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domingo, 1 de noviembre de 2026

«CARLOS MANZO debía MORIR, AHÍ MISMO»: el CRIMEN ORGANIZADO por CHAT: «LES REPITO, NO IMPORTA QUE TRAIGA NIÑO, ASÍ HAY QUE DARLE»… un celular descompuso el negocio.


En el grupo de «chat cifrado» acostumbraban escribir en minúsculas, pero aquella tarde «El Licenciado» activó las mayúsculas para que nadie se hiciera tarugo con la orden: «LES REPITO, NO IMPORTA QUE TRAIGA NIÑO, ASÍ HAY QUE DARLE».

Eran las 19:50 del 1 de noviembre de 2025. Carlos Manzo, alcalde de Uruapan, recorría una plaza llena durante las celebraciones del Día de Muertos. Cargaba a su hijo. Faltaban unos minutos para que un adolescente de 17 años le disparara con una pistola de nueve milímetros. Cuando ocurrió el ataque, el niño ya no estaba en sus brazos. Manzo murió camino al hospital.

La escena terminó en los celulares de todo el país. Una fiesta pública convertida en escenario de asesinato; un alcalde que acostumbraba exhibir sus operativos contra delincuentes, ejecutado frente a la multitud. 

Un año después, la reconstrucción de Pablo Ferri para EL PAÍScontabiliza 34 presuntos implicados detenidos y al menos cinco personas más bajo la lupa. Entre los capturados están Ramón Álvarez Ayala, el R1, señalado como presunto autor intelectual, y Jorge Armando Gómez, El Licenciado, identificado como coordinador del ataque. 

El expediente describe algo más que un pistolero: una cadena de mandos, reclutadores, intermediarios y posibles filtradores. Una maquinaria de muerte con división del trabajo.

EL CELULAR QUE LES DESCOMPUSO EL NEGOCIO

Los investigadores comenzaron con 14 videos y tres integrantes del equipo ejecutor: Víctor Ubaldo, el adolescente que disparó; Fernando Josué, también menor de edad, y Ramiro, alias El Jaguar, su coordinador. Los tres terminaron muertos.

Víctor cayó por los disparos de un escolta después del atentado. Aunque circuló la versión de que lo habían silenciado como parte del complot, los investigadores citados por el diario no encontraron pruebas que la sostuvieran. Fernando y Ramiro aparecieron asesinados nueve días después, en una carretera cercana a Uruapan.

Pero Ramiro dejó algo que sus jefes seguramente habrían preferido ver desaparecer: un teléfono con el grupo «Ciudad», creado en Threema para preparar el ataque. También dejó una carta para su esposa. Ahí identificaba a El Licenciado, aportaba sus datos y advertía que, si algo le pasaba, estaría relacionado con el caso Manzo.

El hombre que había mentido en casa sobre su trabajo dejó por escrito la actividad que podía costarle la vida. Y, de paso, una guía para empezar a desarmar la organización.

EL LICENCIADO: TRONO EN EL AVATAR, NÓMINA EN EL DISCO DURO

El Licenciado aparecía en su avatar vestido de traje, con pasamontañas, equipo táctico y joyería, sentado en una especie de trono. La discreción, por lo visto, no formaba parte del vestuario.

Una llamada anónima, los datos del vehículo y la información de Ramiro permitieron ubicarlo en Morelia. Lo detuvieron el 18 de noviembre. En su casa encontraron un disco duro de dos terabytes que resultó bastante más útil que su aparatosa fotografía: contenía información de la estructura criminal, nóminas y registros de sus negocios.

Según las fuentes de la investigación, había datos sobre drogas, extorsiones, secuestros, homicidios, tragamonedas y otros productos. El crimen organizado también lleva administración; lo suyo no era precisamente un emprendimiento sin contabilidad.

Entre los archivos apareció, además, un documento de la Fiscalía de Michoacán elaborado en 2021 sobre la estructura del CJNG. Cómo terminó en manos de un jefe criminal seguía sin explicación. Pero el hallazgo planteaba una pregunta bastante incómoda: ¿quién estaba haciendo circular información institucional hacia el otro lado?

EL «PATRÓN» Y LA ORDEN DE MATAR

Los mensajes también apuntaban hacia arriba. Antes del atentado, El Licenciado escribió que estaban listos para atacar «así como quiere el patrón».

