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sábado, 7 de noviembre de 2026

EL «PATRIOTISMO JURIDICO: JUEZ FEDERAL ATORADO en COLOMBIA por SOBORNOS del CHAPO CANADIENSE quiere ser JUZGADO por sus COMPAS en MEXICO»…el equivalente legal a pedir que el examen final te lo califique tu mamá.


En un giro argumental digno de sinverguenza optimista, el juez federal que EE.UU acusa de embolsarse 2 millones de dolares en sobornos del llamado «Chapo canadiense» (Ryan Wedding) acaba de tener un ataque repentino de patriotismo jurídico: le urge que no lo juzguen en Estados Unidos, sino en México, exactamente en la misma cancha donde él solía repartir «justicia» a domicilio.

El síndrome de «en mi casa y con mi gente» Después de presuntamente confundir el mazo judicial con una terminal de cobro a favor del narcotráfico internacional, al señor impartidor de ley le entró un terror cósmico al sistema penitenciario estadounidense.

Allá en el norte no entienden de sutilezas, de «errores de dedo» en los expedientes ni de amparos mágicos de viernes por la noche, libertades en fin de semana ni escapes por la puerta del frente del penal; allá te leen los cargos en inglés, te ponen un traje naranja que no favorece a nadie y te guardan bajo llave.

Así que su estrategia de defensa se resume en una petición conmovedora: «Oigan, ¿y si mejor me juzgan mis compas?».

Las ventajas de jugar de local No hay que ser un genio penalista para entender por qué extraña tanto los tribunales mexicanos:

Conocimiento del terreno: Nadie conoce mejor los agujeros del queso que el ratón que vivía adentro. Si él mismo operaba la maquinaria para que los casos del «Chapo canadiense» se desmoronaran por «deficiencias procesales», sabe perfectamente qué tuerca hay que aflojar para salir caminando por la puerta principal.

Networking de alto nivel: En una corte de Estados Unidos eres el acusado número 48291. En los juzgados donde él despachaba, el juez que llevaría su caso probablemente es el mismo con el que se iba a comer tacos de lengua los jueves o el compadre que le bautizó al niño.

Nostalgia laboral: Pasar del estrado al banquillo de los acusados ya es bastante humillante; mínimo que le toque la silla ergonómica que él mismo mandó a comprar con presupuesto del erario y el café de la oficina que ya conoce.

El veredicto de la ironía Resulta poético que, cuando se trataba de cobrar en dólares canadienses o billetes verdes por debajo de la mesa, la globalización le parecía maravillosa. Pero a la hora de rendir cuentas, de pronto le sale el nacionalismo a flor de piel y exige respeto a la soberanía mexicana.

En pocas palabras: el juez aplicó la vieja confiable de cualquier tramposo de barrio cuando ve que va perdiendo: pedir que el partido se juegue en su patio, con su balón y con su primo de árbitro. Habrá que ver si el Tío Sam le compra el boleto de regreso o si le toca aprender por las malas que, fuera de su feudo, los billetazos no rebotan igual.

Con informacion: EL FINANCIERO/

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