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domingo, 19 de julio de 2026

"TEMPORADA de LODO: la CARA NARCA de MORENA la PRESIDENTA no se la tumba, pero YA le puso la suya de HUACHICOLERO al PAN... la única diferencia entre ambos es solo el nivel de sinvergüenzas."


La columna periodística de Ignacio Zavala para El País no describe un hecho: dramatiza el punto de quiebre en el que la política mexicana pasó de la simulación al garrotazo con expediente judicial en mano. Y lo hace con una tesis bastante clara, aunque envuelta en ironía: Sheinbaum ya no juega a administrar el desastre heredado, sino a redistribuir el costo político… con nombre, apellido y orden de aprehensión

El arranque con la frase de López Obrador no es casual. Zavala la usa como contraste: si AMLO era “moderado”, entonces lo de Sheinbaum ya no es retórica mañanera sino acción punitiva con efectos reales. Traducción menos elegante: se acabó el discurso de plaza pública, empieza la política con consecuencias penales. O, si se quiere, el obradorismo deja el micrófono y toma el expediente.

Luego viene el movimiento central: la detención de Ruffo. Zavala la presenta como un golpe quirúrgico pero también como jugada narrativa. Morena traía colgada la etiqueta de “narco-política” —Rocha Moya, Marina del Pilar— y de pronto aparece un “huachicolero” del otro lado. Casualidad, dice Zavala sin decirlo. Una coincidencia tan oportuna que parece estrategia.

Aquí el sarcasmo se afila: la presidenta exige pruebas a Estados Unidos cuando se trata de los suyos, pero no duda en exhibirlas —o al menos afirmarlas— cuando el acusado es opositor. No acusa sin pruebas, pero tampoco pierde tiempo en demostrar que las tiene cuando conviene políticamente. La vara es la misma… pero la mano que la sostiene decide cuándo medir, cuando mentir y cuanto.

Zavala no exonera a Ruffo; tampoco le interesa demasiado su culpabilidad. Lo que subraya es el símbolo: el primer gobernador opositor en la historia democrática termina en la cárcel bajo un gobierno de Morena. Eso, en términos narrativos, es dinamita. No importa si es justicia o timing político: el mensaje ya está enviado.

Y ese mensaje tiene doble destinatario. Hacia afuera: la oposición ya no solo pierde elecciones, también puede perder la libertad. Hacia adentro: si ya cayó uno “del otro lado”, nadie en casa debería sentirse intocable. Zavala sugiere algo incómodo para Morena: este tipo de golpes también sirven para disciplinar a los propios. El garrote no distingue tanto como el discurso presume.

Donde la columna se vuelve más punzante es en la idea de la “cortina de humo”. Zavala dice, básicamente: si esto pretende tapar los escándalos de Morena, no lo va a lograr, porque esos casos ya están internacionalizados, particularmente en Estados Unidos. Es decir, el incendio no se apaga moviendo la cámara; solo cambias el ángulo mientras el fuego sigue.

El cierre es casi cínico: la política entra en una fase de lodo abierto. Ya no hay pudor ni simulación de altura institucional. Hay ofensiva, hay expedientes, hay timing político y hay un mensaje implícito: quien no entienda las nuevas reglas, puede acabar entendiéndolas desde una celda.

En resumen, Zavala pinta a Sheinbaum como alguien que decidió dejar de administrar costos y empezó a repartirlos con precisión quirúrgica… o con oportunismo quirúrgico, dependiendo del lector. Y sugiere, sin decirlo de frente, que en México la justicia puede ser muchas cosas, pero rara vez es políticamente inocente.

Con información: IGNACIO ZAVALA/DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS/

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