El gobierno federal ahora dice que investiga a militares, Guardia Nacional y funcionarios aduanales por su presunta complicidad en el robo y contrabando de huachicol usando ferrotanques; el tamaño y descaro del operativo confirma que esto sólo podía ocurrir con la protección y participación de altos mandos, en un país donde la corrupción institucional parece siempre encontrar grietas para colarse.
Operativos y Modus Operandi
Durante 2025 han asegurado 206 ferrotanques que transportaban ilegalmente más de 24 millones de litros de combustible, haciendo pasar los cargamentos como aditivos y productos químicos, mientras bandas criminales y funcionarios —con la bendición de sobornos millonarios— permitían el paso de trenes y carrotanques desde sus puestos de vigilancia ferroviaria. Los decomisos ocurrieron en Coahuila, Tamaulipas y San Luis Potosí, y evidencian una red tan sofisticada como cínica, en la que el Estado no sólo custodia el flujo del huachicol, sino ayuda a gestionarlo.
Funcionarios y Empresas bajo la lupa
Las indagatorias apuntan específicamente hacia militares, Guardia Nacional y funcionarios de aduanas, pero también involucran empresas ferroviarias como Lambrucar, Ingemar, Belar Fuels e Industriales Fundentes, junto a comercializadoras que finalmente llevan el combustible robado hasta el consumidor final.
Complicidad y Sobornos
El operador ferroviario corrompido, el militar “patriótico” y el funcionario aduanal coinciden detrás del mismo escritorio: todos reciben su tajada a cambio del libre tránsito del oro negro fiscalmente maquillado, usando la vieja receta mexicana de impunidad y simulación.
El discurso oficial insiste en que “no se tolerará complicidad de nadie”, pero los hechos revelan que las redes del huachicol llegan hasta los mismísimos encargados de combatirlo.
Por que el título
«NADIE CUIDABA a los CUIDADORES»: «INVESTIGAN de los DIENTES para AFUERA al EJERCITO y la GN por HUACHICOL DECOMISADO en FERROTANQUES en sus NARICES»…esto ha sido una escandalosa orgia de todos,con la luz de la ley y la justicia apagadas.
Nuestro encabezado refleja perfectamente el sentido de un escándalo donde la vigilancia terminó por cuidar sólo los intereses de los corruptos y no del país. Todo este episodio ha sido, literalmente, una orgía de impunidad en la que, con la luz de la ley y la justicia apagadas, los que debían combatir el delito (ejército, Guardia Nacional y funcionarios de aduana) son hoy investigados como parte esencial del engranaje del robo de combustible.
Nadie Vigiló a los Vigilantes
- Más de 24 millones de litros de combustible ilegal fueron decomisados en cinco operativos recientes, repartidos en 206 ferrotanques que circularon sin freno bajo los propios ojos de militares y GN.
- Las rutas ferroviarias, supuestamente protegidas por cuerpos de seguridad, sirvieron como autopistas del huachicol a cambio de sobornos que lubricaron la maquinaria institucional.
- La participación de empresas y operadores logísticos cerró el círculo, demostrando que sin la complicidad —activa o tolerada— de los vigilantes del Estado no se hubiera logrado tal nivel de saqueo.
Corrupción y Simulación Oficial
- Durante años,meses, el traslado clandestino fue disfrazado bajo permisos y maniobras administrativas, mientras la vigilancia militar y aduanera fungía de comparsa y blindaje.
- Tan solo este año, 23 personas ligadas a operadores de ferrotanques, funcionarios y miembros de fuerzas públicas han sido detenidos, pero el verdadero daño está en el descrédito de las instituciones mismas.
- Las investigaciones abiertas señalan que empresas específicas —Lambrucar, Ingemar, Belar Fuels, Industriales Fundentes y otras comercializadoras de energéticos— aprovecharon la infraestructura federal y la “vista gorda” de la autoridad para operar a gran escala.
El sesgo irreverente: Porque aquí la pregunta realmente no es “quién cuida la seguridad del combustible”, sino “quién cuida a los cuidadores”. En esta tragicomedia nacional, el ejército y la Guardia Nacional no pudieron ser parte de otra forma; tenían que estar metidos —y lo están— hasta donde alcanza el olor a gasolina, a dinero fácil y a impunidad que otorga el uniforme, casi una armadura medieval.
No hay mayor síntoma de podredumbre institucional que el hecho de que la seguridad misma haya sido secuestrada por sus custodios.
Con informacion: ELUNIVERSAL/

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