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sábado, 13 de septiembre de 2025

“ME lo DIJO ADELA”: “EMPRESARIOS de la MOTA y la COCAINA YA se VOLVIERON EMPRENDEDORES COBRACUOTAS DUEÑOS del MIEDO y las NOMINAS GRACIAS al GOBIERNO que AUN los ABRAZA y les SONRIE”…extorsiónan para vivir y viven para extorsionar.


La extorsión en México se ha convertido en el cáncer más visible del pacto criminal que une al gobierno y al narco bajo una mesa de intereses mezquinos, pero que ambos —en su infinita desvergüenza— simulan combatir mientras la sangre mancha el pavimento y los emprendedores aprenden que ser Tamaulipeco,Sinaloense o de cualquier parte del pais, es, ante todo, sobrevivir a los que deben protegerlos.

¿De qué hablamos cuando hablamos de extorsión?

Ya ni hablemos de la tradicional narrativa del narco: aquellos “empresarios” de la cocaína y la mota —ahora diversificados en el cobro de piso, en la administración cotidiana de la economía nacional, como dueños de los miedos y las nóminas de los que se soban el lomo en tareas productivas donde no solo les pagas cuota por dedicarte al comercio,tambien te imponen lo que vendes, al precio que les da la gana 

La extorsión ya no es un simple delito, es, irónicamente, el gran sistema fiscal paralelo del país: el “impuesto” narco que decide quién puede abrir un restaurante y quién termina buscando sus sueños en Estados Unidos. Los verdaderos trabajadores —los que sí se le chingan— pagan tributo bajo amenaza, mientras los gobiernos se hacen los locos, firman pactos silenciosos,son operadores directos del negocio ademas se toman fotos con ellos, como ocurre con Morena y Americo Villarreal en Tamaulipas.

El gobierno: cómplice y simulador

¿De qué sirve aprobar reformas constitucionales si las corporaciones policiales y los Ministerios Públicos son, en muchos casos, los cobradores oficiales de esa renta criminal? Se persigue al extorsionador, pero el Estado lo protege, lo recicla, lo premia. 

El pacto de silencio es inquebrantable: el 96% de los delitos de extorsión ni siquiera se denuncia, pues la ciudadanía sabe mejor que nadie que meterse con el Estado es meterse con la empresa mafiosa más grande del país.

Las cifras son aterradoras y reales: cientos,miles de extorsiones diarias que no son contabilizadas salvo por las cifras negras, y año tras año el récord nacional se supera como si fuera una medalla olímpica del fracaso institucional. Los narcos de ahora ya no sueñan con avionetas cargadas de droga; sueñan con abultar los listados de comerciantes que pagan piso, que pueden exprimir para sostenerse y hacerse mas poderosos.

La realidad: México como franquicia de extorsión

¿Quién puede abrir un hotel en México, poner un taller, vender tamales, comprar un taxi? Solamente aquellos que están dispuestos a pagar el doble: el impuesto oficial y el narcoimpuesto. Y no se diga de las “autoridades”, el verdadero crimen organizado autorizado, bien vestido y con placa. El país es una franquicia de extorsión, donde la ley solo se aplica a los ingenuos, y la impunidad es la regla para los verdaderos dueños del poder.

Reclamo y denuncia: El gobierno como la peor banda

Así que aquí no cabe la tibieza: el gobierno presume combate, mientras firma su complicidad con la mugre. La simulación ya no convence a nadie: legislan para la foto y se escabullen para el reparto; prometen cárcel y ofrecen protección; juraron servir y se postran ante el narco-rentas. Este es el verdadero México, el del Estado ausente y de los criminales empoderados, donde la extorsión no es solo un delito, sino la lógica de una nación sitiada por el miedo y la hipocresía oficial.

Epílogo: Irreverencia con dolor

Que no se atrevan a llamarle “AVAnce” a legislar sobre la extorsión cuando el verdadero avance será el día que los criminales con cargo público, muchos convertidos en traficantes de las cuotas del huachicol,es decir extorsionadores de contrabandistas, como Americo Villarreal, terminen tras las rejas junto a los sicarios. Hasta entonces, México seguirá siendo la tierra donde trabajar es una apuesta y sobrevivir, un milagro. Y sí, que retumbe: el gobierno es peor que inútil, es cómplice. Y la extorsión, ese impuesto infame, es el precio que pagan los valientes para que la élite gobernante siga fingiendo que “todo está bien” en una mañanera cualquiera.

Con informacion: Adela Micha/YOUTUBE

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