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domingo, 1 de noviembre de 2026

«NADA debe DARSE por SENTADO: TRUMP LLEGA TOCADO a las ELECCIONES, pero los DEMÓCRATAS AÚN NO HAN GANADO NADA»…descontento no adjudica ESCAÑOS y el CHAMPÁN aun debería quedarse en el "refri".


Este próximo martes 3 de noviembre, Estados Unidos celebra sus elecciones de medio mandato. Donald Trump no aparece en las papeletas, pero su poder sí está en juego: los votantes decidirán si los republicanos conservan un Congreso dispuesto a facilitarle el camino o si los demócratas recuperan una o ambas Cámaras y le ponen obstáculos durante los dos años restantes de su presidencia. La cita tiene fecha; el desenlace, por mucho que algunos anden repartiendo trofeos, todavía no.

Trump llega con una aprobación del 37,3% y una desaprobación cercana al 60%, según el promedio de Silver Bulletin. 

Es una fotografía incómoda para un presidente que ha hecho de presumir una forma de gobierno. Pero conviene distinguir entre desgaste y derrota: ese promedio mide opiniones sobre su gestión, no escaños adjudicados ni votos ya depositados a favor de sus adversarios. Confundir esas cosas sirve para fabricar titulares rotundos, no para explicar unas elecciones.

La palabra que debería acompañar cualquier pronóstico es cautela. Ni el rechazo a Trump convierte automáticamente a los demócratas en una alternativa irresistible, ni una ventaja en las encuestas equivale a una mayoría parlamentaria. Entre el malestar y el voto hay una distancia que las campañas deben recorrer; nadie debería darla por descontada.

Composición actual del Senado

Mapa geográfico de los 50 Estados. Azul o rojo sólido: ambos escaños del mismo bloque; rayado: senadores de distinto partido. Usa «En juego en 2026» para atenuar el resto.

Dos demócratasDos republicanosDividido

La Cámara: ventaja demócrata, no escritura de propiedad

Según las cifras publicadas por el diario español EL PAIS, los republicanos tienen 219 representantes y los demócratas, 214, con dos vacantes. Se renuevan los 435 escaños y el umbral de la mayoría está en 218. Para los demócratas, la cuenta exige sumar cuatro escaños netos respecto de su representación actual. Parece una cuesta manejable; sigue siendo una cuesta, no una escalera mecánica hacia el poder.

El promedio citado coloca a los demócratas en el 51% de intención de voto y a los republicanos en el 42,6%: una diferencia de 8,4 puntos. Es una señal favorable para la oposición, pero no un cheque al portador. La Cámara se decide distrito por distrito. El promedio nacional permite observar el clima; no entrega las llaves de cada despacho.

Intención de voto a la Cámara de Representantes

Evolución de las encuestas y del promedio.

2530354045505560%abr. 2025jul.oct.ene. 2026abr.jul.oct.Elección, 3 nov.Demócratas 51%Republicanos 42.6%

Cada punto es una encuesta y cada línea, el promedio de las encuestas de los últimos 30 días, con la más reciente de cada encuestadora. Los sondeos encargados por partidos o campañas no entran en el promedio; son los círculos huecos.

Datos actualizados el 1 de noviembre de 2026.

Fuente: encuestas recopiladas por The New York Times (CC BY 4.0). Promedios de EL PAÍS.

El voto latino ilustra por qué conviene guardar el champán. Los sondeos y análisis recogidos por EL PAÍS muestran desencanto con Trump, pero también dudas sobre cuánto de ese rechazo terminará beneficiando a los demócratas. 

Un informe de UnidosUS citado por el periódico situaba en el 38% la proporción de votantes hispanos indecisos. Retirar la confianza a un partido no obliga a entregársela al otro: los electores no son mercancía que se traspasa entre almacenes.

El Senado: otra pelea, otra aritmética

Presentar la recuperación del Senado como una consecuencia casi automática de una eventual victoria demócrata en la Cámara sería vender dos triunfos por el precio de una encuesta.

El bloque demócrata se ubica en 47 escaños y a los republicanos en 53. Para llegar a 51, los demócratas necesitan una ganancia neta de cuatro. 

Se disputan 35 puestos, incluidas las elecciones especiales de Florida y Ohio. Y ganar terreno no basta si, al mismo tiempo, se pierde alguno de los escaños propios.

La informacion advierte de oportunidades demócratas en Maine, Carolina del Norte, Ohio, Texas y Alaska. También recuerda que el partido debe defender posiciones en Georgia y Michigan, Estados que Trump ganó en 2024. Esa combinación impide despachar la contienda con un “todo apunta a” y pasar directamente al discurso de victoria.

Hay, además, señales que exigen mirar los datos con lupa. En Luisiana, el propio texto presenta un empate del 45% basado en una sola encuesta, mientras recoge una clasificación de los analistas como territorio republicano seguro. Esa discrepancia no autoriza a declarar un vuelco: obliga a reconocer la incertidumbre. Una encuesta puede abrir una pregunta; no tiene por qué cerrarla.

Las gobernaciones: el poder no termina en Washington

También se eligen gobernadores en 36 Estados. Según el reparto incluido en el texto, los demócratas y los republicanos defienden 18 gobernaciones cada uno; en el conjunto del país, la distribución es de 23 demócratas y 27 republicanas.

Aquí no hay una mayoría nacional que conquistar como en una Cámara legislativa. Hay 36 contiendas distintas y decisiones estatales que afectan al aborto, la educación, la inmigración y las reglas electorales. Reducirlas a una competición de colores deja fuera precisamente lo importante: qué puede hacer cada gobierno con el poder que obtenga.

Las llamadas elecciones de medio mandato tampoco se agotan en gobernadores, representantes y senadores. En el tablero descrito aparecen legislaturas estatales y cargos locales que intervienen en asuntos tan próximos como los impuestos, las escuelas y la seguridad. Washington concentra los focos; no monopoliza las consecuencias.

Nada está concedido, tampoco el voto

La lectura prudente no exige fingir que todos llegan en igualdad de condiciones. Trump afronta las elecciones con una valoración claramente negativa, y el material presentado ofrece indicios favorables a los demócratas, especialmente en la Cámara. Lo que no permite es convertir una ventaja en un resultado consumado o tratar al Senado como un premio incluido en el paquete.

El 3 de noviembre puede estrechar el margen de maniobra del presidente o conservarle un Congreso afín. Hasta que los votos sostengan una de esas posibilidades, los republicanos no pueden dar por asegurada su mayoría y los demócratas harían bien en no confundir el desgaste ajeno con una victoria propia. La soberbia también hace campaña; lo que no hace es contar votos.

Con información: DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS/JAVIER FIGUEROA/

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