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domingo, 13 de septiembre de 2026

“PALO, PALO y… PALO: TUMBA la SUPREMA CORTE DECRETO del CONGRESO de AMÉRICO que METICHEABA en AYUNTAMIENTOS con AROMA a VENGANZA”… una pifia más.


El Congreso de Tamaulipas, que pastorea como presidente de la Junta de Gobierno el ex-panistaHumberto Armando Prieto Herrera, dominado por morenistas a su vez dominados por el gobernador Américo Villarreal, convirtió una reforma de alto impacto político-electoral en una pieza de legislación desechable.

El Decreto 66-1146, publicado el 1 de julio de 2026, endurecía los requisitos para aspirar a presidencias municipales, regidurías y sindicaturas, al incorporar impedimentos para personas vinculadas a proceso con prisión preventiva y para quienes tuvieran determinadas condenas penales. 

Pero el Congreso decidió publicarlo cuando faltaban apenas 74 días para el inicio del proceso electoral local: 16 días después de que la Constitución ya prohibía tocar reglas electorales fundamentales. 

La pifia no fue que la Corte “permitiera candidatos con antecedentes” ni que absolviera políticamente a procesados: fue que el Congreso de Tamaulipas quiso jugar al legislador electoral cuando la Constitución ya le había bajado la cortina. El resultado fue previsible: la SCJN anuló todo el Decreto 66-1146 por violar la veda constitucional de 90 días previa al inicio del proceso electoral 2026-2027. 

Congreso de Tamaulipas: legislar tarde, perder completo

No fue un detalle de calendario ni una travesura burocrática. Fue una violación directa al penúltimo párrafo de la fracción II del artículo 105 constitucional, que exige que las modificaciones legales fundamentales en materia electoral se publiquen al menos 90 días antes del inicio del proceso electoral y, además, que no haya cambios sustanciales durante éste. 

La regla no toma como referencia la jornada de votación, sino el arranque formal del proceso electoral. Ésa es justamente la certeza que los diputados locales decidieron sacrificar en el altar de la prisa —o de la conveniencia— legislativa. 

La Suprema Corte no tuvo que entrar al fondo del asunto. Le bastó advertir el atropello temporal, calificado en el proyecto del ministro Irving Espinosa Betanzo como una “violación insubsanable”, para invalidar por unanimidad de nueve votos el decreto entero. Así, una reforma que pretendía restringir candidaturas terminó jurídicamente incapacitada para sobrevivir ni siquiera al primer filtro: el de haber sido expedida a tiempo. 

El dato políticamente incómodo es éste: la Corte no declaró que las restricciones a procesados o condenados fueran constitucionales o inconstitucionales. No resolvió si vulneraban el derecho a ser votado, la presunción de inocencia o el principio de reinserción social, alegatos promovidos por PT, PAN, PRI y Somos. El Congreso ni siquiera logró que el máximo tribunal examinara el contenido de su reforma, porque antes de discutir derechos tuvo que enfrentar algo más elemental: su propia incapacidad para respetar el reloj constitucional.

Y el fracaso fue completo. No sólo cayó la restricción sobre candidaturas; cayó el Decreto 66-1146 en su totalidad. La Corte también rechazó revivir automáticamente disposiciones anteriores del Código Municipal, al considerar que su constitucionalidad seguía pendiente en otro asunto y que restablecerlas podía afectar la certeza electoral. Es decir: los legisladores no sólo aprobaron tarde una reforma electoral; además dejaron el terreno normativo sujeto al marco federal, local y electoral ya vigente, sin el “blindaje” político que pretendían estrenar a última hora. 

La ministra Lenia Batres propuso modular los efectos para que la invalidez operara únicamente en la elección inmediata y la reforma subsistiera hacia futuros procesos. La propuesta no prosperó. La mayoría entendió lo obvio: una norma nacida en abierta infracción a la veda electoral no puede recibir una pensión de supervivencia judicial sólo porque al Congreso le salió caro equivocarse. 

