No es lo mismo regar gasolina que regar el discurso, pero este gobierno ya hizo ciencia: convirtió una narcorrefinería en “centro de procesamiento” con solo chasquear los dedos semánticos.
En el nuevo diccionario de la 4T, ya no hay huachicol, hay “procesamiento alternativo de hidrocarburos”; ya no hay refinerías clandestinas, hay “centros de procesamiento”, casi casi parques industriales temáticos.
La presidenta Sheinbaum nos dice no es escándalo, es un simple “centro de procesamiento de combustible”, como Dos Bocas… nada más que éste sí procesa algo y no costó un mundo en propaganda.
La historia oficial suena así: la Guardia Nacional vivió años pared con pared con el negocito de huachicol, pero se dio cuenta apenas “hace poquito”, como vecino que descubre en 2026 que junto a su casa hay un Oxxo. Y para rematar, desde el púlpito presidencial se nos sermonea que criticar eso es “desinformar”, porque una refinería “de verdad” lleva procesos muy complejos… no como este changarro, que apenas si calificaba para maquilita de combustibles pirata.
La escena es surreal: mientras el gabinete de seguridad se cuelga la medalla por “descubrir” lo que tenían enfrente, la narrativa oficial se dedica a pulir el eufemismo, no los datos. Hoy el crimen organizado no monta refinerías ilegales, invierte en “centros de procesamiento” con nombre de proyecto federal y vista panorámica a la Guardia Nacional.
Y si alguien se atreve a señalar la contradicción, la respuesta es sencilla: no confunda, ciudadano, refinería es lo que presume el gobierno; lo demás, aunque huela, parezca y funcione como refinería, es solo semántica… procesada.
Con información: CAMACHO/REFORMA

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