Visitanos tambien en:

domingo, 11 de mayo de 2025

“DIOS se PASÓ de LARGO ?”: “PRENSA ESPAÑOLA cuestiona SI DIOS le DIO la ESPALDA a MEXICO y NOS DEJO a MERCED de la BARBARIE”…pero no, esta en la dignidad de quienes no se rinden, en la memoria de las víctimas y en la rabia de los que denuncian.


El diario español,El País,nos ofrece hoy una radiografía descarnada y crítica sobre la violencia cotidiana en México, usando como hilo conductor una serie de crímenes recientes -el asesinato de dos niñas en Sinaloa perpetrado por el ejercito mexicano, una enfermera y una activista en Jalisco- para ilustrar la magnitud de la crisis de seguridad y la normalización de la barbarie en el país, todo bajo el segundo piso militarizado y sangriento del gobierno.

¿Dónde está Dios?

Quizá en estos días de plomo y silencio, el periodista no es el unico que cuestiona desde el otro lado del atlántico,porque la pregunta resuena con más fuerza que nunca en los rincones de México. ¿Dónde está Dios cuando dos niñas caen bajo las balas de Militares asesinos en Sinaloa, cuando una enfermera es ejecutada en su puesto, cuando una activista aparece muerta por defender el derecho más elemental: el agua? ¿Dónde está Dios cuando la vida se apaga en la impunidad, y la justicia es solo una palabra vacía?

Tal vez Dios está ocupado en otros milagros, en otras promesas, en la algarabía de un nuevo Papa o en los rezos de quienes aún creen. O quizá, como sugiere el artículo, decidió pasar de largo, incapaz de soportar el dolor de los que aquí quedan.

O puede que Dios sí esté, pero se ha vuelto invisible entre tanto desgobierno, entre tanto “lo lamentamos” y “llegaremos hasta las últimas consecuencias” que jamás llegan. ¿Está Dios en los rezos de las madres que buscan a sus hijos desaparecidos? ¿En los gritos de quienes exigen justicia y reciben indiferencia? ¿O se ha refugiado en el silencio, harto de ser invocado en vano por autoridades que no escuchan ni actúan?

Quizá, en realidad, Dios está donde siempre ha estado: en la dignidad de quienes no se rinden, en la memoria de las víctimas, en la rabia de los que denuncian, en la esperanza de que algún día la barbarie ceda y la justicia vuelva a tener sentido. Pero mientras tanto, en México, parece que Dios, como tantos otros, ha decidido guardar distancia, dejando a los suyos a la intemperie, bajo el fuego y el olvido.


Asi lo dice Salvador Camarena,en El Pais

“…Mientras el planeta celebra la llegada de una nueva promesa de un Papa bueno, en México, para donde se voltee, los fogonazos de la violencia hacen pensar que Dios pasa de largo frente a las mortificaciones de los más indefensos de estas tierras.

Dos niñas, una activista y una enfermera. Cuatro almas enviadas en las horas de esta semana infausta al limbo de la impunidad mexicana que mes a mes registra dos mil homicidios. Y se supone que esa es la buena noticia. Que ya son solo dos millares de asesinatos mensuales.

Hijas y madres asesinadas.

En Badiraguato, dos chiquillas cosidas a balazos en un paraje de ese infierno que en los mapas aparece con el nombre de Sinaloa. Culpan de tal absurdo al fuego cruzado entre militares y delincuentes. No puede quedar espacio a la duda de si la milicia tiene responsabilidad.

En Jalisco, en el amanecer de este viernes en esa canícula que siempre es mayo en ese estado, a la mitad de su vida una mujer que curaba gente recibe dos disparos: muere en un charco de sangre, su sangre, en su enfermería. Quién cuida a los que cuidan en este país.

La anterior interrogante se debe reformular para incluir a otro feminicidio de estos días. Apareció muerta luego de semanas desaparecida una defensora comunitaria en Jalisco. ¿Quién defiende a los defensores? En México, ni dios ni el César.

