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jueves, 1 de octubre de 2026

LAS «DOS NARCOMANTAS»: se CUMPLEN 4 AÑOS del GOBIERNO del CUATRERO que IBA, IBA a SANAR TAMAULIPAS, entre ACUSACIONES y NARCOMANTAS»… todo cambió para quedar igual o peor.


Cuatro años después de asumir el gobierno de Tamaulipas —el 1 de octubre de 2022—, Américo Villarreal Anaya,el medico de profesional facultativo de la salud que «iba, iba sanar la entidad, cuando se le atravesaron las pipas del huachicol», enfrenta una contradicción que no cabe en una campaña de Facebook ni se borra con filtros de comunicación oficial: mientras una narcomanta amenaza y exhibe la interlocución criminal con nombres y apellidos concretos, el gobernador falta a su palabra que no habrá impunidad. Dos textos, dos mantas, una misma geografía política: la del poder que prometia paz y cero impunidad, mientras el miedo conserva oficina, horario, territorio y trabaja tres turnos.

Dos mantas, un mensaje

Hay narcomantas que se cuelgan en puentes, bardas o frente a cámaras baleadas. Y hay otras que se imprimen en carteles oficiales, se pronuncian en atriles y se difunden con diseño institucional, fotografía bien iluminada y sonrisa de gobernador.

La primera, atribuida a “El Fantasma”, no habla en lenguaje diplomático. Dice, con la sintaxis brutal del crimen que se siente con derecho a reclamar cuentas:

“Hugo de la Cuadra, director de C5 y compañía… deja de andar mandando intermediarios y ten palabra. No respetaste el acuerdo junto con tu gente de SSP… aquí en Tamaulipas la palabra se respeta… o me iré cámara por cámara. Ciudad Victoria tiene dueño”.

Es una amenaza criminal y debe tratarse como tal: una pieza de propaganda violenta que busca intimidar, imponer control y exhibir capacidad de daño. Pero su gravedad no se diluye por ese matiz. Lo verdaderamente devastador es lo que la manta pretende narrar: que habría acuerdos, “intermediarios”, compromisos incumplidos y una autoridad a la que se le puede reclamar públicamente desde la clandestinidad armada.

La segunda manta, la de Américo Villarreal, usa un vocabulario inverso, pero no necesariamente una realidad distinta:

“En mi gobierno no habrá impunidad ni mucho menos tolerancia para aquellos que atenten contra la paz y la tranquilidad de nuestro estado”.

Es la narcomanta con presupuesto, fotógrafo y logotipo. No amenaza: promete. No señala un “acuerdo”: ofrece legalidad. No advierte “Ciudad Victoria tiene dueño”: sostiene que el gobierno tiene control. Pero, al cumplir cuatro años de administración, la distancia entre el texto y el territorio se volvió demasiado grande para esconderse detrás de una tipografía elegante.

El diccionario del arreglo

La primera manta debe desmenuzarse palabra por palabra, porque en ese lenguaje aparecen las claves de la sempiterna captura criminal que la autoridad tiene obligación de investigar y desmentir con hechos, no con boletines.

Palabra o fraseLo que sugierePor qué es grave
“Mandando intermediarios”La existencia de operadores, mensajeros o gestores entre estructuras oficiales y actores criminalesSugiere canales informales de comunicación y negociación fuera de la ley
“Ten palabra”Un compromiso previo que, según el mensaje, no fue respetadoEl crimen no reclama justicia: reclama cumplimiento de una transa_acción
“No respetaste el acuerdo”La acusación central de un pactoExige investigación independiente y una respuesta verificable
“Junto con tu gente de SSP”La alusión a personas vinculadas con la Secretaría de Seguridad PúblicaVincula la amenaza a un aparato encargado justamente de proteger a la población
“Llegaste con hambre”Un reproche por ambición, cuotas o beneficiosEn el argot de la acusación, no habla de comida: habla de codicia, reparto y control
“Me iré cámara por cámara”Capacidad declarada de atacar infraestructura de vigilanciaTraslada la amenaza del discurso a la logística: demostrar que el Estado no controla ni sus ojos electrónicos
“Ciudad Victoria tiene dueño”Una pretensión de dominio territorialEs la negación más cruda de la soberanía estatal: alguien manda por encima de la autoridad formal

La manta no sólo amenaza al C5: dramatiza una idea insoportable para cualquier sociedad democrática. Que el crimen puede hablarle al Estado no como enemigo, sino como socio agraviado. Que puede exigir “palabra”. Que puede reclamar una “componenda”. Que puede decir “cámara por cámara” y convertir las cámaras en blancos.

