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lunes, 5 de octubre de 2026

«BALAS GOLFAS DESPIERTAN OPERATIVOS: GROSERÍA de CARNALES IMPUNES del CDG a EE. UU MOVILIZA OTROS 500 SOLDADOS a TAMAULIPAS»… ahí donde su gobernador los chifla y apapacha.


En Tamaulipas, sede de la gestión, pero no del gobierno de Morena y Américo Villarreal, principal aliado del Cártel del Golfo, lo mismo por acción que por omisión, la seguridad recibió otro recordatorio a tiros: desde la ribera mexicana dispararon contra una tripulación de la Guardia Costera estadounidense y, después del ataque, llegaron los refuerzos de EE. UU.; ahora, los de México.

Las balas cruzaron primero; los comunicados y el despliegue vinieron después. Según el reporte citado, la agresión ocurrió el 26 de septiembre cerca de Garceno, Texas, y no dejó heridos ni daños al equipo estadounidense. 

El episodio ocurrió en una franja identificada como territorio de Los Metros, facción del Cártel del Golfo que lidera César Morfín Morfín, alias «Primito», y su hermano, el «R8». 

Ayer domingo 4 de octubre, México desplegó 500 elementos del Ejército y la Guardia Nacional en Nueva Ciudad Guerrero, Mier, Miguel Alemán, Camargo y Díaz Ordaz,luego de que previamente el «operativo disque seguro»,habia hecho lo mismo. El paquete incluyó dos helicópteros UH-60 Black Hawk, drones y equipos antidrones móviles y semifijos. Todo un inventario para una frontera donde la pregunta sigue siendo bastante menos sofisticada: ¿quién manda cuando no está pasando el helicóptero?

La Secretaría de la Defensa Nacional bautizó el despliegue como «Operación Concurrente» o «Espejo», coordinada con las Fuerzas Armadas de Estados Unidos para combatir el tráfico de drogas y personas. El nombre viene bien: ambos gobiernos se miran desde su lado del río, mientras la violencia les devuelve una imagen que no cabe en el boletín.

La coordinación quedó acordada el 3 de octubre entre los comandantes de la XI Región Militar, con sede en Torreón, y de la Octava Zona Militar, ubicada en Reynosa, con sus contrapartes de la Fuerza de Tarea Conjunta «Frontera Sur» estadounidense. Cada fuerza permanecerá en su propio territorio. Cooperación bilateral, sí; permiso para cruzar tropas, no.

Defensa envolvió el mecanismo en su acostumbrado traje de gala: «reciprocidad», «responsabilidad compartida y diferenciada», «confianza mutua» y respeto a las decisiones y territorios soberanos. Todo impecable en el papel. El problema es que los gatilleros no consultan el glosario diplomático antes de disparar.

La dependencia también precisó que estas operaciones coordinadas se realizan desde el 5 de febrero de 2025. Es decir, el mecanismo no nació este fin de semana. Lo que toca explicar no es solamente cómo funciona la coordinación, sino qué resultados produce frente a quienes siguen haciendo de la frontera un negocio armado.

Refuerzos, nombres y cuentas pendientes

Del lado estadounidense, aproximadamente 500 militares fueron movilizados al Valle del Río Grande como parte de «Ardent Vanguard», o «Vanguardia Ardiente», después del ataque contra la Guardia Costera. Washington respondió con más presencia militar a una agresión que, según el reporte consultado, provino del lado mexicano. 

México ya había anunciado el sábado una primera respuesta naval: 159 elementos, 11 vehículos y dos drones desplegados desde el Sector Naval de Matamoros bajo la «Operación Sable». Ahora se incorpora el contingente del Ejército y la Guardia Nacional. Sable, Espejo, Vanguardia Ardiente: nombres sobran. Lo que falta conocer son los responsables identificados, las detenciones y las estructuras criminales efectivamente desmanteladas.

Para el gobierno de Américo Villarreal, el asunto se sigue complicando. Mientras Washington lo observa y lo «encarpeta» por sus presuntas ligas con el tráfico de huachicol y el crimen organizado, como advierten Los Angeles Times y The New York Times, la exigencia sería explicar cómo una ribera mexicana pudo convertirse, bajo su gobierno, en punto de agresión contra agentes del país vecino y qué se hará para impedir que vuelva a ocurrir, sobre todo ante el antecedente de disparos contra la Patrulla Fronteriza en enero de 2025.

Porque desplegar tropas es una acción; recuperar el control territorial es un resultado. Y confundir ambos sirve para llenar comunicados, no para vaciar de pistoleros la frontera.

La soberanía no necesita más adjetivos: necesita que el Estado mande donde hoy los criminales pretenden mandar a balazos. Que los Black Hawk vigilen desde arriba, sí. Pero que abajo haya investigaciones, capturas y consecuencias. De lo contrario, el «Operativo Espejo» terminará reflejando lo de siempre: mucha ceremonia para anunciar la fuerza y demasiadas preguntas sobre cuándo se ejercerá.

Con información: ELNORTE/MEDIOS

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