Vidas rotas por una guerra normalizada. Dejen ustedes los narcocorridos, prohibamos la naturalidad con que se asume la bestialidad de que unos desalmados tengan en su puño regiones enteras y les dé lo mismo matar niñas, madres, enfermeras, activistas.

Aquí mandamos nosotros, es el mensaje en Jalisco, en Sinaloa, y en tantas regiones más (la burla que es el gobernador de Sonora, ex secretario de Seguridad para más señas, al que se le escapó esta semana un criminal peso pesado, por ejemplo). Qué desgobierno hay.

O más bien, los que gobiernan están en otra parte: aquí mandamos nosotros, dicen al matar. Ni las y los alcaldes. Ni los gobernadores. Ni la presidenta ni su secretario estrella. Aquí mandamos los criminales, y sobre nosotros, entiéndanlo ustedes, pobres diablos, ni dios.

La muerte golpea diario a México. La promesa de la paz es menos creíble que nunca: pues las estadísticas de Palacio Nacional son esos otros datos autocomplacientes que no le dan tranquilidad al pueblo, un universo paralelo frente a una realidad que tiene rostro de Teocaltiche.

Hay que revisar las frases hechas.

Ni “fuego cruzado” ni “víctimas colaterales” explican algo cuando la muerte violenta es lo normal y la gente a merced de los criminales también. El fuego cruzado se instaló tan de lleno en la rutina que los niños aprenden el pecho a tierra junto con la tabla del dos.

A ese ritmo, lo milagroso será una vida cotidiana donde sea raro enterrar niñas asesinadas, madres ejecutadas en su trabajo, defensoras muertas porque en su inocencia creyeron que es posible defender una comunidad sin dibujarse en la frente una diana.

En Sinaloa no puede haber víctimas colaterales si de mañana y noche, en ciudades y pueblos, en terracerías y autopistas, a su antojo los sumos pontífices del crimen decretan que llueva fuego, muera quien muera. Todos los sinaloenses son hoy víctimas potenciales. Eso.

En Jalisco tampoco hay que tomar en serio los lugares comunes del lamentamos, condenamos, investigaremos, nos solidarizamos, llegaremos a las últimas consecuencias, denme 45 días para resolver el problema…

Porque cuando las palabras se vacían de contenido, es menester buscar otras, más precisas, menos gastadas, así resulten más altisonantes o extremas; porque si las palabras no son creíbles, ni conmueven, o pierden su significado, muere la cultura, eso que nos civiliza. Si no sirven para entendernos, ni ayudan a buscar una solución, son entonces una señal más de que estamos en la selva.

Es pura barbarie, la tierra jalisciense.

Una enfermera de nombre Cecilia Ruvalcaba fue ejecutada la noche del jueves en su puesto del hospital comunitario de Teocaltiche. Ella era además regidora municipal en esa misma comunidad que semanas atrás vio cómo asesinaban al secretario del Ayuntamiento.

¿Cómo explican desde la presidenta Claudia Sheinbaum hasta el gobernador Pablo Lemus que hayan matado a una regidora de Teocaltiche así como así cuando gobierno estatal y federal anunciaron que se coordinan para pacificar ese poblado? Fácil: no lo explican.

Una activista de nombre Karina Ruiz Ocampo, de 47 años, y como Cecilia Ruvalcaba madre de tres hijos, fue asesinada. La desaparición de Karina se reportó desde mediados de abril, y su cuerpo fue localizado hace unas semanas: ella demandaba agua para su comunidad. En Arenal, Jalisco, muy cerca de la capital, muy cerca de Teuchitlán. Muy cerca del peligro que simplemente tratar de vivir con dignidad.

Y solo son dos de los múltiples asesinatos semanales de Jalisco, esa tierra donde hará pronto 32 años un cardenal fue enviado al cielo en el mismito aeropuerto: si pasan gobiernos y años y la justicia no mejora, los criminales, que no son blancas palomas, solo empeoran.

