticos recientes sobre la expansión de la narcopolítica como método de control territorial y normativo.

Su advertencia de que “los narcopolíticos no duermen” es menos una frase retórica que un aviso de campaña: la disputa real no está solo en las balaceras, sino en las listas de candidatos, en los pactos silenciosos y en la selección de quién se hace gobernador o alcalde.

Mazatlán: la joya de la corona y el cálculo del Estado

El foco en Mazatlán no es casualidad: Bojórquez lo describe como la plaza donde se van a concentrar los hechos violentos y, al mismo tiempo, como el escenario previsto por el propio gobierno.

Las refriegas se movieron del sur (Rosario y Escuinapa, bastiones de los Chapitos) hacia el puerto, mientras los Mayos, apoyados por los hermanos Cabrera desde Durango, avanzan como quien reclama un trofeo largamente disputado.

En ese contexto, el envío de “cientos y miles de soldados” a Mazatlán luce menos como un despliegue neutral y más como el acompañamiento armado de un reacomodo interno del narco al que el Estado ha decidido adaptarse, no combatir frontalmente.

La pregunta incómoda que deja flotando es: ¿es un operativo para proteger a la población, o para administrar la transición de poder entre facciones criminales sin que se desborde demasiado el escándalo ?

El eco con Tamaulipas y otras guerras silenciosas

En valor ValorTamaulipeco coincidimos totalmente con Bojórquez y asi lo hemos docuemntado ,pues el “enroque criminal” no es un simple guiño, sino el recordatorio de que este patrón se repite: Harfuch, militares y la “Mayiza” haciéndole montón a la “Chapiza” como si fuera una táctica más dentro de una guerra administrada.

Ese “enroque” no solo es un cambio de piezas: es, en términos políticos, el reconocimiento tácito de que el Estado acepta jugar en el tablero del narco siempre que pueda presumir “orden” aunque sea un orden impuesto por quienes matan y desaparecen.

La conexión con las acusaciones del gobierno estadounidense contra funcionarios sinaloenses vinculados a los Chapitos refuerza la idea de que la presión internacional también está empujando a que el Estado mexicano reacomode lealtades internas.

Entre la “conexión mortal” que denuncia el jefe de la DEA y las acusaciones específicas contra el gobernador Rubén Rocha Moya, el discurso del gobierno mexicano de “no tomar partido” se vuelve, en el mejor de los casos, una mala broma.

Con información: RIO DOCE/ ISMAEL BOJORQUEZ/

«YEICOP se CONSOLIDA como la PIEDRA en el ZAPATO del ALCALDE MORENO‑NARCO de MATAMOROS»… y nos da su versión del incendio de PepSico.

En uno de sus múltiples videos, y desde su perfil en Facebook, Yeicop no está haciendo campaña: está montando un ring improvisado sobre las ruinas chamuscadas de PepsiCo y usando al alcalde de Morena, José Alberto “Beto” Granados —para variar, multiseñalado como aliado del Cártel del Golfo— como costal de boxeo político.

El “terror del gobierno corrupto” se sube al ring

El video arranca como si fuera anuncio de función de barrio en el Mundo Nuevo, pero en realidad es un mitin de campaña disfrazado de reto de box: Yeicop le pone fecha, hora y lugar al alcalde para que se mida “como un verdadero macho”.

No le interesa ganar por puntos, le interesa noquearlo en el único terreno donde Beto no sabe pelear: las cuentas públicas que huelen más a jugo derramado que a obra olímpica y sus narconexos que le tumbaron la visa americana tras 8 largas horas de interrogatorio por parte de autoridades de EE.UU. que pronto lo conducirán a prisión federal de EE.UU.

En segundos, el “terror del gobierno corrupto” pasa de reto físico a acusación frontal: que si 18 millones reportados en el Parque Olímpico pero solo se ve un millón, que si 20 millones en avenidas y apenas 100 mil invertidos.

La pelea que propone no es de guantes, es de facturas: que el alcalde suba al ring con sus contratos y él con sus videos, a ver quién aguanta más rounds sin caerse por corrupción.

Del Parque Olímpico a la bodega incendiada

La narrativa de Yeicop tiene geografía propia: del Parque Olímpico se brinca directo a la bodega de PepsiCo, como si Matamoros fuera un mapa de delitos contables y siniestros “casuales” con olor a cuota.

