Stephen Miller ,Asesor de la Casa Blanca en Washington no exagera cuando habla de México como territorio ocupado por organizaciones terroristas, Tamaulipas,Morena y Americo Villarreal aparecen como la prueba incómoda de que el halcón gringo no está disparando en falso.
El diagnóstico Miller… visto desde Tamaulipas
Miller dice que el sistema de justicia, el sistema político y el sistema legal mexicanos “no funcionan” porque hay zonas controladas por organizaciones terroristas que matan, extorsionan y secuestran a cualquiera que se les ponga enfrente.
No está describiendo un país abstracto: está describiendo, punto por punto, lo que se vive en estados como Tamaulipas,Sinaloa o Michoacán desde hace décadas, pero potenciado a la cuarta transformación desde hace 7 años.
En su discurso, la única muralla entre ese infierno y Estados Unidos es la franja fronteriza que los militares norteamericanos vigilan como si fuese la última línea de vida de su propio Estado de derecho.
Lo cínico es que a México le indigna más el tono de Miller que la evidencia que lo sostiene, como si el problema fuera la insolencia y no los muertos, desaparecidos y territorios entregados al control criminal que dicho sea de paso, ya no es tan narco,pues ahora vive de las cuotas, de los derechos de piso,los derechos de paso y los chuecos en el gobierno.
La narrativa oficial presume “tendencias a la baja” en homicidios mientras la realidad en municipios tamaulipecos sigue regida por la ley del fusil y el soborno al crimen uniformado con charola que auspicia, solapa y protege al crimen autorizado, mas que organizado.
Tamaulipas: laboratorio del Estado fallido
Tamaulipas funciona desde hace años como manual viviente de lo que Miller llama “territorio controlado y ocupado por organizaciones terroristas”. Rutas, ciudades, policías y hasta campañas políticas han sido, por mucho tiempo, piezas de un tablero donde el crimen organizado decide quién gana, quién gobierna, quién vive y quién, de plano, termina apareciendo tras el levantón consuetudinario.
En Valor Tamaulipeco llevamos mas de una década documentando cómo la vida cotidiana está atravesada por narcopolítica, complicidad institucional y ahora un régimen del miedo de color guindo que no necesita decreto ni reforma constitucional para imponerse.
Cuando desde Washington hablan de cárteles que “debilitan las instituciones mexicanas y exportan estructuras criminales”, para Tamaulipas esa frase no es geopolítica: es rutina.
Cada escándalo por extorsión ,secuestro o los dos, de policías estatales cruzando a Texas, cada operativo armado disfrazado de “seguridad pública”, cada campaña que huele más a pacto que a propuesta, confirma que la línea entre gobierno y organización criminal ya no es frontera, sino zona gris.
Américo y la “conducta política y criminalmente organizada”
La conducta de Américo Villarreal y su gabinete, «política y criminalmente organizada” sintetiza esa mezcla tóxica: no es que el gobernador sea “igual” que sus predecesores, sino que se le acusa de ser peor porque el maridaje entre poder político y estructura criminal ha alcanzado niveles más refinados y descarados.
La denuncia cotidiana advierte uso sistemático del aparato estatal –policías, recursos, discursos– en clave de protección de intereses oscuros, como si la gubernatura fuese la franquicia de un consorcio delincuencial con logo oficial.
Ahí está el botón de muestra que pedías: Tamaulipas como escaparate donde la justicia es un chiste cruel, la fiscalía una sucursal y el gobierno un gestor administrativo de la plaza, mientras desde el extranjero se le pone etiqueta de “terroristas” a los grupos que en la práctica co-gobiernan la entidad.
Cuando Miller acusa que “el territorio está controlado por organizaciones terroristas que matan, extorsionan y secuestran”, la pregunta incómoda no es si se pasó de la raya, sino cuántos funcionarios locales pueden mirar a la cámara y decir, con pruebas, que eso es mentira.
La doble hipocresía: Washington y Ciudad de México
El asesor de la Casa Blanca no se equivocan siquiera poquito al usar a México como ejemplo de Estado descompuesto, aunque ellos conlleva justificar militarización fronteriza y el endurecimiento de políticas migratorias.
Si los cárteles operan como organizaciones terroristas, es porque hubo y hay gobiernos que les cedieron terreno, presupuesto y complicidades, muchos de ellos precisamente en estados como Tamaulipas.
Del lado mexicano, la respuesta estándar cínica es indignarse, acusar intervencionismo y presumir que “las cifras van mejorando”, aunque los reportes internacionales advierten un deterioro democrático, captura institucional y persistencia de violencia ligada al crimen organizado.
La clase política se rasga las vestiduras porque un asesor extranjero “pinta de puerco completo” la justicia mexicana, pero guarda silencio cada vez que un caso de desapariciones donde Tamaulipas es subcampeón nacional y Reynosa la campeona estatal.
Con información: Azucena Uresti/

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