Pura barbarie es Sinaloa, donde toda la semana, incluso la madrugada de este sábado, el estado ha estado bajo fuego. ¿Cómo explica la presidenta y el gobernador Rubén Rocha que no puedan controlar esa guerra? Fácil: no lo explican.

No explican ni dan prioridad a la muerte de Alexa de 7 años de edad y Leydi de 11, el martes en Badiraguato por balas originadas en un presunto choque entre criminales de ese estado y fuerzas armadas. Dos niñas, las nuevas —porque por desgracia no se puede decir que las últimas— víctimas de la guerra que desde septiembre ha matado al menos 39 menores de edad, según un reporte de la comisión de derechos humanos sinaloense citado por la prensa.

En el sexenio pasado el presidente reconoció uno de esos días en que le daba por dejar el cinismo y ser cándido que sin seguridad no habría transformación. En el nuevo sexenio Sinaloa y Jalisco, y Guanajuato y Guerrero, y tantas otras regiones, desmienten el optimismo de estadísticas delincuenciales consistentemente a la baja desde octubre.

O si se quiere, hacen que se replantee la pregunta. Muy bien presidenta, dados por buenos los otros datos de la mañanera, cuándo llega la paz a Sinaloa, cuándo podrá la gente de Jalisco no temer que maten a sus buscadoras, cuándo los criminales tendrán temor de ese dios que es una justicia real y una pena puntual a sus barbaridades.

A saber si llega esa respuesta; lo que sí ocurrirá es que los ruegos de la presidenta serán escuchados: en un cosa de meses iniciará su apropiación del Poder Judicial federal, de ése que esta misma semana en Palacio culparon de liberar delincuentes. Su deseo se habrá cumplido: ya solo de ella será la responsabilidad total de la justicia.

En su primer informe de gobierno, rumbo a su primer año en el poder, la presidenta podrá presumir en septiembre que todo lo lograron: cambios legales a modo y secretaría de seguridad empoderada, delitos en prisión preventiva oficiosa como si fuera la multiplicación de los panes, tiene guardia nacional reforzada y —seguramente— estadísticas a la baja, y tendrá la Corte a su disposición y por si fuera poco el fuete del tribunal de disciplina judicial. Y un fiscal obsequioso, como se vio en el caso Teuchitlán. Todo para la presidenta Sheinbaum.

Ojalá también tenga conciencia de que todo eso es nada si vuelve a haber semanas como esta: donde niñas que no tendrían que haber muerto ya han sido enterradas, donde dos madres no pudieron festejar este sábado y sus hijos, y la sociedad, pueden esperar del futuro todo, menos una paz pronta.

Y ni rezar parece buena idea, porque dios anda distraído en lo del nuevo Papa mientras en México las balas criminales impidieron que llegaran todas a este diez de mayo: nos faltan Karina, Cecilia, Alexa y Leydi, para empezar.

Con informacion: SALVADOR CAMARENA/DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS

LA “COBARDIA VA por DELANTE”: “DETRAS de ASESINATO de ALEXA y LEIDY en SINALOA esta el MIEDO MILITAR que JALA el GATILLO VENTAJOSAMENTE y SIN que NADIE les DISPARE”…el miedo consentido es cobardia,pero el miedo si se controlan,seria valor.


El enésimo asesinato por “horror mas que por error” ,de las niñas Alexa y Leidy en Badiraguato, Sinaloa, el pasado 6 de mayo a manos de elementos del Ejército Mexicano, ha sido señalado por sus familiares como un “ataque directo” y no como un daño colateral o resultado de un fuego cruzado, como inicialmente intentaron presentarlo dolosamente las autoridades. 

