Mientras en los escritorios del poder se desviven por presumir ahorro de formol con porcentajes sin pudor, en la calle la realidad no lee boletines oficiales. Por más que maquillen o presuman su cuestionada «reducción de homicidios», hay una verdad con plomo que ningún discurso puede tapar: la estrategia de seguridad no les ha quitado a los criminales ni un gramo de su capacidad de matar.
Para entender el tamaño del cinismo basta con ver la radiografía de TResearch tras el corte del viernes 6 de noviembre de 2026: 34 asesinatos en un solo día y un acumulado sexenal de 50,639 víctimas de homicidio doloso. Pero el dato que verdaderamente desnuda el fracaso es el ritmo de la carnicería: un muerto cada 22 minutos.

Piénsalo un segundo. En lo que te tomas un café, en lo que esperas el transporte o en lo que un político tarda en repetir que «vamos requetebién», el reloj marca otros 22 minutos y a alguien más le apagan la vida en México. No es pacificación, es una línea de ensamblaje de ataúdes funcionando con puntualidad suiza.
Y para que no nos cuenten que «solo se matan entre ellos», ahí está Sinaloa poniendo los cadáveres de inocentes que salpican sus alegres estadísticas. Este sábado 7 de noviembre, el cronómetro de los 22 minutos le tocó a Enrique Quiñones. Tenía 57 años, fue un histórico exlanzador de los Tomateros de Culiacán —el primer pitcher en lanzar un juego sin hit ni carrera para la franquicia— y hoy se ganaba la vida honestamente trabajando como chofer de plataforma digital.
¿De qué le sirvió a Quiñones la famosa «reducción» en las tablas del Gabinete de Seguridad? De absolutamente nada. Sujetos armados llegaron en un vehículo en Villa Unión, le dispararon a quemarropa a un costado de su auto de trabajo y se fueron con la misma impunidad de siempre. Cero detenidos, una cinta amarilla más y otro inocente sumado a la cuenta.
Los criminales siguen siendo dueños del gatillo, de la calle y del reloj. Podrán seguir festejando sus porcentajes en las conferencias, pero mientras la impunidad sea la regla y el país siga sangrando a razón de un mexicano asesinado cada 22 minutos, su estrategia no es más que un mal chiste contado sobre un cementerio de más de cincuenta mil personas.
Con informacion: NOROESTE/

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