La muerte está tan segura de ganar que te da una vida de ventaja. Andrés Filomeno Mendoza, conocido como el “Monstruo de Atizapán”, utilizó la suya para arrebatar otras. Murió en el penal de Tenango del Valle, Estado de México, donde cumplía ocho sentencias por feminicidio y desaparición forzada. Según los reportes citados, presentó complicaciones respiratorias graves.
Esta vez, el que dejó de respirar fue él. Pero su muerte no devuelve a ninguna de sus víctimas ni borra el horror que dejó detrás.
En mayo de 2021 fue detenido tras un cateo en la vivienda que habitaba en Atizapán de Zaragoza. Allí localizaron más de 4 mil 300 restos óseos. La cifra corresponde a restos, no al número de víctimas: el espanto no necesita que se le inflen las cuentas.
En el inmueble también encontraron identificaciones, libretas con nombres y descripciones de personas, fotografías, bisutería, bolsos de mujer, calzado y videos en formatos VHS y de 9 milímetros. Un inventario del horror entre objetos cotidianos.
Acumuló ocho sentencias, pero no había condena capaz de devolver las vidas arrebatadas. La muerte llegó por él sin necesitar una novena.
Con información: ELNORTE/

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