Pero este caso, lejos de ser un hecho aislado, ilustra una constante y preocupante actuación de las fuerzas armadas desde el inicio de la llamada “guerra contra el narco” en 2006,cuando el mismo ejercito entonces bajo las ordenes de Felipe Calderon,el “señor de las masacres”, convirtió a un mero problema de seguridad publica,en otro aun mas grave de seguridad nacional.

Un problema en el que nos metieron y no nos han podido sacar por su falta de capacidades y sobrada colusión, donde la letalidad desproporcionada y la impunidad en el uso excesivo de la fuerza han sido factores determinantes en la matazón de inocentes.

¿Qué ocurrió en Badiraguato?

Familiares y testimonios directos sostienen que los militares dispararon contra el vehículo familiar tras confundirlo con otro, sin que existiera una agresión previa, resultando en la muerte de las menores y heridas a otros familiares. La indignación social y el reclamo de justicia se centran en que no fue un “error” sino una acción injustificable y cobarde, como lo han calificado los propios familiares.

¿Por qué el Ejército dispara primero y pregunta después?

1. Cobardía institucional y dinámica de “gatillo fácil”

El miedo a perder la vida, la presión de operar en zonas de alto riesgo y la falta de protocolos efectivos de identificación y control llevan a que los militares disparen ante cualquier sospecha, incluso sin recibir disparos ni órdenes claras. 

Esta conducta se ha documentado ya en cientos de casos desde la fracasada guerra al narco y responde a un instinto de autoprotección que, en la práctica, se traduce en la preferencia por evitar riesgos, aunque eso signifique matar a inocentes.

2. Impunidad y falta de consecuencias reales

El Manual del Uso de la Fuerza de las Fuerzas Armadas y la Ley Nacional sobre el Uso de la Fuerza establecen que la fuerza letal debe ser el último recurso, solo cuando la agresión es real, actual o inminente, y que debe privilegiarse la disuasión y la persuasión, pero ademas que esta no debe basarse en suposiciones,y ya una vez utilizada, debe ser proporcional a la resistencia, dicho en cristiano:” Si Alexa y Leidy o su familia no les dispararon, no deben hacerlo”.

La realidad es que rara vez los elementos enfrentan consecuencias penales serias: las investigaciones suelen ser superficiales, las autoridades nunca requisan las armas de los responsables como establece la ley, manipulan escenas, reciben protección y los castigos son en la mayoría de casos, escasos.Las víctimas reciben solo indemnizaciones económicas, mientras los responsables evitan prisiones civiles y procesos ejemplares.

3. Índice de letalidad desproporcionado

Estudios muestran que el índice de letalidad del Ejército y la Marina en México es mucho más alto que el de la Policía Federal y que cuerpos similares en otros países: por cada herido, hay nueve muertos en operativos militares, y hasta 17 en la Marina, mientras que en Sao Paulo, Brasil,por ejemplo, el índice no supera los dos muertos por herido, cita informe de SCIELO. Esta desproporción evidencia un patrón sistemático de uso excesivo de la fuerza letal.

4. Falta de capacitación y cultura de derechos humanos

Aunque el Manual del Uso de la Fuerza exige respeto irrestricto a los derechos humanos y protocolos de identificación, en la práctica el adiestramiento es insuficiente y la cultura castrense prioriza la supervivencia propia sobre la protección de la población civil, especialmente en contextos de alta tensión.

¿Qué dicen las normas y por qué no se cumplen?

Citas clave del Manual del Uso de la Fuerza y la Ley Nacional sobre el Uso de la Fuerza:

  • Principios rectores: Legalidad, necesidad, proporcionalidad, racionalidad y oportunidad (Manual, Cap. I)
  • Uso de la fuerza letal: Solo para proteger la vida propia o de terceros, ante agresión real, actual o inminente (Manual, Art. 6 y 9; Ley Nacional, Art. 13).
  • Prohibiciones: Disparar a vehículos en movimiento o a través de obstáculos sin identificación plena del objetivo; disparar cuando hay riesgo para terceros; disparar para controlar daños materiales o autolesiones (Manual, Cap. III, Art. 12).
  • Responsabilidad penal: El uso indebido de la fuerza genera responsabilidad penal o administrativa individual, y puede implicar responsabilidad internacional para el Estado (Manual, Cap. V).
  • Capacitación obligatoria: Solo pueden portar armas quienes acrediten la capacitación y solo deben usarlas conforme a los protocolos (Ley Nacional, Art. 14).

