En Sinaloa, el tiempo no cicatriza heridas: cada estadística de la “ola” confirma el desbordamiento de la violencia y el vacío de respuestas. Las cifras no hablan de seguridad, sino de familias mutiladas y comunidades sitiadas. A cada asesinato corresponde un desaparecido; a cada operativo militar, una fosa más grande de incertidumbre.
La realidad no da tregua: el Estado suma “abatidos” y detenidos que, al final, son apenas notas al pie en el parte de guerra; la ciudadanía cuenta ausencias, no victorias. En la Navidad que se avecina, no habrá milagros: solo el conteo de lo que perdimos y la cruda constatación de que, aquí, la violencia ya es rutina y el fracaso, protocolo.
Mientras la retórica oficial repite viejas promesas, Sinaloa entierra a sus muertos y busca a sus desaparecidos. El mensaje queda claro: el Estado perdió el monopolio de la fuerza… y también la batalla por la vida cotidiana. El saldo de la ola es el colofón de un país donde lo extraordinario—matar, desaparecer, impunidad—se ha vuelto norma.
Sinaloa: Crónica del Fracaso Federal y Militar
Pronóstico de la barbarie al 25 de diciembre de 2025
Con los promedios actuales y si nada cambia, para Navidad los saldos de la violencia serán los siguientes:
| Indicador | Saldo actual (al 20 julio 2025) | Proyección adicional hasta Navidad | Saldo estimado en Navidad 2025 |
|---|---|---|---|
| Homicidios dolosos | 1,752 | +882 | 2,634 |
| Personas desaparecidas | 1,752 | +882 | 2,634 |
| Vehículos robados | 6,249 | +3,144 | 9,393 |
| Personas detenidas | 1,487 | +748 | 2,235 |
| Personas abatidas | 105 | +53 | 158 |
- El saldo actual cubre del 9 de septiembre de 2024 al 20 de julio de 2025: 314 días de horror.
- La proyección llega hasta el 25 de diciembre de 2025: suman 158 días más de impunidad.
- Cada día, casi 6 personas son asesinadas y 6 más desaparecen, como si ambos crímenes fueran moneda de cambio y los desaparecidos pasaran directo a la estadística de muertos no registrados.
Analogías de la barbarie
- Día tras día, Sinaloa suma una fosa común de víctimas: la cantidad de personas asesinadas y desaparecidas podría llenar en pocos meses un pequeño pueblo, una doble tragedia que desborda cualquier explicación oficial.
- En 472 días, el mismo número de familias perderá a un hijo por asesinato y otra por desaparición, igualando censo y ausencia, como si desaparecer fuera sinónimo de morir mutilado de identidad y justicia.
- Para Navidad, la cifra de desaparecidos alcanzará la de ejecutados: dos lados de una misma moneda, caras de la derrota del Estado.
- Los autos robados podrían formar una caravana de 50km, una procesión de impunidad en asfalto que atraviesa el corazón del narco.
- Más de 2,200 detenidos: un número que palidece frente al fracaso de frenar la ola, y 158 abatidos cuya muerte difícilmente se traduce en seguridad real para la población.
El saldo: fracaso federal y militar
Las cifras son la síntesis del derrumbe institucional:
- Fracaso federal: El Estado mexicano, pese a despliegues, operativos y anuncios, solo ha logrado que la violencia siga su curso. La paridad brutal entre ejecuciones y desapariciones exhibe la ausencia de Estado de derecho.
- Fracaso militar: La militarización no frenó la violencia; solo la hizo rutina. Los “abatidos” y “detenidos” son polvo en el desierto frente a miles de víctimas, y la estadística es el verdadero parte de guerra: los criminales imponen las cuentas.
En Sinaloa, la realidad sepulta los discursos: aquí desaparecer equivale a morir, y morir es una certeza cotidiana. El parte de guerra no es una cifra, es el acta de defunción de la seguridad nacional.
Con informacion: NOROESTE/

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