La responsabilidad política

Los responsables directos son identificables, aunque la responsabilidad debe precisarse con nombres y votaciones del expediente legislativo:

  • Las y los diputados de la Legislatura 66 del Congreso de Tamaulipas que aprobaron el decreto, particularmente quienes votaron a favor conociendo —o teniendo el deber institucional de conocer— el límite constitucional de 90 días.
  • La Junta de Gobierno y las comisiones dictaminadoras que condujeron la reforma y permitieron que un cambio materialmente electoral avanzara sin una revisión seria de temporalidad constitucional.
  • La asesoría jurídica y técnica legislativa del Congreso, cuyo trabajo básico consiste precisamente en advertir que una reforma que modifica requisitos de elegibilidad para cargos de elección popular tiene naturaleza electoral, aunque se esconda dentro de un Código Municipal.
  • El Ejecutivo estatal y las autoridades responsables de su promulgación y publicación, si intervinieron sin advertir el vicio evidente de oportunidad. La publicación del 1 de julio fue el acto que dejó documentada la infracción: el proceso iniciaba el 13 de septiembre y el margen constitucional exigía que la modificación estuviera publicada, como máximo, 90 días antes. 

Aunque conviene no diluir culpas: la SCJN no anuló una ocurrencia administrativa ni corrigió una errata de imprenta. Invalidó un decreto aprobado por un poder público que pretendió modificar condiciones de acceso y permanencia en ayuntamientos cuando el periodo constitucional para hacerlo ya estaba cerrado. La factura política corresponde a quienes votaron, dictaminaron, impulsaron, promulgaron y publicaron esa reforma sin respetar el mínimo de certeza exigible en una democracia electoral.

El punto jurídico es esencial

La Corte determinó que las disposiciones tenían naturaleza electoral por su contenido material, no por el nombre de la ley donde fueron insertadas. Si una norma altera quién puede competir, quién puede mantenerse en un cargo de elección popular o bajo qué condiciones se pierde esa posibilidad, incide en derechos político-electorales y en las reglas de la contienda. No importa que el Congreso la haya empacado como reforma al Código Municipal: cambiar la etiqueta no vuelve no electoral a una regla de elegibilidad. 

Ése es el corazón de la pifia: creyeron que podían modificar la puerta de entrada a los ayuntamientos bajo el disfraz de regulación municipal. La Corte les recordó que, jurídicamente, una candidatura sigue siendo una candidatura aunque el decreto venga con membrete municipal.

Con información: /PERIODICO OFICIALLA JORNADA/

“ACUSADA por NARCOPOLÍTICOS: TIENE la FGR en la LUPA a la SENADORA OLGA SOSA; DOS PARIENTES, 3 MILLONES de DÓLARES y una CASA de BOLSA”… ¿de dónde salió el dinero, por dónde caminó y a dónde llegó ?


El trascendido sobre una investigación formal de la Fiscalía General de la República contra la madre y la tía de la senadora de Morena, Olga Sosa, detonó ayer en redes sociales como el preámbulo de otro escándalo sin aclarar de la también aspirante —sin visa— a la gubernatura de Tamaulipas.

El punto más sólido de la pesquisa es que existen reportes sobre dos operaciones multimillonarias realizadas por familiares de la senadora morenista Olga Patricia Sosa Ruiz en Vector Casa de Bolsa, en mayo de 2022. La legisladora niega haber sido titular, beneficiaria o participante, y atribuye al menos una de esas operaciones a la venta legal de acciones heredadas.

Lo que está documentado

Según reportes basados en documentos atribuidos a operaciones de Vector Casa de Bolsa:

Fecha reportadaPersona señalada en los documentosMovimientoMonto en pesos reportado
2 de mayo de 2022María Lorena Ruiz Garza, tía de la senadoraOperación equivalente a 1.5 millones de dólares30 millones 727 mil 500 pesos
12 de mayo de 2022Olga Patricia Ruiz Garza, madre de la senadoraOperación equivalente a 1.5 millones de dólares30 millones 555 mil pesos
TotalDos familiares3 millones de dólares en operaciones reportadas61 millones 282 mil 500 pesos

Las fechas son políticamente relevantes porque ocurrieron semanas antes de la elección del 5 de junio de 2022 en Tamaulipas, en la que Américo Villarreal Anaya ganó la gubernatura. 

El contexto Vector

El ángulo más delicado no es únicamente el tamaño de las operaciones, sino el intermediario. El 25 de junio de 2025, FinCEN —la unidad antilavado del Departamento del Tesoro de Estados Unidos— identificó a Vector Casa de Bolsa, junto con CIBanco e Intercam, como institución de “principal preocupación” en materia de lavado de dinero vinculado al tráfico ilícito de opioides. La orden estableció restricciones para determinadas transferencias de fondos relacionadas con Vector.

Aqui el nombre de la casa de bolsa dejó de ser una simple referencia bursátil y se volvió un foco de interés público: cuando el dinero pasa por una ventanilla señalada por FinCEN, la obligación de explicar origen, ruta, beneficiario final y destino se vuelve mucho más incómoda.

Reportes periodísticos han divulgado que la FGR mantiene investigaciones relacionadas con Vector y con redes de presunto lavado de dinero y contrabando de combustibles. Incluso, el diputado federal Mario López ha acusado públicamente a la senadora de formar parte de una red de huachicol.

La defensa de Sosa

Olga Sosa ha sostenido que:

  • No es titular de la cuenta referida ni dueña de los recursos.
  • No realizó personalmente la operación cuestionada.
  • El dinero de la transacción atribuida a su madre provino de la venta de acciones heredadas de su abuelo, con antigüedad desde 1997 y cotización en la Bolsa Mexicana de Valores.
  • La operación se hizo con cheque nominativo y mediante una intermediación bursátil formal.
  • No existió triangulación, uso electoral ni transferencia irregular.
  • La difusión de los comprobantes habría vulnerado el secreto bancario. 

La defensa explica una operación familiar, pero deja una pregunta periodística y legal pendiente respecto de la segunda:si el movimiento de la madre correspondía a una venta de acciones heredadas, ¿cuál es el soporte documental completo —origen de los recursos, portafolio, fecha de venta, contratos y declaración fiscal— de la operación atribuida a la tía María Lorena Ruiz Garza?

Preguntas que no deben soltarse

Para una investigación seria, la FGR debería presionar sobre hechos verificables, no sobre adjetivos:

  • ¿Qué documento exacto acredita si se trató de compra o venta de dólares, y quién entregó qué activo a Vector?
  • ¿Cuál fue la cuenta de origen y la cuenta de destino de cada operación?
  • ¿Quién fue el beneficiario final de los 3 millones de dólares o de los más de 61 millones de pesos?
  • ¿Existen contratos de intermediación, estados de cuenta, declaraciones fiscales y comprobantes de pago que respalden ambas transacciones?
  • ¿Las autoridades financieras emitieron reportes de operaciones relevantes, inusuales o internas preocupantes?
  • ¿Hubo alguna conexión material entre esos recursos y proveedores, estructuras territoriales, propaganda, movilización o gastos de la campaña tamaulipeca de 2022?
  • ¿La FGR investiga estas operaciones familiares de manera específica, o las menciones se refieren únicamente a investigaciones más amplias sobre Vector y presuntas redes de huachicol fiscal?

Tres millones de dólares, dos parientes, una casa de bolsa bajo la lupa y demasiadas casualidades para despacharlas con un comunicado.

En Tamaulipas, la temporada electoral de 2022 no sólo trajo brigadistas, lonas y promesas: también dejó el rastro de dos operaciones gemelas que, por su tamaño y calendario, merecen algo más que el clásico “todo fue legal” de manual. 

El 2 y el 12 de mayo de aquel año, María Lorena Ruiz Garza y Olga Patricia Ruiz Garza —tía y madre de la senadora morenista Olga Sosa Ruiz— habrían realizado, mediante Vector Casa de Bolsa, movimientos equivalentes a 1.5 millones de dólares cada una. En total: más de 61 millones de pesos circulando semanas antes de la elección que entregó Tamaulipas a Morena. 

La senadora dice que no fue titular, beneficiaria ni participante. También afirma que el movimiento de su madre provino de la venta de acciones heredadas de su abuelo, papeles bursátiles con historia desde 1997. Es una explicación posible, pero no alcanza para decretar el caso cerrado ni para convertir la duda pública en calumnia. 

Porque una herencia puede explicar el origen de un patrimonio;lo que falta esclarecer es el itinerario completo del dinero, las constancias fiscales, los contratos, los destinatarios y, sobre todo, la operación de la tía. Las herencias no son coartadas automáticas: son documentos, declaraciones y números que deben resistir el reflector.

El problema se agrava porque el vehículo financiero no era cualquier ventanilla. En 2025, FinCEN colocó a Vector Casa de Bolsa entre las instituciones mexicanas de “principal preocupación” por lavado de dinero ligado al tráfico ilícito de opioides y ordenó restricciones sobre determinadas transferencias. Eso no condena a cada cliente de Vector, pero sí vuelve insufrible la ligereza con la que algunos pretenden despachar 61 millones de pesos como si fueran cambio para el estacionamiento.

La aritmética política es incómoda: dos operaciones idénticas en dólares, dos familiares directas, la misma institución financiera y el mismo mes de una campaña decisiva. Quizá todo sea impecablemente lícito. Quizá los recursos jamás tocaron una estructura electoral. Quizá no exista triangulación. Pero entonces que aparezcan los papeles completos y se despeje el humo con evidencia, no con indignación de oficina.

Porque en una democracia decente, el estándar no debería ser: “no me han probado nada”. El estándar tendría que ser mucho más simple: explique de dónde salió el dinero, por dónde caminó y a dónde llegó.

Con información: Infobae/  fincenLa Opinión de Mexico/

“EE.UU. VA a DEJAR SIN AMIGO$ a BETO y AMERICO: CAPTURA de CONTRATISTA del ALCALDE ESCORPIÓN SUMA OTRO ARRESTO”… ya sólo falta el suyo.


Roberto Masso Villanueva aparece en una ficha publicada como registro de la cárcel del Condado,» Cameron County Jail«, en Brownsville, Texas. La información exhibida consigna fecha de ingreso el 20 de agosto de 2026, número de booking 202632950, número SON 296437, la Texas Department of Public Safety como agencia arrestante y tres cargos: posesión de sustancia controlada, lavado de dinero y conducir en estado de intoxicación.

Pero ya con contrato en mano y la imagen de Roberto Masso Villanueva bajo custodia, el asunto deja de ser sólo una versión incómoda para el alcalde de Morena en Matamoros, Alberto «Beto» Granados: existe evidencia documental de que el Municipio a su cargo le otorgó obra pública en 2025. Eso obliga a explicar qué relación contractual tenía, si había otros contratos y qué filtros aplicó el Ayuntamiento antes y después de los hechos reportados sobre su presunta detención.

No es un trascendido de cantina, ni una foto sin contexto, ni una intriga fabricada para la sobremesa política: hay un registro de arresto, una fecha, una autoridad arrestante y delitos anotados. Lo que falta conocer —y lo que las autoridades estadounidenses deberán determinar— es el desenlace judicial. Pero el ingreso bajo custodia y los cargos reportados ya están documentados.

A Beto Granados le empiezan a escasear los amigos… y ahora también los contratistas

A juzgar por la evidencia, al alcalde de Matamoros, José Alberto “Beto” Granados, le va quedando cada vez más chico el catálogo de explicaciones. 