Conclusiones: “Cobardía por delante”

El patrón de asesinatos de inocentes por parte del Ejército responde a una combinación de cobardía institucional, impunidad, falta de consecuencias reales y una cultura militar que prioriza la autoprotección sobre la vida civil. 

Si los militares supieran que sus acciones serían investigadas a fondo, juzgadas en tribunales civiles y castigadas ejemplarmente, y si no existiera la garantía de que el Estado pagará con dinero las vidas que arrebatan, la frecuencia de estos “errores” disminuiría drásticamente. 

La barbarie no está en la confusión, sino en el sistema que premia la cobardía y la impunidad sobre la valentía y la responsabilidad.

La clave está en asumir que a los militares se les paga para asumir riesgos, no para evitarlos a costa de la vida de inocentes. Hasta que no se rompa este círculo de impunidad y cobardía, la tragedia de Alexa y Leidy se repetirá una y otra vez, cientos,miles de veces y es muy probable que tu y tu familia sean los próximos,asi de probable es.

Con informacion : Diario oficial de la Federacion/Medios/

sábado, 10 de mayo de 2025

LA “HIZO y los HIZO CACHITOS”: “BROZO NO se QUEDO con GANAS de DECIR NADA,le TUPE a la RELACION TOXICA,el NARCO,el VOY a CANTAR la que ME PIDAN y hasta “BATIJARFUSH” sale en la PELI”…no hay nada que agregar.


Brozo cuestiona de manera sobria y puntillosa la relacion tóxica entre Donald Trump, Presidente de los EE.UU y Claudia Sheinbaum, profundizando en lo que no se ve en la comunicaciones oficiales y lo que no se alcanza advertir en sus reiterados diferendos en publico.

Habla de la relacion del narco con el gobierno, de los operativos bajo presion contra el crimen, de “batiharfuch” y su lucha infructuosa contra la mierda que se acumulo, entre muchas puntualizaciones mas.

Con informacion: Youtube

LAS “MATO el EJERCITO y…SI,OTRA VEZ a lo PENDEJO”: “YO les GRITABA NO NOS MATEN,TRAEMOS PUROS NIÑOS y los LLEVAMOS a la ESCUELA pero DISPARARON SIN CESAR”…la factura de la estrategia fallida se paga con sangre inocente.


Leidy y Alexa, de 11 y 7 años, no murieron en medio de un enfrentamiento armado, como aseguran dolosamente las autoridades, sino por una confusión del Ejército Mexicano (…si,otra,de cientos) que abrió fuego contra la camioneta donde viajaban con su familia en Badiraguato, denunciaron sus seres queridos.

“El gobierno solo habla de lo que a ellos les conviene. A mis pequeñas les arrebataron la vida los MILITARES. Confundieron el automóvil en el que viajaba mi familia y empezaron a disparar sin cesar. Les arrebataron sus sueños en un instante. Esto no puede quedar impune”, escribió una tía y prima de las menores en redes sociales.

Mensaje emitido por familiares en redes sociales.

En medio del dolor, los familiares narraron que suplicaron por sus vidas durante el ataque.

“Yo les gritaba: ‘¡No nos maten, traemos puros niños, vamos a llevarlos a la escuela!’, y no nos hicieron caso”, lamentó uno de los sobrevivientes.

El ataque ocurrió el lunes 6 de mayo en Badiraguato, mientras la familia disfrutaba del “puente” escolar. Los padres de una de las niñas y un adolescente de 12 años, Gael, resultaron heridos y permanecen hospitalizados. Las autoridades actuando como criminales,han clasificado el hecho como “daños colaterales”, pero los familiares insisten en que se trató de una agresión directa y exigen justicia.

