Durante años nos recetaron hasta el cansancio que la austeridad republicana era casi un mandamiento bíblico, que las conciencias no se compraban y que las tarjetas Monex eran el símbolo máximo de la podredumbre neoliberal. Pero como bien reza el evangelio de la conveniencia política: la austeridad es para el pueblo; para la bancada, plástico cargado y sin recibo.
Un reportaje de El Universal exhibió cómo la bancada de Morena en la Cámara de Diputados replicó la mismísima jugada que juraron destruir: el reparto discrecional de monederos electrónicos a legisladores.
La «humilde» mecánica del bienestar legislativo
El aguinaldo adelantado de San Lázaro: A cada diputado guinda le tocaron nada menos que cinco tarjetas de 10 mil pesos, un acumulado de 50 mil pesos en monederos electrónicos de la modalidad Tengo Negocios.
El sermón motivacional: En el Salón Verde, el coordinador Ricardo Monreal felicitó a su rebaño por votar disciplinadamente y mantener contento a Palacio: «Han sido buenos diputados. La Presidenta pone atención a los tableros y la votación de reformas importantes… la Presidenta ha puesto atención a su voto». En traducción llana: botón apretado a favor, tarjeta cobrada.
Operación sigilo en el Edificio H: Tras la palmadita en la espalda, la orden fue clara: nada de amontonarse. Había que subir solos y con discreción al tercer piso del edificio administrativo para recoger el botín. Cero testigos, cero cámaras y mucha «pureza moral».
Gasta en lo que quieras, no hay fijón: Los propios legisladores admitieron bajo anonimato que esta dinámica se repite cada dos o tres meses y que el saldo es prácticamente dinero de bolsillo: se lo gastan en lo que les plazca, sin la molesta obligación de comprobar gastos ni justificar facturas.
La excusa de siempre: Cuando se les cuestiona, el liderazgo parlamentario recurre a la vieja confiable burocrática: aseguran que son apoyos para «gastos de gestión», «viáticos no previsibles» y «trabajo de distrito».
El «humanismo» con chip y banda magnética
Los mismos que armaron carpas, plantones y conferencias denunciando el fondeo electoral turbio de 2012 terminaron institucionalizándolo como su bono de lealtad legislativa. Al parecer, el «humanismo» cobra viáticos con cargo al erario, no rinde cuentas y premia el voto en automático con plástico precargado.
Resulta que no eran diferentes: simplemente estaban esperando su turno para repartirse las tarjetas.
Con información: ELUNIVERSAL/

No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Tu Comentario es VALIOSO: