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viernes, 14 de agosto de 2026

“¿CUÁNTO PESA un UNIFORME MILITAR?: PESA IGUAL que un INFORME de TRÁNSITOS MAL HECHO, que le REGALÓ en TAMAULIPAS la LIBERTAD al MARINO que MATÓ a MARGARITA”…debía seguir preso.


No fue un accidente administrativo: fue una muerte anunciada por la irresponsabilidad y luego administrada por la negligencia. Margarita Sánchez Nava estaba en una banqueta, esperando el camión para ir a consulta médica; quien debía responder por sus actos terminó beneficiado por el tipo de fallas que vuelven a la justicia una puerta giratoria.

La banqueta no era carril; el uniforme tampoco debería ser salvoconducto

“Maguito”, como conocían sus vecinos a Margarita Sánchez de 52 años de edad, no invadía una vialidad ni participaba en una carrera clandestina. Estaba en una banqueta, esperando el transporte para acudir a una consulta médica.La mató un vehículo conducido por un elemento activo de la Secretaría de Marina, según la información difundida sobre el caso. 

Lo que debía pasar era elemental: preservar la escena, documentar correctamente la persecución en flagrancia o acreditar la cuasiflagrancia integrando el Informe Policial Homologado sin torpezas y garantizar que quien atropelló y causó una muerte enfrentara el proceso con la seriedad que exige el daño causado. No era una misión imposible; era el abecé de las autoridades encargadas de hacer cumplir la ley.

Pero en Ciudad Madero, al parecer, el expediente fue tratado con la misma ligereza con que algunos funcionarios llenan formatos: como si una vida pudiera extraviarse entre casillas mal marcadas. La jueza vinculó a proceso a Leonardo “N” por homicidio culposo agravado y por delitos contra servidores públicos, pero determinó que no se acreditó la flagrancia debido a deficiencias en la documentación de la persecución. Resultado: el imputado continuará el proceso en libertad, bajo medidas cautelares. 

Así de grotesco: una mujer muere; hay un acusado vinculado a proceso; se reporta que fue detenido apenas entre 20 y 30 minutos después de los hechos; incluso la defensa de la víctima sostiene que existieron persecución, resistencia y amenazas contra agentes. Sin embargo, la cadena se rompe no porque falten hechos, sino porque sobró ineptitud al registrarlos.

El uniforme pesa,el informe mas

El punto que combatió la defensa de Margarita no fue la vinculación a proceso —esa sí se obtuvo—, sino la decisión de que Leonardo “N” enfrentara el juicio en libertad porque la jueza consideró que no quedó jurídicamente acreditada la flagrancia de su detención. La defensa sostiene que la captura ocurrió apenas entre 20 y 30 minutos después del atropellamiento y que existió una persecución, pero el Informe Policial Homologado de Tránsito de Ciudad Madero no plasmó con claridad ni continuidad esa secuencia.

La disputa no era semántica ni de tecnicismos para entretenimiento de litigantes. Era una disputa por la libertad de un imputado y por la obligación del Estado de hacer bien lo más básico: narrar, documentar y sostener lo que hizo.

La defensa de Margarita combatió precisamente eso: que la jueza negara la flagrancia porque en el informe de los agentes no quedó acreditada una persecución material e ininterrumpida después del atropellamiento. 

Según el abogado de la familia, Leonardo “N” fue detenido entre 20 y 30 minutos después de los hechos; sin embargo, el papel oficial no logró contar, con la precisión exigible, cómo se le siguió, en qué momento se le perdió —o no— de vista y bajo qué circunstancias exactas se concretó la detención. 

Y ahí está la obscenidad institucional: no se habla de que el imputado se evaporara durante semanas, cruzara fronteras o apareciera casualmente días después. Se habla de una detención cercana en el tiempo a una muerte violenta, que la defensa afirma derivó de una persecución. Pero si los agentes no escriben la secuencia, la secuencia puede dejar de existir para efectos legales.

Flagrancia y cuasiflagrancia

En lenguaje llano, la flagrancia existe cuando una persona es detenida mientras está cometiendo el delito: se le sorprende en el acto. El artículo 146 del Código Nacional de Procedimientos Penales también contempla la detención inmediatamente posterior cuando el hecho acaba de ocurrir y se cumplen condiciones legales específicas. 

