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martes, 6 de octubre de 2026

“CUATRO AHORITAS ?: GENERAL de SSP de AMÉRICO se PARAPETA detrás del FUEGO VERBAL SIN COORDENADAS y NO sabe por qué HUYE la GENTE de TAMAULIPAS”… que está seguro de que estamos seguros.


El INEGI puso el desplazamiento forzado de personas sobre la mesa y el general Carlos Arturo Pancardo Escudero respondió con una maniobra de evasión: “Pues no sé de qué año estarán hablando”. El Secretario de Seguridad Pública de Tamaulipas del gobierno «sobradamente mañoso» de Americo Villarreal pasó después al contraataque verbal: “ahorita, ahorita, ahorita, ahorita” están seguros y avanzan en el plan de seguridad. Cuatro “ahoritas”, ninguna explicación sobre los desplazamientos.

Primero, disciplina de tiro con las cifras: el INEGI reportó 14 mil 600 hogares con al menos un integrante que tuvo que cambiar de residencia por violencia o inseguridad. Las 46 mil 900 personas corresponden a la población de esos hogares, no a un conteo individual de personas desplazadas. Corregir esa diferencia es indispensable: nuestra crítica no necesita inflar el parte para evidenciar la gravedad del problema. 

“La seguridad impera”

“La seguridad impera en todo el estado”, afirmó Pancardo.Una declaración de ese tamaño exige algo más que voz de mando: exige evidencia o avisarle al Cartel del Golfo.

El general presenta el tránsito y la llegada de visitantes a los centros turísticos como señales de seguridad. Pero una cosa es observar circulación y otra demostrar protección efectiva para toda la población. Los turistas no constituyen un censo de víctimas; una carretera transitada no responde cuántas familias abandonaron su vivienda, qué amenazas enfrentaron ni si pueden regresar.

Lo que el informe del INEGI 2026 documenta es un fenómeno que merece respuesta: miles de hogares reportaron integrantes obligados a cambiar de residencia por violencia o inseguridad. Una proclamación de tranquilidad no cancela ese antecedente.

La seguridad no “impera” porque el secretario la forme en posición de firmes. Debe acreditarse, no recitarse.

“Ahorita, ahorita, ahorita, ahorita”

“Pues no sé de qué año estarán hablando”.

De una medición identificable, general. Los resultados de la Encuesta Intercensal 2025 para Tamaulipas fueron publicados el 22 de septiembre de 2026; el levantamiento se realizó entre octubre y noviembre de 2025. No era necesario enviar una patrulla de reconocimiento: bastaba consultar el documento.

Si quería distinguir el periodo estudiado de la situación actual, tenía una respuesta legítima disponible: explicar las fechas y presentar indicadores recientes. En cambio, el General eligió parapetarse detrás de cuatro “ahoritas”.

“Ahorita” no es una serie estadística. “Ahorita” no identifica municipios, no establece una comparación y no explica qué pasó con las personas afectadas. Repetirlo tampoco convierte una afirmación en evidencia: es fuego verbal sin coordenadas.

“Yo te digo que estamos seguros y vamos avanzando en el plan de seguridad”, dijo sin rubor el general del Ejército que comanda la Guardia Estatal en la entidad líder del levantón en todo México, pese a tener una menor densidad de población que las entidades que ocupan el segundo y el tercer lugar.

¿Avanzando respecto de qué punto de partida y con qué resultados? Un plan puede estar en ejecución sin que sus resultados estén demostrados. Confundir movimiento con avance es una mala lectura del terreno: también se puede marchar en círculos.

“Yo no desmiento nada”

“Yo no desmiento nada, yo te estoy diciendo los datos que yo tengo aquí”.

Entonces corresponde identificar esos datos y explicar cómo se relacionan con la información del INEGI. Porque no desmentir una cifra y, al mismo tiempo, esquivar su significado deja el problema intacto.

El secretario no explica las causas de los desplazamientos ni presenta información sobre atención a las personas afectadas. Cambia de posición: abandona la pregunta sobre quienes tuvieron que irse, vulgo huir de la entidad y se atrinchera en su afirmación sobre la seguridad presente.

Esa maniobra no refuta el informe y permite criticar su respuesta es lo que está a la vista: no aclara la temporalidad, no desarrolla el dato y no informa qué atención reciben las víctimas.

El INEGI aporta una medición; Pancardo invoca “los datos que yo tengo aquí”, pero en el pasaje entregado no los identifica. La rendición de cuentas no puede funcionar como expediente reservado en el bolsillo del mando.

Operativos sin parte de resultados

Sobre los dispositivos en las entradas de Ciudad Victoria, Pancardo reconoció que, hasta ese momento, no tenía decomisos ni detenciones que reportar. Aun así, sostuvo que la vigilancia había inhibido la presencia delictiva.

La ausencia de detenciones no demuestra por sí sola que un operativo sea inútil. Pero tampoco demuestra que haya disuadido delitos. Para sostener esa conclusión hacen falta elementos que permitan distinguir un efecto real de una impresión del funcionario.

“Permanentes”, añadió sobre los dispositivos. La permanencia describe cuánto durarán, no cuánto han conseguido. Un puesto de vigilancia puede estar instalado todos los días y seguir necesitando evaluación. Permanecer no equivale a cumplir la misión.

Después llegaron los demás movimientos del parte: Tránsito Estatal en carreteras estatales, Guardia Nacional en las federales, vigilancia en la Rumbo Nuevo y la carretera a El Mante, sanciones para quienes infrinjan el reglamento. Son asuntos pertinentes para la seguridad vial, pero no contestan por qué hubo hogares con integrantes desplazados ni qué respuesta institucional recibieron.

Sobre las lluvias y los cortes carreteros en Burgos, reconoció que todavía estaba llegando información. Ahí sí admitió un panorama incompleto. Esa misma prudencia habría sido más útil ante la pregunta sobre desplazamiento que la proclamación de que “la seguridad impera en todo el estado”.

Finalmente, ante los robos en planteles, habló de Escuela Segura, de una lista de la Secretaría de Educación y de reportes diarios de sus delegaciones. Recibir reportes acredita un flujo de información; no demuestra, por sí mismo, que los robos hayan disminuido o que los planteles estén protegidos.

El problema de esta comparecencia no es que el general carezca de una respuesta instantánea para todo. Es que sustituya la explicación por la consigna, la evaluación por la presencia y la evidencia por el “yo te digo”.

General: menos revista de discursos y más parte verificable. La pregunta era por quienes tuvieron que cambiar de residencia, no por cuántas veces podía repetir “ahorita”.

El “no sé” puede explicar una carencia de información. Lo que no puede hacer es pasar por estrategia de seguridad. Y cuando quien encabeza la corporación responde así ante un problema documentado, la pregunta deja de ser de qué año le hablan y pasa a ser otra: ¿con qué información está tomando decisiones?

Con información: Hoytamaulipas/

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