Primero fueron las fotos; después, los nombres de los amigos cercanos, de los empleados del Ayuntamiento —precisamente por ser amigos— y las versiones que se acumulan como basura debajo de la alfombra. Ahora aparece un documento oficial que no admite demasiada poesía: el Ayuntamiento que encabeza contrató a Roberto Masso Villanueva para una obra de drenaje sanitario por 1,379,470.55 pesos, IVA incluido.

No es una captura de redes ni una foto borrosa de una sobremesa. Es una carátula de contrato del Gobierno Municipal de Matamoros: MAT-OP-FORTAMUN-005/2025, adjudicado mediante invitación a cuando menos tres personas, con fecha de licitación del 9 de mayo de 2025 y contrato firmado el 14 de mayo de ese mismo año. El contratista aparece como “Lic. Roberto Masso Villanueva”; la obra corresponde a la rehabilitación de drenaje sanitario en la calle Insurgentes, entre Rafael Alatorre y avenida Lauro Villar, en la colonia México Agrario.

El documento además registra un anticipo de 413,841.17 pesos, un plazo de ejecución de 60 días —del 15 de mayo al 13 de julio de 2025— y la firma municipal del entonces titular de Desarrollo Urbano y Ecología, Alfonso Treviño Robles. Ahí están el nombre, la cifra, la modalidad, el recurso y las firmas. Lo demás ya no es rumor: es expediente público.

El alcalde, señalado por diversas evidencias como un eslabón en las cadenas de valor del crimen organizado, habría intervenido en la liberación de Alfredo Cárdenas e incluso fungiría como un supervisor atípico de las medidas cautelares impuestas para su libertad. Por ello, no puede brincar de la pregunta incómoda al mutismo institucional como si se tratara de un pleito de Facebook.

Si Masso era proveedor municipal, el Ayuntamiento tiene la obligación de informar de inmediato si mantiene contratos vigentes, si recibió más adjudicaciones, si entregó la obra, si el gasto fue fiscalizado y quién autorizó su participación. Aunque, a estas alturas, la falta de respuestas parece seguir un patrón: el alcalde emula la conducta opaca y criminalmente cuestionada de su gobernador, Américo Villarreal.

Porque no se trata de condenar por fotografía ni de inventar delitos desde una redacción. Se trata de exigir explicaciones donde hay dinero público, una empresa o persona contratista identificada y un contexto judicial que amerita revisión porque se repite dolosa y sistematicamente. 

La pregunta ya no es si el alcalde “conocía” o no a Roberto Masso. La pregunta es más concreta, más molesta y más cara:¿cuántos contratos obtuvo?, ¿por qué mecanismo?, ¿qué obras entregó?, ¿cuánto cobró realmente?, ¿qué servidor público verificó el cumplimiento?, ¿existen penalizaciones, garantías o pagos pendientes?, y ¿qué hará el gobierno municipal si una autoridad confirma la detención o formula cargos en su contra?

A Granados le convendría contestar antes de que los datos lo hagan por él. Porque cuando los amigos caen, los empleados aparecen en expedientes y los contratistas terminan retratados con uniforme naranja en EE.UU, la versión de “yo no sabía” deja de parecer defensa y empieza a sonar como método de gobierno.

Una y otra vez hemos expuesto señalamientos graves sobre Alberto Granados y Americo Villarreal sobre personas de su entorno político y administrativo. En ese contexto, se acumulan reportes de arrestos relacionados con narcotráfico y de nombramientos, dentro de la estructura municipal, de personas señaladas por vínculos criminales.

«En Matamoros no sólo se está tapando drenaje: también se está destapando el método. Un contratista municipal con contrato, anticipo y firma oficial termina exhibido bajo custodia, mientras el alcalde pretende que las preguntas se ahoguen solas. Pero el drenaje político de Beto Granados ya rebosó: cada vez que cae un amigo, aparece un empleado; y cada vez que aparece un empleado, resulta que también había contrato.