La llamada cuasiflagrancia es, en términos tradicionales, el supuesto de quien acaba de cometer el hecho y es perseguido material e ininterrumpidamente hasta su captura. No exige que el agente lo tenga sujetado en el segundo exacto del impacto, pero sí que haya un hilo verificable entre el hecho, la huida, la persecución y la detención. No basta decir “lo agarramos poco después”; debe poder demostrarse por qué ese “poco después” forma parte de la misma secuencia. 

El Código Nacional formula ese segundo supuesto de forma concreta: existe flagrancia cuando, inmediatamente después del delito, la persona es sorprendida y perseguida material e ininterrumpidamente; también prevé escenarios de señalamiento por víctima o testigo, acompañados de objetos, instrumentos, productos o indicios que permitan presumir fundadamente su intervención. 

La diferencia práctica

SupuestoQué debe acreditarseEjemplo aplicado al caso
Flagrancia estrictaDetención durante la ejecución del delitoQue agentes o testigos intervengan al conductor en el instante del atropellamiento
CuasiflagranciaHecho recién cometido, persecución material y continua, seguida de capturaQue se demuestre, mediante informe, videos, radiooperación o testimonios, que se siguió al conductor desde el lugar de los hechos hasta detenerlo
Detención posteriorDatos suficientes para investigar, pero sin la inmediatez legal de la flagranciaQue se localice al sospechoso después, sin una cadena continua de persecución acreditada

La defensa anuncia que buscará corregir el vacío con videos del C5, grabaciones privadas y otros datos para reconstruir la ruta del conductor. Es decir: intentará demostrar que la persecución sí ocurrió aunque Tránsito no la haya escrito como debía. 

Porque el problema no es que la ley sea demasiado exigente. Lo intolerable es que una autoridad que detiene, persigue y reporta no sepa —o no quiera— dejar constancia completa de lo que hizo. La banqueta no era carril; y el Informe Policial Homologado no era un trámite decorativo. Era la pieza que podía impedir que un uniforme, una omisión burocrática y una libertad procesal terminaran pesando más que la muerte de Margarita.

Y aquí el uniforme pesa. Pesa en la percepción pública, pesa en el temor de las familias —que además denunciaron presiones para otorgar el perdón— y pesa porque no se trata de cualquier responsabilidad: se trata de un integrante de una institución a la que la sociedad entrega confianza, armas, atribuciones y una misión de seguridad. Esa investidura no reduce la exigencia; debería multiplicarla. 

La Secretaría de Marina cuya moral ha sido golpeada precisamente en esa geografía conurbada, dijo que actuaría con rigor, contundencia y transparencia si se acreditaban conductas delictivas. Bien. Entonces que ese rigor no se quede en boletín. Que se traduzca en cooperación plena, en acceso a evidencia, en sanciones internas si corresponde y en una postura clara: la disciplina no termina cuando un elemento se baja del servicio ni cuando sube a un automóvil. 

Porque la banqueta no era carril. Margarita no debía morir. Y un informe mal hecho no debería convertirse en el refugio procesal de quien, con uniforme o sin él, tiene que responder ante la justicia.

Con información: ELEFANTE BLANCO/MEDIOS/REDES/

SE “EQUIVOCAN” los DOS: COLOMBIA ACEPTA AYUDA que LLEGA en CAJAS, pero PAUSA la QUE IBA LLEGAR con CASCOS MILITARES… mero saldo de la polarización que agravia la ayuda.


La presidenta de Mexico Claudia Sheinbaum ha informado que una brigada de rescate de las Fuerzas Armadas de México no ha podido viajar a Colombia para unirse a las labores de ayuda tras el terremoto de magnitud 7,4 que azotó con fuerza el occidente del del país. 

El miércoles, la mandataria dijo que la ayuda humanitaria ya había despegado, junto con elementos del Ejército para apoyar en las labores requeridas; sin embargo, la mañana de ayer jueves, Sheinbaum precisó que el Gobierno colombiano ha solicitado “otra certificación” a los rescatistas para poder operar: “No es un conflicto, no hay un problema, solo estoy informando la solidaridad que ofreció México y que Colombia dijo: ‘Queremos despensas, medicamentos, pero [para el ingreso de] los rescatistas necesitamos una certificación”, dijo.

