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viernes, 29 de mayo de 2026

«NO FUE REFORMA,FUE CERROJO: MORENA CONVIRTIO CONGRESO en TALLER de HOJALATERIA INSTITUCIONAL y NO LEGISLARON,CAVARON una TRINCHERA»…hasta Morenos «rebeldes con causa» hubo.


Habían anunciado que sólo irían por posponer la fecha de la elección judicial, pero Morena y sus aliados se recetaron un blindaje electoral para los comicios de 2027: aprobaron la nulidad a modo, con el pretexto de la intervención extranjera en elecciones y abrieron la puerta a Magistrados incondicionales a reelegirse hasta 2034. Eso no es reforma: es cerrojo.

El combo: elección judicial pateada y magistrados eternos

Tras 32 horas de sesión maratónica, la Cámara de Diputados convirtió el Congreso en taller de hojalatería constitucional.

No solo pospusieron la segunda fase de la elección judicial de 2027 a 2028; también abrieron la puerta a que cuatro magistrados del Tribunal Electoral se reelijan y alcancen hasta 18 años en el cargo, justo el tribunal que tendrá en sus manos las elecciones que vienen.

El cinismo quedó retratado cuando hasta Alfonso Ramírez Cuéllar, morenista y operador de Sheinbaum en San Lázaro, tuvo que admitir que eso rompe la Constitución y revive las “castas” judiciales que el propio movimiento decía combatir.

Es la vieja lógica del régimen: se denuncian los privilegios mientras se construyen unos nuevos, solo que ahora con licencia de “Cuarta Transformación”.

La nulidad por “injerencia extranjera”: el candado a modo

Como si no bastara con alargar la vida útil de sus magistrados leales, Morena y aliados se recetaron una causal de nulidad de elecciones basada en la nebulosa “intervención extranjera”.

El texto original de Monreal ya era preocupante: bastaba con alegar que individuos, organizaciones o gobiernos extranjeros quisieron influir en las preferencias o resultados para prender la mecha de la nulidad.

La nueva redacción no corrige el problema, lo perfecciona:ahora la nulidad procede cuando “se acrediten actos de intervención o injerencia extranjera que influyan en los resultados electorales”.

Traducción política: cualquiera que el poder quiera pintar como injerencia —desde ONGs con financiamiento internacional hasta investigaciones periodísticas coordinadas desde fuera— puede convertirse en pretexto para impugnar o volar una elección incómoda.

El nivel de arbitrariedad es tal que hasta Olga Sánchez Cordero, ex ministra de la Corte e integrante de la bancada oficialista, tuvo que poner el freno de emergencia: advirtió que es una “norma abierta”, completamente rellenable con cualquier capricho normativo.

Cuando hasta tus propios cuadros con carrera judicial te dicen que estás abriendo un agujero negro legal, es porque no estás legislando, estás cavando una trinchera.

Congreso en modo bronca: narcopolítica, mantas y playeras

Nada de esto ocurrió en un ambiente republicano y sereno; fue una sesión salpicada de anomalías en las votaciones, conatos de bronca, recesos exprés y mantas acusando narcopolítica colgadas en las galerías.

Mientras parchaban la ley, el pleno tenía el ambiente de mercado en cierre de campaña: gritos, acusaciones cruzadas y un oficialismo contando votos como si estuviera sumando delegados de un sindicato, no reformas de rango constitucional.

En el Senado, el espectáculo no mejoró: la iniciativa presidencial pasó con 87 votos a favor y 40 en contra, empujada por Morena, PT y PVEM.
Se concretó así el paquete: posposición de la elección judicial, reelección de magistrados electorales y la bomba de nulidad por intervención extranjera lista para usarse en 2027 y 2028 si algo sale “mal” en las urnas.

Las acusaciones de narcopolítica cruzaron la sala como proyectiles.

Los panistas, alineados con Ricardo Anaya, se enfundaron playeras de apoyo a Maru Campos, gobernadora citada por la FGR por un caso donde hasta la CIA aparece en el expediente, mientras retaban a Morena a ponerse camisetas de “Yo con Rocha” por el gobernador de Sinaloa señalado en Estados Unidos por presuntos nexos con el Cártel de Sinaloa.

Nadie en Morena se atrevió a ponerse la playera. Todos, eso sí, se pusieron sin pudor el chaleco antibalas institucional: un Tribunal Electoral dócil y una causal de nulidad hecha para que, si el voto popular no coopera, siempre quede un botón rojo que pueda ser presionado desde el poder.

La jugada de fondo: blindar al régimen, no a la democracia

Visto en conjunto, el mensaje es brutalmente claro: el oficialismo no confía ni en la ciudadanía, ni en las reglas que ya existen, ni en la independencia de los árbitros; quiere árbitros que duren lo que dure el proyecto y una cláusula de escape para desactivar cualquier resultado adverso.

Posponer la elección judicial no es un detalle técnico de calendario: es ganar tiempo para que el aparato siga bajo control mientras se prueba la nueva arma de nulidad.

La causal por “intervención extranjera” será vendida en plazas públicas como defensa de la soberanía, pero en la práctica puede convertirse en un castigo político contra cualquier actor que, desde dentro o fuera, incomode la narrativa del gobierno.

El Tribunal, con magistrados reeligidos gracias a esta misma mayoría, será el que interprete qué cuenta como “injerencia” y hasta dónde llega el filo de esa norma abierta.

Si algo mostró esta sesión interminable es que Morena ya no solo quiere ganar elecciones: quiere reservarse el derecho de decidir cuáles valen y cuáles se anulan, y con qué árbitros.

Un legislador verdaderamente democrático no podría votar esto sin admitir que está renunciando a lo básico: que el voto cuente, pese, y no pueda ser tirado a la basura con el pretexto perfecto de que “el extranjero” metió la mano.

Con informacion: NORTE/

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