Con información: ELEFANTE BLANCO/@Carlo Vela/

“BRUTAL MATADERO: CÁRTEL de SINALOA ARRECIA la OPERACIÓN MUERTE con CADÁVERES ABANDONADOS, ATAQUES ARMADOS y VEHÍCULOS RAFAGUEADOS”…agresores no se ven preocupados por la respuesta de la autoridad.


Un día antes de que ciudadanos salgan a las calles de Culiacán a exigir algo tan elemental como paz, Sinaloa volvió a dar una exhibición obscena de la impotencia oficial: asesinatos, cadáveres abandonados y envueltos en plástico, ataques armados, vehículos rafagueados e incendiados, una mujer ejecutada en carretera y agresiones que alcanzaron incluso a elementos de seguridad.

La pregunta es inevitable —y profundamente incómoda—: ¿hace falta otro “reforzamiento” militar para reforzar el reforzamiento que ya reforzó al reforzamiento anterior ? Porque efectivos, patrullajes, operativos, mesas de seguridad y comunicados no han faltado. Lo que sigue faltando, brutalmente, es que esa presencia se traduzca en algo parecido a control territorial y protección para la población.

En Culiacán, la madrugada del sábado dejó el cuerpo de José Luis, un hombre de aproximadamente 30 años, abandonado frente a una vivienda de la colonia Lázaro Cárdenas. La casa, además, fue vandalizada y rafagueada: al menos una decena de impactos de bala quedaron como testimonio de que los agresores no parecen demasiado preocupados por la respuesta de la autoridad en el tercer año de guerra inatajable.

En Tierra Blanca apareció otro cuerpo, también envuelto en plástico; en El Quemadito, sobre la carretera Culiacán-Eldorado, fue encontrado un hombre con las manos atadas a la espalda, presuntamente asesinado a tiros. Las autoridades ni siquiera han establecido si algunos de esos hechos están relacionados, aunque la violencia parece operar con una coordinación que el Estado todavía no consigue demostrar.

La violencia tampoco se quedó en los cuerpos abandonados. En la colonia 6 de Enero, tres vehículos fueron atacados, dos de ellos incendiados, lo que obligó a evacuar un edificio de departamentos. La rutina de Sinaloa ya incluye aquello que debería ser excepcional: correr, esconderse, desalojar viviendas y esperar a que pase la balacera.

En Escuinapa, una mujer fue localizada sin vida a un costado de la carretera federal México 15, en la zona conocida como El Tobogán, con impactos de arma de fuego. En Mazatlán aparecieron los cuerpos de un hombre y una mujer en Pradera Dorada III, ambos con signos de violencia y bolsas de plástico en la cabeza. También se reportó un ataque armado en la colonia Estero, con una persona asesinada y otra lesionada, además de la agresión contra una camioneta cuya conductora murió por las heridas.

La Secretaría de Seguridad Pública informó, como suele ocurrir después de cada episodio, que desplegó elementos para localizar a los responsables. Pero el anuncio suena cada vez más a fórmula administrativa: llegan después, aseguran después, investigan después. Mientras tanto, quienes imponen el miedo parecen tener agenda, logística, armas, rutas y capacidad de actuación.

Este domingo, la Marcha por la Paz en Culiacán no surge de la exageración ni del oportunismo. Surge de una realidad que ya rebasó los discursos oficiales: dos años de una pugna interna que, según los organizadores, ha dejado más de 4 mil muertos tras la captura de Ismael “El Mayo” Zambada. Y ante esa cifra, la ciudadanía tiene derecho a preguntar cuántos uniformes más, cuántos operativos más y cuántos comunicados más se necesitan antes de que el Estado deje de administrar la crisis y empiece, por fin, a frenarla.

Con información: ELNORTE/