En el surrealismo mágico de la política estatal bajo el Gobierno de Morena y Americo Villareral, el presupuesto público sirve para dos cosas: comprar tecnología de punta que solo existe en los boletines de prensa y reciclar personajes con prontuario para que aplaudan desde la nómina.
Por un lado tenemos el show mediático: la promesa triunfalista de ampliar la red de videovigilancia a cinco mil cámaras, presumida con bombo y platillo mientras el personaje de pasado carcelario y currículum digno de expediente penal —como el célebre «Willy Zuñiga», que pasó de las acusaciones de secuestro y el bote a Secretario Ejecutivo del Consejo Estatal de Seguridad Publica y la estridente alabanza oficialista— le lustran el calzado al gobierno de Américo Villarreal.
En el discurso, Tamaulipas es prácticamente el Gran Hermano de Orwell; no se mueve una hoja sin que el C5 le tome foto en alta definición.
Pero basta con que ocurra una tragedia real dentro de las propias filas de la Guardia Estatal en manos de Carlos Arturo Pancarado, General del Ejército ,para que a la «tecnología de vanguardia» le dé un repentino ataque de ceguera selectiva, casi al mismo tiempo que justifica con «argumentos babosos» el vil asesinato de una menor desde un helicóptero de su corporación.
Ahí está el caso de Padilla, donde la madre de un Guardia estatal exige respuestas ante la muerte de su hijo, que la versión oficial quiso vender rápido y barato como un simple «atropellamiento». Cuando la familia pide ver las pruebas para aclarar un deceso que huele a todo menos a accidente de tránsito, el megaproyecto de las cinco mil cámaras hace magia y desaparece: resulta que las cámaras de la zona «no funcionan» y, en una coincidencia digna de milagro estadístico, la cámara de la patrulla tampoco servía.
La conveniente falla técnica ni siquiera es un caso aislado; se da casi en simultáneo con el asesinato de otro elemento policial en medio de señalamientos directos y filtraciones que apuntan al actuar turbio de la misma Guardia Estatal echándole la mano al Cartel del Golfo,el verdadero patrón de la segunda nomina.
La ironía se escribe sola: para el aplauso de exreos convertidos en porristas del régimen y para justificar contratos millonarios, hay miles de ojos electrónicos cuidando el estado; pero cuando a un policía lo matan bajo las narices de su propia corporación, el sistema entero se queda ciego, mudo y sin memoria.
En Tamaulipas las cámaras no están para grabar delitos ni para darle justicia a una madre: están para salir bonitas en la licitación.
Con información: HoyTamaulipas/

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