ÚLTIMO ADIÓS

Este viernes 9 de mayo, Alexa y Leidy fueron despedidas entre lágrimas, porras, flores y globos blancos. A las 9 de la mañana se ofició una misa en la funeraria donde fueron veladas. Posteriormente, partió una caravana de vehículos adornados con coronas en forma de corazón, mariposas, ositos y perritos rumbo al panteón Renacimiento.

Antes de llegar a su última morada, las niñas fueron llevadas por última vez a su escuela primaria Rafael Ramírez, en la colonia Infonavit Humaya, donde cursaban primero y sexto grado. Luego, hicieron una parada en su casa, donde dejaron su esencia: risas, cariño y travesuras.

Los familiares vestían camisetas blancas con las imágenes de las niñas en el pecho. Algunos mostraban heridas visibles en manos, pies y rostro, producto del ataque.

Durante el sepelio, el dolor se convirtió en clamor:

“Yo no la abracé porque pensé que iba a volver”, “me mataron a mi niña”, “te amo, mi niña. Te adoro”, “levántate, vamos a jugar”, “quiero justicia para mis niñas”.

Contexto del caso

El 6 de mayo de 2025, Alexa y Leidy, niñas de 7 y 11 años, perdieron la vida en Badiraguato, Sinaloa, tras un ataque con armas de fuego perpetrado por elementos del Ejército Mexicano contra la camioneta en la que viajaban con su familia. 

Las autoridades inicialmente informaron que las menores murieron como “daño colateral” durante un enfrentamiento entre militares y civiles armados, pero los familiares rechazan esta versión y aseguran que se trató de una agresión directa y sin justificación

Testimonios de la familia

Según los testimonios, los militares dispararon durante aproximadamente diez segundos sin darles el alto ni advertencia alguna. Tras el ataque, los soldados se acercaron a la camioneta, rompieron los vidrios y obligaron a la familia a salir, aún apuntándoles con los rifles, y después brindaron primeros auxilios a los heridos.

Detalles del ataque

  • La familia viajaba en una camioneta GMC Sierra negra, dirigiéndose a la cabecera municipal de Badiraguato para hacer compras y llevar a los niños a la escuela.
  • En la batea iban cuatro menores; Alexa y Leidy estaban sentadas sobre una hielera, apoyadas contra el cristal de la cabina.
  • Las balas impactaron de lleno a las niñas, quienes murieron en el acto. Otros dos menores y los padres de una de las niñas resultaron heridos y fueron hospitalizados.
  • Los familiares aseguran que nunca vieron a los presuntos criminales ni estuvieron en medio de un enfrentamiento, como argumentan las autoridades.

Versión oficial y exigencia de justicia

Las autoridades, tanto estatales como federales, han clasificado el hecho como “daños colaterales” o resultado de un “fuego cruzado” durante un operativo en la zona, donde previamente se había reportado un enfrentamiento entre fuerzas federales y civiles armados. 

Sin embargo, hasta el momento, ni la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) ni la Fiscalía General de la República han dado detalles claros ni han presentado un comunicado oficial exhaustivo sobre lo ocurrido.

La familia rechaza tajantemente la versión de “daño colateral” y exige justicia, considerando el hecho una ejecución extrajudicial y un acto injustificable de violencia estatal contra civiles inocentes.


Resumen:
La muerte de Alexa y Leidy ha generado indignación y dolor en Sinaloa. Mientras las autoridades insisten en que fue un daño colateral en un enfrentamiento, la familia sostiene que se trató de un ataque directo y exige justicia, transparencia y reparación. El caso pone de nuevo en el centro del debate la actuación de las fuerzas armadas en zonas de conflicto y la protección de la población civil, especialmente de niñas y niños.

Con informacion: REVISTA ESPEJO/