Los investigadores identificaron a ese presunto patrón como el R1, un mando del CJNG con larga trayectoria. Detenido en 2012 y liberado por un juez a finales de 2022, pese a las acusaciones que enfrentaba, volvió a ser capturado en julio de 2026, ahora señalado como presunto autor intelectual del asesinato de Manzo. Una carrera criminal investigada durante años y un expediente que volvió a colocarlo en el centro.

LA TRAICIÓN HABRÍA VIAJADO DESDE EL CHAT DEL CABILDO

La parte más inquietante no estaba sólo en los hombres armados que vigilaban la plaza. Estaba en la precisión de la información que recibían.

El grupo conocía movimientos, horarios y retrasos del alcalde. Incluso recibió una fotografía de mensajes del chat del cabildo. No era únicamente vigilancia callejera: alguien con acceso a las conversaciones municipales habría puesto información interna al servicio del ataque.

Las pesquisas apuntaron a Samuel García, entonces director de Relaciones Públicas del Ayuntamiento de Uruapan. Según la hipótesis de los investigadores, habría enviado una captura a un taxista conocido como El Viejito; de ahí habría pasado por otros intermediarios hasta llegar a El Licenciado.

La versión recogida en la investigación sostiene que el funcionario aceptó colaborar a cambio de «dos grapas de cocaína». Si se acredita, la miseria del intercambio no necesita adjetivos: información del alcalde entregada por un poco de droga. El cargo decía Relaciones Públicas; la acusación apunta a relaciones bastante más oscuras.

MUCHACHOS RECLUTADOS; ADULTOS REPARTIENDO ÓRDENES

La reconstrucción señala que los dos adolescentes fueron captados en centros de rehabilitación y puestos en contacto con Ramiro. Después recibieron entrenamiento de tiro en una zona conocida como La Basilia.

Los lugares donde debían encontrar una salida de las adicciones habrían servido como puerta de entrada a una operación homicida. Los mandos organizaban; los menores se acercaban a disparar.

Por los asesinatos posteriores de Ramiro y Fernando fue detenido Alejandro Baruc Castellanos, el Comandante Caos. Declaraciones de éste y de otro mando apuntaron a un posible móvil del ataque contra Manzo: la detención y exhibición pública de René Belmontes, el Comandante Rhino, meses antes.

Según esa línea de investigación, no sólo les molestó la captura: les ardió la exhibida. Los mismos que sometían a otros mediante la violencia habrían considerado intolerable que el alcalde los mostrara esposados.

LAS FILTRACIONES NO HABRÍAN TERMINADO CON EL ASESINATO

La investigación también encontró indicios de que información reservada sobre el propio caso llegaba a la organización criminal.

Tras detener a Gerardo Rodríguez, alias Kongo, los agentes localizaron conversaciones con una abogada que presuntamente le suministraba datos procedentes de sistemas internos de las autoridades. Después fueron detenidos ella y dos presuntas fuentes: un agente activo de la Guardia Forestal y un exagente de la Fiscalía.

Mientras unos intentaban esclarecer el homicidio, otros habrían estado pasando avances a quienes necesitaban esquivar la investigación. El expediente, al parecer, también tenía destinatarios que no debían recibirlo.

BRILLOSO: EL ALIAS QUE APARECIÓ ENTRE EL CRIMEN Y EL ENTORNO MUNICIPAL

Otro participante del chat, Brilloso, felicitó al grupo después del atentado. Durante meses no lograron identificarlo. La pista llegó tras una pelea en un bar donde, según el relato de los investigadores, él y su hermano presumieron ser jefes de plaza. Tanto alarde terminó ayudando a ponerles nombre.

Brilloso fue identificado como Alexis Medina, hermano de Cristian, alias Vikingo; primo de un escolta de Manzo y sobrino de Rosa Alejandra Vargas, secretaria de Bienestar municipal.

Los vínculos familiares no prueban por sí mismos participación criminal. Lo relevante es que los investigadores documentaron comunicaciones y buscaban determinar si por esas conexiones también se filtró información. Vargas fue detenida por presunto encubrimiento, no como autora del asesinato. Confundir las acusaciones sólo le haría un favor a la desinformación.

El caso describe una red que habría combinado mandos del CJNG, adolescentes reclutados, intermediarios y posibles accesos al entorno del alcalde. No todos tenían la misma función ni enfrentan el mismo señalamiento.

Ésa es la dimensión más áspera de la investigación: a Manzo lo atacaron en una plaza, pero la preparación del crimen habría atravesado espacios donde debía existir protección. El peligro no sólo llevaba pistola. También pudo tener contactos, información reservada y acceso al chat.

Con información: DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS/PABLO FERRI/

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