Y sí: El Colombiano acierta al recordar que existen protocolos técnicos —INSARAG— para admitir equipos internacionales, pero se queda corto si presenta el asunto como una mera formalidad administrativa. La pregunta incómoda es por qué Colombia exige a México una certificación adicional mientras abre la puerta a otros países: cuando los criterios no se explican con transparencia, la “técnica” empieza a oler a política.

Colombia tiene derecho a exigir certificaciones; no tiene derecho a esconder la política detrás del sello

En esto, Claudia Sheinbaum tiene razón. El Gobierno colombiano no permitió el ingreso de la brigada de rescate de la Sedena porque exigió una certificación adicional, pese a que México sostiene que su equipo ya cuenta con acreditaciones y experiencia internacional, por cierto probadas. 

No se trata de que México pueda aterrizar donde le plazca con uniformados, perros de rescate y maquinaria: Colombia es soberana, una emergencia no suspende sus protocolos y la coordinación técnica evita que la solidaridad se convierta en estorbo. 

Pero una cosa es aplicar protocolos y otra muy distinta convertirlos en una coartada selectiva. INSARAG existe precisamente para ordenar la llegada de equipos extranjeros, verificar capacidades y no saturar una zona de desastre con brigadas que nadie coordina. 

Hasta ahí, el Gobierno colombiano tiene razón. El problema comienza cuando la autoridad no explica con la misma precisión por qué ciertos equipos sí reciben luz verde y otros quedan estacionados en la pista, esperando que la diplomacia les expida un certificado de afinidad ideológica. 

Sheinbaum, por cierto, tampoco puede posar de víctima impoluta. Primero informó que los rescatistas mexicanos ya habían viajado; al día siguiente tuvo que corregirse: no habían salido. En una tragedia, comunicar mal no es un detalle menor. La Presidencia mexicana convirtió una oferta de ayuda en un anuncio prematuro y luego tuvo que recoger el cable. Eso no borra el agravio potencial de Colombia, pero sí obliga a ponerle un asterisco a la narrativa mexicana.

México, mientras tanto, sí ha enviado despensas, agua, medicamentos e insumos médicos en aviones Hércules; es decir, Colombia acepta la ayuda que cabe en cajas, pero mantiene en pausa la que llega con cascos, binomios caninos y capacidad de búsqueda. El contraste requiere una explicación pública, verificable y no una frase burocrática sobre “otra certificación”. 

La controversia es, además, saldo de una polarización con Sheinbaum que apoyaba al rival de Espriella y que alimentaba desde su trinchera tradicionalmente metiche.

Su gobierno ha hecho de la solidaridad internacional una bandera política y su interlocución regional suele transitar por afinidades y confrontaciones ideológicas. Sería ingenuo fingir que ese clima no pesa. Pero sería todavía más mezquino permitir que las diferencias entre gobiernos definan quién puede buscar sobrevivientes bajo los escombros.

En un desastre, la soberanía se respeta; los protocolos se cumplen; las certificaciones se verifican. Lo que no se vale es usar una emergencia para pasar factura política. Si la brigada mexicana no cumple el estándar, Colombia debe decir cuál es, exhibir el requisito y explicar qué tendría que acreditar para entrar. Si sí lo cumple, retenerla por desconfianza ideológica no sería prudencia institucional: sería burocracia con partido.

Con información: DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS/ERIKA ROSETE/CAMILA OSORIO/

«OTRO LADO de la MONEDA POLICIACA: CIUDADANOS de TAMAULIPAS están ATRAPADOS entre la CHAROLA que ATROPELLA y el NARCO que DICTA ÓRDENES»… en contra de algunos policías.


El otro lado de la moneda no es menos nauseabundo: mientras la Guardia Estatal de Tamaulipas acumula señalamientos por cateos ilegales, abusos y una lógica de fuerza que el propio diagnóstico oficial del Censo Nacional de Seguridad Publica Estatal y Federal 2026, no alcanza a maquillar, el crimen organizado presume músculo y pretende decidir hasta quién come, quién carga gasolina y quién puede ser atendido en un negocio en esta entidad, donde el ciudadano, como siempre, queda atrapado entre la charola que atropella y el criminal que dicta órdenes.

La frontera bajo chantaje

De acuerdo con trascendidos recientes, en Camargo, Miguel Alemán y Gustavo Díaz Ordaz —aunque Reynosa no ha sido la excepción— circulan denuncias de que restaurantes, tiendas de conveniencia, supermercados, gasolineras y otros comercios, como vulcanizadoras, han recibido amenazas o instrucciones para negar alimentos, combustible e incluso la reparación de llantas dañadas por ponchallantas, entre otros servicios, a elementos de la Policía Estatal y donde el gobierno mismo ha detonado conflictos por sus malos oficios.

