En la física clásica de Isaac Newton, a toda acción le corresponde una reacción de igual magnitud y en sentido contrario; pero en la termodinámica callejera de Tamaulipas rige una ley mucho más implacable: la del Cártel del Golfo, donde el código penal interno dicta pena capital inmediata cuando alguien decide jugar al garganta profunda para convertirse en «chivaton».
Y es que en este ecosistema donde las paredes oyen y las corporaciones filtran, la estadística de supervivencia se desploma cuando a un ajuste de cuentas le anteceden no una, sino dos delaciones consecutivas desde las propias entrañas policiales —esas incómodas filtraciones que exhibieron tarifas por liberar a un trío de operadores de «El Primito».
Hasta el clásico «paro» institucional para soltar a «La Chispa», lugarteniente emparentado en complicidad con el mismisimo gobernador de Morena ,Américo Villarreal,con quien el lugarteniente ha compartido el pan,la sal y el filete argentino.
Y Aunque aun no se conoce oficialmente la motivación para matar a Guardia Estatal en Reynosa,no es descabellado presumir la factura de esa ley no escrita que se cobró puntual y a plomo limpio la mañana del lunes en la colonia Los Muros,tan solo unas horas después de filtraciones que exhiben al Cartel en componenda con la Guardia Estatal:
Día libre, sentencia activa: Florencio García Soto, elemento de la Guardia Estatal que gozaba de su día de descanso y vestía de civil, fue ejecutado a balazos sin que el uniforme guardado en el clóset le sirviera de blindaje.
La escena del cobro: Su cuerpo quedó tendido junto a una camioneta en un terreno baldío, cerca del cruce de Circuito Ciudad de México Oriente y la calle Pachuca. La cadena de avisos fue doméstica antes que oficial: la novia del agente alertó al hermano de la víctima, Luis Antonio García Soto, quien terminó informando a las autoridades ministeriales.
El protocolo del silencio vecinal: Antes del desfile de patrullas, los vecinos aplicaron el manual básico de supervivencia tamaulipeco: escucharon al menos cuatro detonaciones y gritos, pero a la hora de mirar hacia la calle, nadie vio absolutamente a nadie.
Burocracia forense en círculo: Sus propios compañeros de la Guardia Estatal fueron los primeros en llegar para confirmar que el muerto era de casa, acordonar el baldío y muy probablemente borrar evidencias.
Detrás llegaron la Policía Investigadora y Servicios Periciales para levantar los casquillos, trasladar el cuerpo al Semefo y pasearse por una tienda de conveniencia cercana haciendo preguntas para armar una «línea de investigación» que podria conseguir empantanar la pesquisa,mas que resolverla.
Mudez institucional: Pasaron más de seis horas del crimen y tanto la Fiscalía General de Justicia como la Secretaría de Seguridad Pública aplicaron el mutismo absoluto: cero detenidos, cero sospechosos, ni media palabra sobre el móvil y ni siquiera una esquela en redes sociales para despedir al elemento caído.
Cuando las filtraciones internas desnudan los pactos de impunidad y las liberaciones a modo, la reacción en la calle suele ser inmediata, mientras en las oficinas de gobierno el silencio oficial dice mucho más que cualquier boletín de prensa.
Con información: REFORMA/imagen/GE/GildoGarzaMx/



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