La obligación del gobierno no es ofenderse por el mensaje ni responder con propaganda. Es esclarecerlo. Identificar a los responsables materiales e intelectuales del ataque, investigar a los mandos aludidos y publicar resultados comprobables. La existencia de una amenaza con esos términos tampoco permite fingir que no merece una indagatoria seria, pública y sin autocomplacencia.

La promesa que se desfondó

Ahora léase la frase de Américo Villarreal como lo que es: un compromiso medible.

“No habrá impunidad” no significa poner una frase en una lona. Significa carpetas de investigación sólidas, detenciones legales, judicialización, sentencias, protección a víctimas, sanción a funcionarios coludidos,incluido el gobernador y rendición de cuentas. “No habrá tolerancia” implica que una organización criminal no puede atacar sistemas de videovigilancia, dejar mensajes de control territorial y retirarse dejando a la autoridad con el único reflejo de emitir comunicados.

“Paz” no es la ausencia de una conferencia incómoda. Paz es que una madre no tenga que buscar sola a su hijo; que una carretera no sea una ruleta; que un comerciante no tenga que pagar por sobrevivir; que una cámara del C5 no sea un blanco negociable; que la Fiscalía no parezca llegar después del miedo, y no antes de él.

“Tranquilidad” no es una publicación con fondo guinda «humanista y trasformador». Tranquilidad es que el ciudadano no viva bajo la sospecha de que el poder público y el poder criminal se hablan en un idioma que él no conoce, pero del cual termina pagando las consecuencias.

Y ahí es donde el eslogan oficial choca con una realidad documentada en el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas: Tamaulipas acumula mas de 13,781 personas desaparecidas y no localizadas en el corte citado durante septiembre de 2026. 

La cifra es dinámica y el propio Registro advierte que se actualiza constantemente; además, no permite atribuir automáticamente cada caso a un mismo perpetrador ni calificar por sí sola todos los expedientes como desaparición forzada. Pero sí retrata una emergencia de proporciones intolerables y un fracaso institucional que ningún anuncio de “cero impunidad” puede maquillar. 

Quien es el narcoseñalado

El señalado en la manta no es un improvisado de chaleco táctico comprado en oferta: Hugo de la Cuadra Mendoza presume un currículo largo, cuidadosamente blindado con siglas, cargos estratégicos y diplomas. Precisamente por eso la acusación criminal que lo menciona no puede responderse con silencio, sino con una investigación verificable: quien administra los ojos electrónicos de Tamaulipas bajo la tutela Willy Zuñiga,Secretario Ejecutivo del Consejo Consultivo de Seguridad Publica Estatal y con una hoja de vida tatemada,debe aclarar cualquier sombra sobre su función.

El currículo del hombre de las cámaras

Hugo de la Cuadra Mendoza es actualmente director general del C5i de Tamaulipas. Es decir: el responsable de coordinar la tecnología, operación y estrategia de uno de los aparatos estatales diseñados para vigilar al crimen… aunque el crimen, según la manta difundida tras el ataque, presume poder apagarle las cámaras una por una.

Actual Director general del C5i de Tamaulipas, a cargo de estrategias de coordinación tecnológica y operativa en seguridad pública.

Hugo de la Cuadra Mendoza no llegó al C5i a aprender dónde se conecta una cámara. En su currículum hay PGR, SIEDO, CENAPI, combate al narcotráfico, lavado de dinero, centros de mando, seguridad aeroportuaria, reinserción social, tiro, armamento y una colección de siglas tan extensa que parece inventario de una bodega federal.

Es doctor en Derecho, candidato a doctor en Administración Pública, egresado de posgrados de la UNAM y hombre de recorrido por los sótanos formales del Estado: aquellos donde se supone que se persigue al narco, se rastrea el dinero sucio, se investigan estructuras criminales y se coordina la inteligencia que evita que la violencia se coma al gobierno por dentro.

De la Cuadra fue encargado de Investigaciones Especiales en la vieja y mañosa Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO); también subdirector de Información para el Combate al Narcotráfico y Lavado de Dinero del no menos mañoso CENAPI,casi como si estuviéramos hablando del afamado CAPITAN SOL de la MARINA. 

