El domingo volvió a teñirse de rojo ayer en Culiacán. Tres hombres fueron hallados asesinados dentro de un vehículo abandonado en la autopista Benito Juárez, al norte de la ciudad. El hallazgo, ocurrido alrededor de las 19:30 horas, es solo el último episodio de una larga cadena de ejecuciones que evidencian que para el crimen organizado no existen días de descanso. La violencia es una constante que ni el despliegue de fuerzas estatales, federales ni militares ha logrado contener.
Simultáneamente, Culiacán enfrenta otra “ejecución”: la de su tejido laboral. Durante el primer semestre de 2025, la capital sinaloense lideró la pérdida de empleos en el estado, con una disminución de 7,842 trabajadores registrados ante el IMSS, lo que representa una caída del 2.9% respecto al mismo periodo del año anterior.
Esta cifra impacta directamente al 43.9% del empleo estatal, pues Culiacán concentra casi la mitad de los puestos formales de Sinaloa. La región centro, donde se ubica la capital, fue la más golpeada, especialmente en los sectores de servicios y la industria de la transformación.
La combinación de ejecuciones dominicales y el desplome del empleo dibuja un escenario devastador. La violencia desatada por la disputa entre facciones criminales no solo cobra vidas, sino que también destruye oportunidades y empuja a la población a la desesperanza.
La militarización y la estrategia de seguridad de Omar García Harfuch, lejos de pacificar, ha evidenciado su fracaso: ni el Estado, ni la federación, ni las fuerzas armadas han logrado devolver la tranquilidad ni la estabilidad económica a Culiacán.
La impunidad y la crisis laboral se retroalimentan, restregando el colapso de las estrategias oficiales frente a la realidad cotidiana de la capital sinaloense.
Con informacion: NOROESTE/

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