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viernes, 2 de octubre de 2026

LA «PATRIA de la VARA de DOS MEDIDAS»: MORENA HIPÓCRITA SACA su CATÁLOGO de EXPLICACIONES para DEFENDER a su CORCHOLATA GRINGA en NAYARIT»… ella no se apellida Cabeza de Vaca.


Morena convirtió la nacionalidad única en una prueba de patriotismo; cuando el discurso alcanzó a su propia aspirante en Nayarit, sacó el catálogo de explicaciones. El blanco de la crítica no es dónde nació Jasmine Bugarín, sino la elasticidad de los principios del partido que la respalda. 

Una patria, dos discursos

En Morena, la patria es una, pero la vara tiene dos medidas. Para defender su reforma sobre nacionalidad única, el oficialismo invoca la soberanía, la lealtad y la bandera. Para defender a Jasmine Bugarín, senadora con licencia del Partido Verde y coordinadora de la transformación en Nayarit, invoca su historia familiar, su compromiso con México y su disposición a completar los trámites necesarios. La misma coalición que exige una sola nacionalidad para determinados cargos pide considerar las explicaciones de su propia elegida. Qué conveniente: el rigor en la tribuna y la comprensión en casa.

El 29 de septiembre, Morena y sus aliados aprobaron en el Senado la reforma para exigir únicamente la nacionalidad mexicana a quienes aspiren a la Presidencia, las gubernaturas y la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México. En aquella discusión, la senadora Margarita Valdez defendió que el presidente «no se arrodille más que ante la bandera». Dos días después, Morena y el Verde respaldaron a Bugarín, nacida en California, porque «ha manifestado públicamente su lealtad a México». Para legislar, una nacionalidad; para justificar a la propia, una declaración de buenas intenciones.

Conviene poner el bisturí donde corresponde: Bugarín no es menos mexicana por haber nacido en Estados Unidos. Es hija de mexicanos y su condición de mexicana por nacimiento tiene sustento constitucional, como recuerda la propia defensa difundida por Morena. Sus padres migraron para trabajar como jornaleros; esa historia no es una falta que deba purgar ni un expediente de sospecha. Lo cuestionable es convertir la doble nacionalidad en un problema de lealtad política y luego explicar que, en el caso de la compañera, la lealtad está perfectamente acreditada. 

La renuncia de utilería

La defensa oficial añadió un enredo que merece lupa. El 1 de octubre, Luisa María Alcalde afirmó que Bugarín había renunciado a su doble nacionalidad desde 2018 mediante el trámite ante Relaciones Exteriores. Ese mismo día, Bugarín reconoció que todavía tenía ciudadanía estadounidense y pasaporte vigente. La renuncia que el gobierno presentó como asunto resuelto convivía, pues, con una ciudadanía que la interesada admitía conservar. La contundencia del micrófono iba por delante de los hechos. 

El 2 de octubre, Bugarín informó que había iniciado ante el Consulado de Estados Unidos en Guadalajara el trámite para renunciar a esa ciudadanía. Iniciado: no concluido. 

Ese anuncio obliga a distinguir lo que la propaganda mezcló: declarar ante autoridades mexicanas la renuncia a «toda sumisión, obediencia y fidelidad» a otro Estado no acreditaba, en este caso, que hubiera dejado de ser ciudadana estadounidense. Si todavía la conservaba y apenas comenzaba el procedimiento para abandonarla, el «desde 2018» requería bastante más explicación y bastante menos aplomo. 

El respaldo partidista también tiene su pequeña acrobacia: Morena y el Verde sostienen que su lealtad ya está probada, pero anuncian que acompañarán los trámites adicionales para que conserve únicamente la nacionalidad mexicana. Es decir, el discurso ofrece certeza mientras el expediente sigue en proceso. Primero el espaldarazo; después, a ordenar los papeles. 

El patriotismo con calendario

Hay otra precisión que no debe sacrificarse por una buena frase: según la explicación muy conveniente por cierto,de la Consejería Jurídica, el transitorio fija la aplicación de la reforma a partir del proceso electoral correspondiente a 2028, por lo que esa nueva restricción federal no afectaría la elección de Nayarit de 2027; los requisitos locales deben examinarse por separado. Por tanto, el respaldo a Bugarín no demuestra, por sí solo, una infracción a esa reforma. La crítica sólida es política: el contraste entre la severidad del discurso y la flexibilidad de la defensa. 

Y ahí está la doble moral que merece exhibirse: no en que una mexicana haya nacido en California, sino en que Morena use la nacionalidad única como certificado de patriotismo mientras arropa a una aspirante que reconoció conservar la estadounidense. 

Cuando predican, «una bandera, un pueblo, una patria»; cuando explican a la propia, historia familiar, lealtad declarada y trámites pendientes. No es que Bugarín deba demostrar que merece ser mexicana. Es Morena quien debe explicar por qué su patriotismo necesita tantas notas al pie. 

Con información: ELUNIVERSAL/

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