El Departamento de Justicia de Estados Unidos (DOJ) acaba de articular la captura en Colombia de el Juez del «Millón» (o mejor dicho, de los Dos Millones).El protagonista es Luis Benítez Alcántara (49 años, orgullosamente chilango y juez federal mexicano), a quien le arruinaron el domingo pasado arrestándolo en Colombia.
Al parecer, a Su Señoría se le hacía poquito el sueldo de la judicatura y decidió aplicar la beca del bienestar criminal: está acusado en California de embolsarse un modesto soborno de 2 millones de dólares (unos 50 millones de pesos, para el gasto corriente) a cambio de un «trámite exprés».
¿El cliente VIP ?
El socio de un narco-olímpico. Para que el chisme amarre, hay que ver a quién le abrió la reja. El juez no soltó a un carterista cualquiera; le dio fianza y ordenó liberar nada menos que a Andrew Clark (36 años), un traficante canadiense que resulta ser el segundo al mando en el imperio criminal de Ryan Wedding.
Sí, leíste bien: ese Ryan Wedding, el exatleta olímpico canadiense de snowboard que cambió las pistas de nieve por otro tipo de polvo blanco muy distinto y terminó en la lista de los 10 más buscados del FBI y reciéntemente capturado en Mexico medio de escándalo mediático.
La cronología del «usted disculpe, ya se puede ir»
- Octubre de 2024: Agarran a Andrew Clark en México por cargos pesadísimos de narcotráfico y homicidio.
- Noviembre de 2024: Estados Unidos levanta la mano y pide formalmente su extradición para juzgarlo en Los Ángeles.
- El «Milagro» Judicial: Entra en escena el juez Benítez Alcántara. En lugar de mandarlo directo al avión del Tío Sam, supuestamente escucha el dulce tintineo de dos millones de billetes verdes, da un martillazo, le concede la fianza y ordena que lo suelten para que pueda evadir la justicia tranquilamente al estilo de Alfredo Cardenas,alias «El Contador».
El karma tiene pasaporte estadounidense
Lo que el buen juez quizá no calculó mientras empacaba sus maletas rumbo a Sudamérica es que la Homeland Security Task Force y el FBI (con su director Kash Patel presumiendo el trofeo en el comunicado) no tienen mucho sentido del humor cuando les sueltan a un capo que ya tenían amarrado.
Ahora, en vez de estar dictando sentencias en el Reclusorio Sur de la CDMX, Benítez Alcántara enfrenta en una corte federal de California una acusación formal con nueve cargos como encubridor (accessory after the fact) de delitos graves de narcotráfico y crimen organizado.

Pasó de tener el mazo en la mano a esperar que otro juez —uno al que no le llegan transferencias de dos millones de dólares— decida cuántos años pasará estrenando uniforme naranja del otro lado de la frontera.
Con información: U.S ATTORNEY /REFORMA/

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