Olvídense de los misterios de cuarto cerrado de Agatha Christie o del famoso Triángulo de las Bermudas; el verdadero fenómeno paranormal de México ocurre muy de seguido en alguna zona rural de Sinaloa y mucho en Tamaulipas.
Resulta que las fuerzas de seguridad que claramente no pueden con Sinaloa, volvieron a protagonizar el clásico de temporada: el hallazgo de un lote automotriz del crimen organizado —cinco vehículos retacados de armas y droga— donde, por obra y gracia del Espíritu Santo táctico, no hubo ni un solo detenido como si estuviéramos hablando de huachicol.
Al parecer, en las brechas sinaloenses ya operan los primeros autos autónomos del narco. Es la única explicación científica para que cinco camionetas armadas hasta los dientes aparezcan solitas a mitad del monte, tomando el fresco, sin un alma al volante.
Uno se imagina a los elementos de seguridad llegando al lugar y encontrándose los motores tibios, el corrido todavía sonando en el estéreo, un café a medio tomar en el portavasos y, por supuesto, a los dueños desintegrados en el aire como si Thanos hubiera chasqueado los dedos justo antes del operativo.
Esta bellísima tradición del «decomiso huérfano» o el «atorado ensalzado» que no vale lo que nos dicen pero es lo que hay, nos deja varias joyas para el análisis:
La teoría de la generación espontánea: En Sinaloa tú dejas una maceta en el monte y, si la riegas bien, al tercer día te brotan dos camionetas blindadas con cuernos de chivo en la cajuela y tres paquetes sospechosos en el asiento trasero. Nadie las puso ahí, son flora y fauna endémica de la región.
Maestros del escapismo dignos de Las Vegas: David Copperfield es un principiante al lado de estos muchachos. Logran abandonar una caravana entera de cinco vehículos en plena zona rural sin que ningún patrullero, dron o helicóptero alcance a ver a una docena de tipos corriendo entre los matorrales con pecheras tácticas.
El «win-win» burocrático: Es el operativo perfecto para todos. Las autoridades sacan la foto épica para el boletín de prensa mostrando «duros golpes a la delincuencia», las camionetas pasan al corralón, las armas se van al inventario… y los propietarios tan campantes, probablemente pidiendo un Uber desde un cerro cercano para ir a comprar otros cinco carros a la agencia.
Al final del día, las estadísticas de objetos asegurados suben como la espuma mientras las celdas siguen con eco. En Culiacán las armas se pasean solas, la droga se transporta por telepatía y los vehículos tienen libre albedrío; qué bueno que las autoridades lograron arrestar a esas peligrosísimas camionetas antes de que dispararan solas.
Pero… ¿cómo vamos contra las tres principales violencias? Las barras de las gráficas ya no caben en la estadística.

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