A Iván Cazarín, alias El Tanque,socio criminal del Cartel de Jalisco (CJNG), los buenos gustos se le tradujeron en malos ratos. Ropa oscura, pelo rapado y una Mercedes-Benz Clase G 2025, gris: la estampa de quien parecía tener la vida en modo confort, hasta que las autoridades le metieron el freno. Lo ubicaron junto a su camioneta en una casa de Zapopan, Jalisco, y terminó detenido. La estrella de tres puntas no incluía inmunidad de agencia.
Mucha carrocería, demasiado expediente
Según la información proporcionada, detrás de aquella postal de lujo había una trayectoria criminal de 18 años. Nacido en Veracruz, Cazarín escaló dentro del CJNG, pasó por Jalisco y regresó a su estado natal, donde presuntamente levantó un imperio empresarial alrededor del robo y contrabando de combustible. Lo suyo, según las investigaciones citadas, no era precisamente llenar el tanque y pedir factura.
Las autoridades lo identifican como un líder regional con operaciones en Veracruz, Oaxaca, Tabasco y Puebla, relacionadas con homicidios, extorsión, secuestro, robo de hidrocarburos, lavado de dinero y tráfico de drogas. Un catálogo de señalamientos bastante más largo que la lista de equipamiento de su Mercedes.
Y no era su primera visita al taller judicial. El texto lo señala como presunto participante en el ataque contra un helicóptero militar en mayo de 2015, en Jalisco, que dejó nueve víctimas. Fue detenido en noviembre de ese año y enfrentó acusaciones por portación de armas y cartuchos de uso exclusivo del Ejército.
Un informe de la Guardia Nacional filtrado por Guacamaya sitúa su salida de una prisión federal de Jalisco el 3 de septiembre de 2016. Las fuentes federales consultadas por el diario español,EL PAÍS,dicen desconocer por qué quedó libre. Ahí el expediente pierde tracción: salió, desapareció del radar durante unos tres años y volvió a figurar en documentos militares como próximo líder del CJNG en Veracruz.
El combustible del lujo
En septiembre de 2024, el Departamento del Tesoro estadounidense lo sancionó por sus vínculos con el CJNG y lo situó en el círculo cercano de Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho. Según el material proporcionado, las medidas también alcanzaron a su familia y a una red de 26 empresas señaladas por facilitar la venta de combustible robado y el lavado de dinero.
La investigación periodística citada añade una presunta conexión con una trama de contrabando ligada a la familia Jensen, en Estados Unidos. Las fuentes federales también le atribuyen tráfico de armas y drogas, robo de vehículos y mercancías, cooptación de autoridades y extorsión.
La Clase G era la carrocería visible; debajo del cofre, según esos señalamientos, funcionaba una maquinaria bastante menos elegante.
Conexiones sin garantía de fábrica
El expediente también apunta hacia La Barredora, el grupo criminal de Tabasco presuntamente encabezado por Hernán Bermúdez, quien fue jefe de la policía estatal durante el gobierno de Adán Augusto López. Las fuentes citadas por EL PAÍS ubican a esa organización dentro de la estructura que supervisaba El Tanque. No es una sentencia: es una línea de investigación que exige pruebas, no solamente acelerones discursivos.
El texto también sitúa a Cazarín entre los operadores cercanos al Mencho y señala que, después de la muerte de este en febrero, habría comenzado a operar bajo las órdenes de Juan Carlos Valencia, alias El 03, hijastro del líder abatido.
Otra conexión bajo sospecha conduce al hermano de Amílcar Olán, empresario cercano a Andrés y Gonzalo López Beltrán, hijos del expresidente López Obrador. En el audio descrito en la información, un interlocutor menciona a El Tanque como “al de la maña aquí”, en una conversación sobre proveedores, extorsiones y extracción de balasto en Oaxaca. Latinus identificó posteriormente a ese interlocutor como el hermano de Olán. Esa referencia no acredita por sí sola complicidad de los demás mencionados.
Ahora falta abrir el cofre
La captura podría ayudar a esclarecer relaciones criminales, empresariales y políticas en Veracruz, Tabasco, Oaxaca y Jalisco. Pero una cosa es detener al conductor y otra demostrar quiénes compartían ruta, quiénes financiaban el recorrido y quiénes cobraban por dejarlo pasar.

Por ahora, la ironía viene de serie: El Tanque aparecía junto a una camioneta diseñada para superar terrenos difíciles y acabó frente a un obstáculo que no se resuelve con tracción integral. Los buenos gustos se tradujeron en malos ratos. Y esta vez, la estrella de Mercedes no le abrió el camino.
Con información: DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS/PABLO FERRI/

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