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viernes, 2 de octubre de 2026

«¿RECUPERAMOS el RUMBO, HOCICÓN?: TAMAULIPAS es CAMPEÓN de NOMBRES SIN CUERPO, de CUERPOS SIN NOMBRE y SOBREVIVE BAJO GOBERNANZA NARCA»… pero su gober paga con tu dinero para verse bonito.


Américo Villarreal, aún gobernador de MORENA en Tamaulipas, dice que la entidad “recuperó el rumbo”. El problema es que, para miles de familias, ese rumbo parece conducir a una sala de espera sin salida: a un nombre sin cuerpo, a un cuerpo sin nombre o a una carpeta de investigación empolvada, como documenta reporte del INEGI de 2026.

Pero también conduce a una condición permanente de ciudadanos sometidos a cuota en toda la entidad: pagan doble impuesto, al crimen y al gobierno que los abraza y se hace tarugo.

La frase triunfalista resulta especialmente obscena frente a la crisis de desapariciones donde Tamaulipas es campeon y a los cuestionamientos públicos en su contra que siguen sin una aclaración verificable en medio de investigaciónes federales en su contra en EE.UU.

El rumbo de la ausencia

Aun asi, Américo Villarreal volvió a subir ayer al templete para anunciar que Tamaulipas “recuperó el rumbo”. Y sí: habría que concederle algo. El estado recuperó un rumbo muy específico, uno que no lleva al desarrollo, a la justicia ni a la paz, sino al primer plano nacional de la desaparición, la impunidad y la administración burocrática del horror.

Mientras el gobernador se felicita por “fortalecer instituciones”, Tamaulipas carga con miles de personas desaparecidas y no localizadas. 

No son indicadores que puedan barnizarse en una presentación de aniversario, ni cifras decorativas para el boletín que la prensa de prepago reproduce con devoción de monaguillo: son familias enteras viviendo en pausa, madres convertidas en buscadoras, expedientes que envejecen y cuerpos que esperan nombre. 

Una emergencia humanitaria que debería obligar a rendir cuentas todos los días, no a repartir aplausos en un foro oficial. 

Pero aquí el método es otro: cuando la realidad incomoda, se llama “transformación”; cuando las cifras arrasan, se llama “reto”; cuando el Estado no encuentra a los ausentes, se convoca a la unidad. Esa es la alquimia del boletín oficial: convertir la catástrofe en narrativa, la omisión en discurso y el dolor ajeno en telón de fondo para que el mandatario ensaye su frase de campaña.

Americo no gobierna la entidad: la administra. Y la administra como quien cuida una imagen, no como quien asume una responsabilidad. Hay una diferencia brutal entre despachar desde Palacio y gobernar un territorio. 

Lo primero consiste en cortar listones, leer cifras favorables y publicar videos con buena iluminación. Lo segundo exige impedir que las carreteras, colonias y municipios queden sujetos al miedo; investigar, buscar, identificar cuerpos, acompañar víctimas y desmontar las redes de colusión, corrupción y abandono que hacen posible que alguien desaparezca sin que el aparato público se mueva con la urgencia que corresponde.

Porque una desaparición no ocurre por generación espontánea. Requiere rutas, reclutadores, vehículos, teléfonos, casas de seguridad, vigilantes, armas, silencios y, muchas veces, autoridades incapaces, omisas o capturadas. Cuando miles de personas siguen sin aparecer, no basta con celebrar que bajó tal indicador o que una encuesta institucional fue amable. La pregunta es más elemental y más incómoda: ¿quién manda realmente en las zonas donde la gente desaparece?

El cinismo del “rumbo”

La frase “recuperamos el rumbo” no es sólo propaganda. Es una afrenta si se pronuncia sin explicar por qué Tamaulipas sigue produciendo nombres sin cuerpo y cuerpos sin nombre. Es cinismo cuando el gobierno presume rumbo mientras los colectivos hacen, con palas, fichas de búsqueda y terquedad, el trabajo que deberían hacer policías, fiscalías, comisiones de búsqueda y servicios forenses.

Y la prensa de prepago tiene su parte en la operación. No basta con responsabilizar al gobernador y a su gabinete: también hay que señalar a los medios que aceptan convertirse en lavandería de boletines, que reproducen la épica oficial sin confrontarla con los desaparecidos, las fosas, la crisis forense y el miedo cotidiano. Cada nota que vende “recuperación” sin preguntar por los ausentes ayuda a maquillar una realidad que apesta a abandono institucional.

No se les pide que declaren culpable a nadie desde una redacción. Se les pide algo mucho más modesto y, por eso mismo, más urgente: que no se comporten como departamento de comunicación social con dominio propio. Que pregunten. Que contrasten. Que no presenten como éxito administrativo lo que para miles de familias es una condena interminable.

Señalamientos que exigen respuestas

El gobernador también enfrenta señalamientos publicados y no solo por medios internacionales y nacionales sobre una presunta investigación estadounidense relacionada con vínculos criminales y contrabando de combustible, como cita Los Angeles Times .

En una democracia mínimamente funcional, los señalamientos serios se esclarecen con información verificable, investigaciones independientes y resultados públicos; no con indignación recurrentemente administrada por el gobernador para redes sociales.

Y no es irrelevante que el propio mandatario haya presentado su balance de cuatro años como una historia de recuperación institucional, orden financiero y fortalecimiento de la seguridad. Esa es la versión oficial. El problema es que una administración no puede declararse exitosa mientras el reclamo de búsqueda, identificación y justicia continúa recayendo, en buena medida, sobre las familias de las víctimas que sobreviven un dia si y otro también,a la brutal inseguridad.

Tamaulipas no “recuperó el rumbo” mientras sus desaparecidos sigan siendo una estadística que el poder mira de reojo. Recuperar el rumbo sería que una madre no tuviera que rastrear sola donde el Estado decidió no mirar; que una fosa no fuera la oficina alterna de la fiscalía; que el gobernador respondiera con hechos verificables y no con frases de autocelebración.

Porque gobernar no es administrar la narrativa mientras otros administran el miedo. Gobernar es recuperar el territorio, la justicia y, sobre todo, a las personas que el Estado no ha podido —o no ha querido— devolver a casa.

Con información: HoyTamaulipas/Medios/ Redes

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