Si esto se confirma, oficialmente, no se trata de una simple amenaza más en el catálogo del terror fronterizo. Es un desafío frontal a la autoridad y una muestra de que, donde el Estado abandona sus obligaciones, alguien más ocupa el mostrador, la calle y la decisión de quién puede comprar un litro de gasolina o traficarlos a sus anchas.

No hay eufemismo que alcance: una organización delictiva bajo el liderazgo de un consumado criminal organizado que despacha desde Jalisco bajo acecho de EE.UU, no puede convertirse en árbitro del comercio ni imponer castigos colectivos a punta de miedo en nombre de su tradiciónal alianza, lo mismo con el pasado gobierno de Cabeza de Vaca,que con Americo Villarreal.

Menos aún cuando los destinatarios indirectos de la represalia son trabajadores y pequeños comerciantes que no tienen escoltas, blindajes ni conferencias de prensa; apenas tienen un negocio que abrir al día siguiente y una familia a la que proteger.

Policías entre abuso y abandono

La contradicción es brutal. Hay elementos de la corporación estatal que deben ser investigados por presuntos cateos ilegales, excesos y prácticas incompatibles con su obligación de proteger a la población, pero muy semejantes a las empleadas por el crimen organizado . La credencial no borra los abusos, ni el uniforme concede licencia para entrar a casas, intimidar ciudadanos o convertir la seguridad en una cuota de obediencia.

Pero una cosa no absuelve la otra.

Que existan agentes bajo sospecha y también bajo proceso, no convierte a toda la corporación en objetivo legítimo del crimen organizado. Impedirles comprar comida o cargar combustible no es justicia ni resistencia civil: es una táctica de asfixia para debilitar la capacidad operativa del Estado y exhibir quién mandaba y sigue mandando en la Frontera Chica y la grande.

Y ahí está el resultado de años de inacción, omisiones y arreglos de escritorio: una policía con sectores cuestionados, comunidades aterrorizadas y delincuentes suficientemente empoderados como para pretender administrar la vida cotidiana. Unos policías podrían estar combatiendo a quienes amenazan; otros, según los señalamientos públicos, parecen más ocupados en administrar el problema.

Esa distinción debe investigarse, no barrerse debajo de la alfombra, como acostumbra el fracasado general Arturo Pancardo. Basta con escucharlo hablar para advertir el tamaño del problema: una policía que es más enfermedad que remedio.

Nombres,rostros,apelllidos y apodos del animalejo criminal

Y los testimonios ademas de reportes que circulan en la región exhibe a responsables con nombre, apellido y apodos: César Morfín Morfín, alias “El Primito”, y los mandos identificados por los apodos “Comandante Galleta”, “Comandante Barbas”, “Comandante Sánchez”, y “Comandante Pirata”.

Son señalamientos graves, aun no sentencias. Precisamente por eso no pueden quedarse como ruido de redes sociales, rumores de cantina o parte del paisaje de impunidad. Corresponde a las autoridades federales y estatales establecer el alcance de amenazas e identificar a los responsables, proteger a quienes denuncian y llevar las pruebas ante un juez.

La información que hemos publicado previamente en Valor Tamaulipeco ,hemos difundido las acusaciones sobre los vínculos de figuras políticas, entre ellas el Secretario General del gobierno, Hector Joel Villegas,alias Calabazo y su lugarteniente Tomas Gloria Requena con los operadores criminales en Tamaulipas.

¿Quién protege al ciudadano?

El problema no es que un comerciante se niegue a vender o atender por voluntad propia; el problema es que pueda hacerlo bajo amenaza. Castigar a quien atiende o deja de atender a un policía cuando su vida está en juego sería otra forma de abandono institucional.

Las autoridades deben garantizar, de inmediato:

  • Protección real para comerciantes, trabajadores y denunciantes, con canales seguros para reportar extorsiones o amenazas.
  • Presencia operativa verificable en los municipios afectados, no recorridos para la foto.
  • Investigación de las amenazas contra negocios y de cualquier posible participación de estructuras criminales.
  • Revisión independiente de los abusos atribuidos a elementos de la Guardia Estatal, con sanciones donde haya evidencia.
  • Claridad pública sobre las medidas adoptadas, sin convertir la seguridad en boletín de autoelogio.