Y no se debe confundir: la experticia suele formar mejores delincuentes, no mejores policías o mandos de seguridad.

Traducción para quien no colecciona acrónimos: no era un espectador de las ligas mayores de la seguridad; su carta de presentación presume experiencia en la zona donde el Estado dice seguir la ruta del crimen organizado, sus operaciones y sus billetes.

Luego pasó por la dirección del C5 del Estado de México, por el Sistema de Prevención y Reinserción Social, por Huixquilucan como jefe de Estado Mayor de Seguridad Pública, y por el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, donde acumuló cargos de seguridad e identificación aeroportuaria. 

Tiene incluso formación como instructor de armamento y tiro de la desaparecida Secretaría de Seguridad Pública Federal,que mas parece defecto que virtud.

Dicho de otro modo: al director del C5i tamaulipeco no se le puede explicar con palitos y bolitas qué es una amenaza criminal, qué implica una filtración de información, cómo opera una cadena de mando ni por qué la videovigilancia es un asunto de seguridad estratégica. Su currículum afirma que ha vivido profesionalmente dentro de esas preguntas.

La paradoja tamaulipeca

Y ahí está el detalle que convierte la semblanza en una ironía involuntaria.

La manta atribuida a “El Fantasma” no menciona al “encargado de sistemas”, ni al técnico que cambia un cable, ni al vigilante que revisa monitores. Señala directamente al director del C5i y le reclama, en tono de ultimátum criminal, presuntos “intermediarios”, un supuesto “acuerdo” y falta de “palabra”. Al mismo tiempo, amenaza con ir “cámara por cámara”.

Cuando un grupo armado asegura que puede apagar los ojos del Estado y reclama un trato a mandos de seguridad, el caso exige una investigación independiente, trazable y con resultados públicos.

Porque si el hombre al frente del C5i presume haber combatido narcotráfico y lavado de dinero, dirigido centros de mando, controlado seguridad aeroportuaria y capacitado en armas, la pregunta no es si entiende la gravedad del mensaje. La pregunta es por qué, con ese expediente de siglas y responsabilidades, una organización criminal se siente con margen para dirigirse a él como si le estuviera cobrando una factura. 

Cuatro años de discurso y harta complicidad

Américo llegó al gobierno como el primer mandatario de Morena en Tamaulipas, con la promesa de una “transformación” y con un periodo constitucional de 2022 a 2028. Cuatro años después, el balance no puede limitarse a la escenografía de informes, videos, recorridos y algoritmos que lo inculpan profusamente, ligado una y otra vez al crimen organizado.

La pregunta incómoda ya no es cuántos likes consigue el gobernador ni qué tan amable le resulta el encuadre de la propaganda. La pregunta es otra: ¿quién manda cuando una célula armada puede atacar cámaras de seguridad y dejar una manta que habla de “acuerdos”, “intermediarios” y “palabra” como si estuviera cobrando una factura vencida?

Eso explica la potencia simbólica de ambas imágenes:

  • La manta criminal dice: “Aquí hay acuerdos y los acuerdos se cumplen”.
  • La manta gubernamental dice: “Aquí no hay impunidad ni tolerancia”.
  • La realidad exige saber cuál de las dos tiene más peso cuando cae la noche.

Porque una está escrita con tinta institucional y la otra con la amenaza de las armas. Pero las dos hablan de poder. Una presume ejercerlo desde Palacio; la otra presume disputarlo —o condicionarlo— desde las sombras.

La tragedia no es que el gobernador haya pronunciado una promesa ambiciosa. La tragedia es que, cuatro años después, las palabras oficiales parecen publicidad de un estado que existe sólo en los videos, mientras afuera otra autoridad —clandestina, armada y sin logotipo— se atreve a reclamar “palabra”, denunciar “acuerdos” y anunciar que Ciudad Victoria “tiene dueño”.

Tamaulipas no necesita otra manta. Necesita que alguien pruebe, con expedientes, detenciones, sentencias, búsqueda efectiva de desaparecidos y control real del territorio, que la última palabra no la tiene el criminal que amenaza ni el político que posa, sino la ley que hasta ahora ambos parecen invocar desde universos distintos.

Con información @Redes/

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