En su otro video, en plena zona del incendio, monta una escena con un jugo de seis pesos para explicar cómo, según él, se fabrica un incendio a la carta: tiras algo, te vas corriendo y luego todos hacen como que nadie vio nada.

Mientras bomberos y autoridades hablan de unidades quemadas y de causas por “investigar”, y TV Azteca le da cobertura al siniestro de la empresa PepsiCo, propietaria de Sabritas y Pepsi, Yeicop ya tiene su veredicto: “el gobierno corrupto está coludido” y esto huele más a cobro de piso que a cortocircuito.

La empresa puede decir que no hay antecedentes de amenazas ni extorsión y que se quedan en Matamoros, pero Yeicop no está en modo conferencista corporativo, está en modo fiscal de barrio: si hay cuotas, hay complicidades; si hay camiones quemados, alguien está cobrando la factura política, muy coincidente con la versión de Codigo Magenta que repite lo que dice la calle.

Beto Granados: alcalde, villano y sparring

Para Yeicop, Beto Granados no es solo alcalde 2024‑2027, exdiputado local de Morena y figura rodeada de polémicas, entre ellas su pertenencia al grupo criminal que lo llevo al poder con aval del gobernador: es, directamente, el “compadre” que permite todo.

Lo acusa de vivir de clausuras, cuotas y moches, de operar un gobierno que cierra negocios chinos y restaurantes mientras la impunidad atropella ciclistas en Avenida del Niño y deja familias con la cuenta del sepelio.

En sus publicaciones, remata con la misma fórmula: el pueblo tiene “hambre de justicia” y él será quien “les dé justicia este 2027”, como si la presidencia municipal fuera el cinturón de campeón que se gana después de sobrevivir a todos los rounds contra la corrupción institucional.

La paradoja es que, mientras la alcaldía jura estabilidad tras el incendio y las empresas hablan de protocolos, él invoca a figuras como Omar García Harfuch como si fueran segundos de esquina listos para meter orden en un ring plagado de sellos de clausura arrancados y denuncias por meterse donde no lo invitan.

Yeicop: candidato de barrio a punta de videos

Su perfil no se parece al de un político clásico; se parece más al de un cronista de colonia que descubrió que el algoritmo premia el escándalo y el tono de pleito.

No tiene trayectoria institucional amplia, pero tiene lo que muchos alcaldes en crisis desearían: una audiencia que lo sigue cuando se presenta como “único político no coludido” y “próximo presidente de Matamoros” dispuesto a “quitar la corrupción de raíz”.

Su discurso mezcla todo: deporte, boxeo, justicia, atropellamientos, extorsiones, bomba molotov explicada con un jugo y nostalgia por Colosio, todo revuelto en un guiso donde el enemigo siempre es el gobierno municipal actual.

Promete que en 2027‑2030 no habrá clausuras arbitrarias, ni cobro de piso, ni moches, que se podrá emprender libremente y que el deporte será prioridad “de mil maneras”, mientras lanza retos personales al alcalde como si fuera casting público para definir quién aguanta más golpes: el político de Morena o el ciudadano de barrio.

De la bodega quemada al voto de 2027

El incendio de PepsiCo, que oficialmente se investiga y que la empresa intenta encapsular como incidente sin extorsión ni víctimas aun y sin resultados de las pesquisas, Yeicop lo usa como metáfora del modelo Matamoros: si queman camiones, clausuran negocios y liberan influyentes, es porque la corrupción está dentro del gobierno, no afuera.

Cuando dice que él mismo fue víctima de corrupción y que lo llaman loco, ridículo o trastornado, en realidad está construyendo un personaje: el tipo que ya está acostumbrado a que lo golpeen, pero que en 2027 piensa regresar cada golpe convertido en voto.

Su reto de box a Beto Granados, colocado justo encima de la denuncia por las cuentas infladas del Parque Olímpico y de las cuotas que, según él y la bandita, operan detrás del incendio, funciona como resumen brutal de su propuesta de campaña: si el alcalde no puede subir al ring a aclarar números, entonces que se prepare porque el barrio lo va a sacar por nocaut electoral.

En un contexto donde las instituciones hablan con comunicados y él con videos de celular llenos de denuestos y emojis, la pregunta es quién está marcando realmente la agenda en Matamoros: el presidente municipal en su despacho o el “futuro presi” que reta a golpes y narra incendios como si fueran capítulos de una telenovela de corrupción permanente.

Con información: @Hp Yeicop/REDES