Camargo, Miguel Alemán, Díaz Ordaz y Reynsoa mismo donde la percepción de inseguridad es creciente, casi del 90%, no pueden vivir bajo un régimen donde el crimen dicte qué se vende, a quién se vende y quién tiene derecho a transitar o trabajar. Hoy es la comida y el combustible para policías y también el abasto de familia, la apertura de un negocio o la libertad e integridad de cualquier vecino depende de lo que decida el Cartel del Golfo.

La Frontera Chica no necesita más discursos de control territorial. Necesita autoridad legítima: una que no cateé fuera de la ley, no pacte con la impunidad y no deje a la población pagando el costo de una guerra que el mismo gobierno con sus malos arreglos detona y que la mayoría de las veces se limita a administrar.

Tamaulipas ocupa un gobierno que combata al crimen, no un gobierno criminal.

Con información: REDES/MEDIOS/

“VIOLENTA LEYES del PODER y CAVA TUMBA POLÍTICA HIJO de AMLO: TRAS RETIRO de VISA y CARTA CONVERTIDA en TRAGEDIA CONTINENTAL»…asi trata a EE.U en publico y también a Sheinbaum en privado.


Andrés Manuel López Beltrán informó que el Gobierno de Estados Unidos le suspendió su visa para ingresar a ese país.

La carta del heredero inconforme

No es una carta, mucho menos diplomática: es una rabieta con membrete, escrita desde la convicción de que una visa estadounidense es un derecho hereditario y no una autorización soberana de EE.UU. López Beltrán dice no tener interés en visitar Estados Unidos, pero dedica tres páginas a exigir explicaciones al presidente de ese país: la versión política de “no me importa… pero contéstame”.

Andrés Manuel López Beltrán decidió convertir la revocación de una visa —facultad discrecional de Estados Unidos— en una tragedia continental, una persecución ideológica y, de paso, una oportunidad para dictarle a Donald Trump cómo debe administrar su gobierno.

El remitente abre con “respeto”, pero enseguida acusa a Marco Rubio y Christopher Landau de actuar “al estilo hitleriano”; los llama pandilleros, espías, corruptos y operadores de mafias económicas. Después, como quien no quiere la cosa, sugiere que Trump despida a sus propios funcionarios. Todo ello desde Teapa, Tabasco, con una mezcla de indignación familiar, soberanía de exportación y una confianza admirablemente desproporcionada en que la Casa Blanca debe detenerse a tramitar el agravio personal del hijo de un expresidente mexicano.

La contradicción central es deliciosa: “no me causa ningún problema no visitar Estados Unidos”, escribe, antes de enviar una extensa carta para preguntar por qué no puede visitarlo. Si de verdad no le importara, la respuesta elegante habría sido guardar silencio; pero el silencio no da titulares, no alimenta la épica del perseguido ni permite posar como víctima de una conspiración internacional.

El documento tampoco presenta una sola prueba de que la decisión haya sido motivada por una “fobia conservadora” contra Morena. En cambio, ofrece descalificaciones de alto calibre: compara con Hitler, acusa corrupción, atribuye intenciones políticas y exige purgas administrativas en Washington. Es decir: reclama que no existen pruebas contra él mientras fabrica acusaciones contra otros sin exhibir una sola evidencia verificable.

Más que una defensa jurídica o diplomática, la misiva parece una audición para el papel de mártir. El autor no impugna una resolución con argumentos legales, no solicita una revisión consular y no presenta hechos nuevos; opta por el método clásico del poder patrimonial: convertir una decisión institucional que incomoda a la familia en una afrenta contra la nación, la democracia y el movimiento.

La visa no es un reconocimiento moral, un salvoconducto político ni una medalla de pureza ideológica. Estados Unidos puede revocarla bajo su legislación y discreción, pero además no esta obligado a revelar públicamente las razones de cada revisión migratoria. El Departamento de Estado tiene autoridad amplia para revocar visas, incluso después de haberlas expedido. 

El problema de fondo

La carta incurre en una pretensión difícil de sostener: exige respeto a la soberanía mexicana mientras intenta intervenir en la estructura del gobierno estadounidense, demandando que Trump destituya a su secretario de Estado y a otros funcionarios.

