La estrategia de seguridad del Gobierno federal ha perfeccionado el deporte de la pesca deportiva judicial: atrapas al pez gordo, le tomas la foto para las redes sociales, presumes el trofeo en conferencia matutina y, un par de meses después, lo devuelves vivo y coleando a su hábitat natural porque nadie en la Fiscalía supo amarrar bien el anzuelo.
En el centro de este espectáculo está Omar García Harfuch, el estratega estrella que reparte comunicados triunfalistas y medallas de papel cada vez que cae un «generador de violencia». El problema es que el guion de película de acción se desmorona en cuanto los expedientes pisan un juzgado y se topan con la pared de su propia incompetencia ministerial. Se glorifica el operativo, se factura el aplauso fácil y se esconde bajo la alfombra el ridículo jurídico que viene después.
Para entender cómo se vende una derrota envuelta en papel celofán como si fuera victoria de Estado, basta asomarse a sus dos más recientes obras maestras de la puerta giratoria:
La comedia de enredos de «El Titán» A José Antonio Cortés Huerta, alias «El Titán», lo presentaron con bombo y platillo el 9 de mayo en Monterrey como el gran capo huachicolero del Cártel del Noreste. Empezó entonces un viacrucis digno de carpa: que si el hombre estaba «moribundo» y se iba del penal al Hospital Universitario, que si le daban prisión domiciliaria, que si le alargaban la audiencia un día más. Finalmente, el 13 de julio, una jueza de control vio el expediente, suspiró y decidió ni siquiera vincularlo a proceso.
Pero la joya de la corona llegó cuando el Ministerio Público Federal, en manos de Víctor Manuel Delgado Olmos, intentó impugnar la liberación. El 22 de octubre, el Tribunal Colegiado de Apelación no solo les confirmó que «El Titán» se quedaba libre, sino que les dejó un epitafio jurídico brutal: calificó los argumentos del fiscal como «inatendibles por su impertinencia». Traducción del abogado al español callejero: no solo armaron mal el caso desde el día uno, sino que ni siquiera saben redactar una queja coherente. Mientras tanto, en la Fiscalía prefieren silbar y mirar al techo antes que hablar del tema.
El tour VIP del «Chino Payaso» Por si faltaba circo, en julio detuvieron en Nayarit a Óscar Luna Colunga, alias «Chino Payaso», otro supuesto terror de Nuevo León ligado a tráfico de armas, drogas y lavado de dinero. Harfuch volvió a colgarse la estrellita ante los reflectores nacionales. ¿Cuánto duró el gusto? Hasta el 9 de octubre. La jueza Cuarta de Distrito en Oaxaca, Blanca Azucena Osorio Villanueva, les tumbó la prisión preventiva mediante el amparo 1281/2026 por el clásico sello de la casa: «vicios en el proceso».
Al peligroso generador de violencia le cambiaron la celda por el combo ejecutivo de salida: una módica fianza de 100 mil pesos(lo que este perfil de personajes gasta en una tarde), ir a firmar cada quince días como si fuera becario, un brazalete electrónico de adorno y la tierna advertencia de «no salir del país».
Al final del día, la estrategia oficial es un éxito rotundo… pero de relaciones públicas. El gobierno se queda con el titular del arresto épico, el estratega mantiene intacta su pose de superpolicía implacable y, cuando los capos salen caminando por la puerta principal gracias a expedientes hechos con las patas, siempre queda el viejo truco de culpar a los jueces para que nadie pregunte quién integró la carpeta. Victoria en el boletín de prensa, derrota absoluta en la realidad.
Con información: ELNORTE/

No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Tu Comentario es VALIOSO: