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martes, 4 de agosto de 2026

BIEN ENTRACALADOS: TALENTO GASTALON de SHEINBAUM HIZO CRECER la DEUDA a 20.35 BILLONES de PESOS… algo así como 40.7 toneladas de billetes de 500 pesos.

Mientras el Gobierno federal o bajo la responsabilidad de la Presidenta Claudia Sheinbaum , presume “estabilidad” en las finanzas públicas, la deuda sigue creciendo como si tuviera autopista libre y sin caseta.

Al cierre de junio de 2026, la deuda bruta del sector público federal ya rondó los 20.35 billones de pesos, equivalente a 54.8% del PIB, cuando al cierre de 2025 estaba en 54.2%. Traducido al idioma que sí entiende la gente: el país no está desendeudándose; está viviendo del fiado y además a plazos cada vez más incómodos. 

Lo que no quieren decir tan fuerte

Hacienda puede repetir que México todavía está por debajo del famoso umbral de 60% del PIB, pero ese argumento suena bonito solo si se ignora la letra chiquita: México recauda muy poco, crece poco y gasta con una rigidez que no perdona. Como advirtió Fausto Hernández Trillo, comparar a México con países europeos que sí recaudan 40% del PIB es hacer trampa con calculadora ajena; aquí el margen fiscal es mucho más estrecho.

El problema de fondo

El asunto no es solo cuánto debe México, sino para qué se endeuda y si esa deuda produce crecimiento

Si el dinero se va a cubrir huecos, sostener gasto corriente o tapar ineficiencias, la deuda deja de ser una palanca y se convierte en una muleta cara; y mientras la economía siga creciendo a paso de tortuga, cada peso prestado pesa más. Fitch ya advirtió que un incremento acelerado de la deuda, un fracaso en la consolidación fiscal o un choque económico fuerte pueden presionar la calificación soberana. 

La bronca real para el bolsillo

Cuando la deuda sube sin que la economía acelere, el mercado empieza a cobrar más caro el riesgo. Eso significa más presión sobre tasas, menos espacio para inversión pública y, en el peor escenario, la amenaza de perder grado de inversión, lo que encarece el crédito para gobierno, empresas y familias. En pocas palabras: si el gobierno sigue festejando estabilidad mientras el pasivo se infla, la factura no la paga el discurso; la paga el contribuyente. 

Con información: ELNORTE/

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