También confunde tres planos distintos:

  • La revocación de una visa no equivale automáticamente a una acusación penal,aunque siempre apunta.
  • La ausencia de acusación pública no demuestra que la medida sea arbitraria o partidista y que no existan investigaciones formales.
  • Un derecho de admisión migratoria no existe para el extranjero: es una decisión del Estado receptor.

Por eso, la frase “no existe ninguna razón” debería leerse como lo que realmente significa: “no se me ha informado una razón que yo acepte”. No es lo mismo, y en política exterior esa diferencia importa.

Las leyes de Greene que Andy ignora

Robert Greene en Las 48 Leyes del Poder ,no ofrece normas jurídicas ni principios democráticos; su libro es un manual cínico de estrategia y percepción. 

Justamente por eso sirve para exhibir cuán torpe fue la operación comunicativa: incluso bajo esa lógica de poder, la carta comete errores elementales.

LeyQué planteaCómo la vulnera la carta
Ley 1: Nunca eclipse al amoNo hagas sentir inferior ni desafiado a quien tiene poder sobre tiLe escribe a Trump para insinuar que no controla a su gabinete y que debe despedir a sus funcionarios. Es una manera eficaz de cerrar puertas, no de abrirlas.
Ley 3: Oculte sus intencionesNo exponga toda su estrategia ni su vulnerabilidadLa carta revela ansiedad, agravio y necesidad de respuesta. Si la visa “no importa”, el texto demuestra exactamente lo contrario.
Ley 4: Diga siempre menos de lo necesarioLa sobriedad preserva margen de maniobraTres páginas de acusaciones convierten una eventual revisión administrativa en un espectáculo político. Habla tanto que deja ver demasiado.
Ley 5: Proteja su reputaciónLa reputación requiere consistencia y pruebasAcusar de hitlerianos, mafiosos y pandilleros a funcionarios estadounidenses sin pruebas públicas verificables erosiona la credibilidad del acusador.
Ley 9: Gane con acciones, nunca con argumentosLos resultados pesan más que la discusiónEn lugar de recurrir a canales legales, consulares o diplomáticos, eligió el alegato público. Mucho ruido, ninguna palanca institucional visible.
Ley 13: Al pedir ayuda, apele al interés propioNo pida favores por sentimentalismo o agravioTrump no recibe una razón de interés estadounidense para revisar el caso; recibe una reprimenda y una exigencia de destituciones.
Ley 19: Sepa con quién trataNo ofenda al interlocutor equivocadoLlamar apático a Trump y cuestionar su capacidad de mando es una forma peculiar de solicitar su intervención favorable.
Ley 24: Sea el cortesano perfectoManeje jerarquías, etiquetas y susceptibilidadesLa fórmula respetuosa del inicio se desploma cuando el destinatario es tratado como jefe negligente de una camarilla.
Ley 34: Compórtese como rey para ser tratado como talLa dignidad requiere dominio de sí mismoLa carta pretende proyectar altura moral, pero la sobreactuación y el resentimiento producen una imagen de privilegio herido.
Ley 36: Desprecie lo que no puede tenerIgnorar puede ser la mejor venganzaDice despreciar la visita a Estados Unidos, pero escribe una carta extensa precisamente porque no tolera la restricción.
Ley 47: Sepa cuándo detenerseNo exceda el objetivoSi el propósito era pedir claridad, bastaba una solicitud formal. Pedir la destitución de Rubio y Landau transforma una petición en una provocación.

La réplica IMposible

Una respuesta sobria, menos soberbia y altanera —y más difícil de desmontar— habría sido:

“He sido informado de la revocación de mi visa. Solicitaré, por las vías institucionales correspondientes, conocer si existe algún error administrativo o un procedimiento de revisión aplicable. Respetaré la jurisdicción estadounidense, pero defenderé mi reputación mediante hechos, documentos y los recursos legales disponibles.”

Eso habría proyectado templanza, preservado margen de negociación y evitado que la historia pasara de “¿por qué le retiraron la visa?” a “¿por qué el hijo del expresidente mexicano cree que puede pedirle a Trump que despida a su gabinete ?”.

La carta, en cambio, no combate una decisión: combate su propia frustración. Y al hacerlo confirma la máxima que parece querer negar: quien se siente por encima de las instituciones suele interpretar cualquier límite como persecución.

Con información: ELNORTE/ MEDIOS/